Comunicación de Alberto para la Natividad de Ntra Sra. (febrero 2013)

¿Qué ha significado la llegada una vez más de nuestras queridas enviadas de la Natividad de Nuestra Señora?

En primer lugar mucha alegría porque ya ustedes forman parte de nuestra vida de comunidad y en el plano personal son parte de mi familia. Así lo siento yo y también mis ancianos que durante todo el año pero especialmente llegado el tiempo de Navidad añoran el reencuentro con “las españolas”. Siempre las fotos del encuentro la conservan como algo muy preciado por ellos y por nosotros.

Así, viendo las fotos cada año nos hemos dado cuenta que vamos entrando en años, unos con más fuerzas que otros. También nos entristece ver que hay algunos ancianos que se han marchado a la casa del Padre pero otros han ocupado sus puestos en un interminable relevo. Al menos es lo que esperamos que sea, que el equipo continúe unido como hasta ahora y trabajando por hacer un poco más agradable la vida de otro ser humano, por ser el otro, el más débil, el verdadero rostro de Dios.

Sabemos que la situación en España es tensa, que la crisis no ha tocado fondo y que ustedes se han visto saturados, que el desempleo crece y que las personas piensan más para gastar y comprar cualquier cosa, y también se piensa más de una vez el hacer caridad. Sabemos que eso no ha pasado en la Natividad, que en ella, la solidaridad con el pobre, el desamparado, con el inmigrante crece. Valoramos en su justa medida y aplaudimos su gesto generoso.

¡Que el Señor, nuestro Dios, los colme de bendiciones, queridos y amados hermanos de la Nati!

Por eso queremos darle un fuerte abrazo por la entrega y el sacrificio que hacen por mantener el Proyecto Cuba. Sepan que sin ustedes nosotros no podríamos hacer gran cosa.

El próximo año se cumplen 20 años del encuentro de nuestras dos comunidades. No sabíamos que estaba en los planes de Dios todo esto tan hermoso, a veces difícil, los gozos y las penas pasados estos dos decenios.

Esto constituye muestra de la maravilla que el Señor opera en nuestras vidas. Demos gracias a Dios por este hermoso y prolongado abrazo comunitario y que no nos separemos nunca, aun cuando no exista la ayuda material en caso extremo. Su apoyo nos fortalece, que su apostolado de justicia y amor siempre se haga presente de una u otra forma. ¡Que el Señor los bendiga y los haga felices!

Alberto.

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