2014/04/06. LECTIO nº 5 Cuaresma, “A”

Lectura del profeta Ezequiel. 37, 12-14

Lectio: composición gráfica utilizando los motivos principales de la vidriera de la parroquia de la Natividad de Nuestra Señora en Moratalaz, Madrid Esto dice el Señor: –Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor: os infundiré mi espíritu y viviréis; os colocaré en vuestra tierra, y sabréis que yo el Señor lo digo y lo hago. Oráculo del Señor.

Salmo 129:

Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa

Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz: estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora. Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos.

Carta del apóstol San Pablo a los Romanos. 8, 8-11

Hermanos: Los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros.

El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo.

Si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Lectura del santo Evangelio según San Juan. 11, 1-45

En aquel tiempo, [un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. (María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera: el enfermo era su hermano Lázaro).] Las hermanas le mandaron recado a Jesús, diciendo: –Señor, tu amigo está enfermo. Jesús, al oírlo, dijo: –Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: –Vamos otra vez a Judea. Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: –Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá. Jesús le dijo: –Tu hermano resucitará. Marta respondió: –Sé que resucitará en la resurrección del último día. Jesús le dice: –Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto? Ella le contestó: –Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo. Jesús, muy conmovido, preguntó: –¿Dónde lo habéis enterrado? Le contestaron: –Señor, ven a verlo. Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: –¡Como lo quería!

Pero algunos dijeron: –Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste? Jesús, sollozando de nuevo, llegó a la tumba. (Era una cavidad cubierta con una losa.) Dijo Jesús: –Quitad la losa.

Marta, la hermana del muerto, le dijo: –Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días. Jesús le dijo: –¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: –Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre, pero lo digo por la gente que me rodea para que crean que tú me has enviado. Y dicho esto, gritó con voz potente: –Lázaro, ven afuera.

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: –Desatadlo y dejadlo andar. Y muchos judíos que habían venido a casa de María al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Al finalizar esta Cuaresma tan “bautismal”, las lecturas de hoy nos ayudan a celebrar y actualizar la vida nueva que recibimos en esa fuente regeneradora. El profeta Ezequiel se hace portavoz de un Dios que saca a su pueblo de la tumba y le infunde su Espíritu para que viva. En el Evangelio de Juan es el mismo Jesús quien asume esa tarea al librar a su amigo Lázaro de las ataduras de la muerte, revelándose así como “resurrección y vida”. Y en esa misma línea, Pablo nos recuerda que, si vivimos según el Espíritu de Cristo, Dios nos hará participar en su mismo destino de resurrección. Esa es la esperanza que nosotros, los creyentes, tenemos puesta en el Señor. La misma que el salmista nos invita a cantar con toda nuestra alma.

La resurrección de Lázaro es el último de los 7 signos narrados en la primera parte del evangelio de Juan. Aquí, Jesús se nos revela como vencedor de la muerte y adelanta así su propia Pascua, la hora en que será glorificado por el Padre.

COMPRENDER EL TEXTO:

Con la resurrección de Lázaro culmina un proceso en el que Jesús se ha ido dando a conocer a través de sus “signos”. Siendo el último de 7 (que en la Biblia significa totalidad), muestra plenamente lo que ya estaba anunciado en los demás, y a la vez, anticipa el signo por excelencia, su propia resurrección. Sacando a su amigo del sepulcro, Jesús se acredita como Señor de la vida, una revelación ya preparada desde el prólogo (Jn 1,4), pero que sólo se entenderá del todo cuando el mismo sea glorificado. Ésta es, además, la narración más extensa del cuarto evangelio, a excepción de la pasión, con el que está claramente relacionado. Tras una introducción en la que dialoga con sus discípulos, Jesús se encuentra con Marta y con María. Finalmente se acerca al sepulcro de Lázaro y le devuelve la vida.

Juan es el único evangelista que presenta a Lázaro, Marta y María como hermanos y vecinos de Betania, una aldea próxima a Jerusalén. Los 3 pertenecen al grupo de los discípulos y son amigos de Jesús. La acción empieza cuando a Jesús le llega la noticia de que Lázaro está enfermo. En principio, resulta extraño que el Maestro no vaya a curarle inmediatamente y lo haga sólo cuando ya ha fallecido. Se trata de un recurso narrativo que sirve para aumentar la tensión del relato. A la vez que subraya la realidad de la muerte de Lázaro y realza la magnitud del hecho, nos ofrece las claves de comprensión que ayudan a interpretar su sentido. En este último signo queda aún más patente que la finalidad de todos ellos es “manifestar la gloria de Dios”, a través de la cual se da a conocer también la del su Hijo. A esta revelación del Padre, que muestra su rostro a través de la persona y las obras de Jesús, han de responder sus seguidores con una fe cada vez más plena (v 15). El uso del malentendido y las palabras con doble sentido (“dormir”, “morir”) nos recuerdan, que para captar el verdadero significado de estos signos no podemos quedarnos en una compresión superficial de lo que vemos y oímos.

