2012/06/24. LECTIO. NATIVIDAD de SAN JUAN BAUTISTA, “B”.

Lectura del Profeta Isaías 49, 1 6

Lectio: composición gráfica utilizando los motivos principales de la vidriera de la parroquia de la Natividad de Nuestra Señora en Moratalaz, Madrid Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi esclavo (Israel), de quien estoy orgulloso.»

Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios.

Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel, tanto me honró el Señor y mi Dios fue mi fuerza .

Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.

Salmo responsorial 138, 1 3. 13 14ab. 14c 15.

R/. Te doy gracias porque me has escogido portentosamente.

Señor, tú me sondeas y me conoces:
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R/.

Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno,
porque son admirables tus obras.
Te doy gracias porque me has escogido portentosamente. R/.

Conocías hasta el fondo de mi alma, no
desconocías mis huesos.
Cuando, en lo oculto, me iba formando
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R/.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 13, 22 26.

En aquellos días, Pablo dijo: Dios suscitó a David por rey; de quien hizo esta alabanza: «Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos.»

De su descendencia, según lo prometido, sacó Dios un Salvador para Israel: Jesús.

Juan, antes de que él llegara, predicó a todo el pueblo de Israel un bautismo de conversión; y cuando estaba para acabar su vida, decía:-Yo no soy quien pensáis, sino que viene detrás de mí uno, a quien no merezco desatarle las sandalias.

Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: a vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.

Evangelio según San Lucas 1, 57 66. 80.

A Isabel se le cumplió el tiempo y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre.

La madre intervino diciendo: ¡No! Se va a llamar Juan.

Le replicaron: Ninguno de tus parientes se llama así.

Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. El pidió una tablilla y escribió: Juan es su nombre. Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua y empezó a hablar bendiciendo a Dios.

Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo

-Qué va a ser este niño? Porque la mano de Dios estaba con él.

El niño iba creciendo y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

En el calendario litúrgico solo hay tres casos en los que se celebra tanto el nacimiento como la muerte: en primer lugar, Jesús; María, la Virgen; y Juan el Bautista, el precursor del Mesías.

La primera lectura presenta una narración de vocación, nos habla de la llamada que Dios hace a Isaías, su vocación de profeta. A través de ellas se nos apunta que en el plan de Dios todo el mundo tiene su lugar, su responsabilidad, su vocación. Un lugar y una responsabilidad que es necesario ir discerniendo, descubriendo, afinando y concretando, personalmente y con la ayuda de la comunidad cristiana. A lo largo de las páginas de la Biblia encontramos el ejemplo de las llamadas específicas que Dios ha dirigido a algunas personas que han tenido un papel significativo.

Ahora las del profeta Isaías, después, en el evangelio, en el anuncio profético del nacimiento de Juan realizado a su padre Zacarías, ya sea el relato de su nacimiento y circuncisión.
Tanto la vocación de Isaías como la de Juan arraigan mucho antes de su nacimiento, y se expresa de esta manera un elemento de predilección por parte de Dios. Esta llamada viene acompañada por la reticencia de la persona
a aceptarla, planteando una dificultad que se considera suficientemente importante. Pero, a pesar de esta oposición, la propuesta de Dios se ve reafirmada y ratificada. El proyecto de Dios, su voluntad, se imponen a la voluntad de la persona. Quien se descubre y se siente enviado por Dios va acompañado por su fuerza y su presencia, convirtiéndose en su instrumento. También la segunda lectura remarca la llamada, la vocación y la tarea realizada por Juan Bautista en consonancia con el plan de Dios, esta vez en boca del apóstol Pablo. Todo cristiano y toda cristiana formamos parte del plan salvador de Dios. Tenemos en él nuestro lugar y nuestra responsabilidad

EL CONTRASTE ENTRE JUAN Y JESÚS

El evangelista Lucas, va poniendo en paralelo la historia de Juan y la de Jesús, hasta el punto de mostrarlos como parientes cercanos. En este aparente paralelismo Lucas señala la distancia entre ambos. El anuncio del nacimiento de Juan se produce en un lugar sagrado, el templo. El de Jesús se produce en un lugar, entonces insignificante, llamado Nazaret. Su vocación será bien distinta, el primero será el precursor que preparará para el Señor “un pueblo bien dispuesto”, el segundo será llamado “Hijo del Altísimo”.

En esta distancia y contraste encontramos un punto que nos puede acercar
vitalmente a la persona de Juan. Nuestra tarea como cristianos es ofrecer la
posibilidad de que otros se puedan encontrar vitalmente con Jesús, preparar el
camino para que esto se pueda realizar. Y una vez realizada nuestra tarea, desaparecer, porque quien ha de tener el papel predominante es Jesús y solo Jesús.

El nacimiento de Juan Bautista. Juan es su nombre.

El evangelio de la infancia de Lucas (Lc 1–2) se compone de dos grandes dípticos: el díptico de las anunciaciones (1,5-56) y el díptico de las natividades (1,57–2,52).

El texto de hoy está formado por 1,57-66 (nacimiento, circuncisión y vida oculta de Juan Bautista) y 1,80 (compendio del período que cubre desde la circuncisión hasta la actividad pública de Juan). El nacimiento de Juan Bautista es motivo y ocasión de alegría para los vecinos y parientes porque “el Señor le había hecho una gran misericordia”. Se trata de una primera revelación de Dios. El nacimiento de Juan es anticipo y pregustación de una alegría mayor. Más que en la circuncisión, Lucas insiste en la imposición del nombre al niño. En lugar de ponerle el nombre de su padre, tal como establecía la tradición, le llamaron Juan (“Yahvé es misericordioso”). ¡Y de golpe Zacarías recobró el habla!

PROFETAS Y TESTIGOS DE LA BUENA NUEVA:

A Juan lo veneramos los cristianos como al último de los profetas del Antiguo Testamento y al primero del Nuevo. Juan, el Bautista, nos hace caer en la cuenta de la misión profética que los discípulos de Jesús tenemos en la vida: hemos sido ungidos y el Espíritu del Señor se ha posado sobre nosotros para que anunciemos el Evangelio de la salvación a todos y en cualquier circunstancia.

Si queremos que haya fe en el mundo, forzosamente tenemos que hablar, tenemos que comunicar nuestra fe en Jesús, el Hijo de Dios, a los hombres.

Mostrarles al Cordero de Dios que sigue quitando los pecados del mundo y purificando nuestra vida con la palabra y el Espíritu.

La fe de los otros nacerá y crecerá si escuchan nuestra palabra y damos testimonio de que hemos encontrado al Mesías. Todos tenemos esa gran oportunidad: los sacerdotes, los catequistas, los maestros, los padres para con sus hijos, y cualquiera de nosotros en las variadas circunstancias que la vida nos depara. Así hizo Juan, así hicieron los primeros apóstoles que encontraron a Jesús, eso mismo hizo la Samaritana e hicieron nuestros padres con nosotros. De esta manera se extendió el cristianismo en nuestra patria, por medio de la palabra cercana de los que se iban convirtiendo. Y así se extenderá y cobrará vigor también en nuestros días.

Señor Jesucristo, ayúdanos a ser profetas de tu reino, a llevar al mundo tu palabra.

  1. ¿Cómo experimento en mi vida que también el Señor me ha llamado como a Isaías o a Juan?
  2. ¿Tengo claro que mi misión es dar a conocer a Cristo en medio de la sociedad y del mundo?
  3. ¿Cómo estoy siendo voz y testigo del resucitado? ¿Dónde y a quienes debería anunciar la Buena Nueva?

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