En el encuentro de Jesús con Marta y María, especialmente en el primero (vv 17-27), estas le reciben lamentando su tardanza y se refleja una confianza más bien limitada en el poder de Jesús. De él se esperaba que curase a Lázaro, pero no que le devuelva la vida. Se trata de una fe que aún debe crecer. Y será a partir de ahí desde donde comenzará un camino de maduración creyente guiado por Jesús. En efecto, cuando Marta le oye hablar de resurrección piensa, a la manera judía, en algo que sucederá “al final de los tiempos”. El Maestro, invita a ir más allá, a superar los conceptos aprendidos para centrarse en su persona. Al revelar que él mismo es “la resurrección y la vida” afirma que la vida eterna prometida no es sólo una esperanza para el futuro, sino una realidad ya presente y actuante en todo aquel que cree en él. Y es ahí donde la fe inmadura de Marta (que personifica la de todos los discípulos) se encuentra ante un desafío: “¿Crees esto?”. Su respuesta es la más completa confesión de fe que ningún personaje del evangelio ha pronunciado hasta ahora, aunque no acabara de comprenderla del todo (v. 39)

En la escena de la resurrección de Lázaro (vv 38-44). Se nota que el “signo” se verifica aquí después de los diálogos que explican su sentido, y no al revés, como en otros casos, su función es confirmar de modo gráfico la revelación del v. 25, que es el centro de todo el relato. La respuesta que Jesús da a Marta cuando ésta se opone a que la piedra del sepulcro sea retirada y la oración que formula luego en voz alta vuelven a insistir en la finalidad de lo que va a hacer a continuación: mostrar la gloria de Dios y suscitar la fe en él como enviado del Padre. Por otra parte, nadie esperaba ni había pedido a Jesús que liberase a Lázaro de la muerte. El don de Dios sobrepasa las expectativas humanas. Lázaro (como el ciego y la samaritana) es una figura representativa a través de la cual se muestra lo que le ocurre a todo discípulo cuando cree en Jesús. No ha de esperar al “final de los tiempos” para ver la resurrección, sino que ya ahora comienza a experimentar la vida nueva que viene de él.

Los judíos que forman el “cortejo fúnebre” en torno a Marta y María contemplan la escena y actúan en calidad de testigos. Pero su reacción ante el signo no es unánime. Muchos creen en Jesús, siendo ésta la única respuesta que queda recogida en el texto litúrgico (v 45). Otros, en cambio, van a acusarlo ante los fariseos (v. 46), provocando una reunión del sanedrín en la que deciden matarlo (v 53). Explota así una tensión ya insinuada desde el principio del episodio (vv 7-8). La persona de Jesús no deja a nadie indiferente. Unos lo aceptan como enviado de Dios y le responden con fe; otros lo rechazan violentamente, a pesar de haber visto sus obras. Paradójicamente, el signo en el que Jesús se ha revelado como dador de vida provocará su propia muerte. Se da paso así a la 2ª parte del evangelio, llamado “Libro de la pasión y de la gloria” (Jn 13,20). Ahí se verá que lo que Jesús ha hecho con Lázaro (devolverle a la vida mortal) no hace sino adelantar simbólicamente su propia resurrección, su victoria sobre “el último enemigo”, su acceso definitivo a una vida que no se acaba.

ACTUALIZAMOS:

La vida nueva que recibimos en el bautismo nos identifica con Jesús y nos compromete a vivir ya como resucitados. Si nuestra fe es madura, no podemos esperar al final de los tiempos para mostrar que la Pascua de Cristo nos ha sacado de nuestras tumbas y nos ha liberado del poder de la muerte.

  1. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”:
    ¿En qué notas que la fe en Jesús es para ti fuente de vida?
    ¿De qué “tumbas” debería sacarte?
  2. Todo el que esté vivo y crea en mí, jamás morirá”:
    ¿Qué significa para ti vivir ya como resucitado?
    ¿Cómo concretarlo en el día a día?
  3. Lázaro, sal fuera”:
    ¿Cómo podríamos ser dadores de vida para otros?

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