2015/09/20. LECTIO nº 25 Domingo del Tiempo Ordinario, “B”.

Lectura del libro de la Sabiduría. 2,17-20.

Lectio: composición gráfica utilizando los motivos principales de la vidriera de la parroquia de la Natividad de Nuestra Señora en Moratalaz, Madrid (Dijeron los malos): Acechemos al justo, que nos resulta incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada; declara que conoce a Dios y se da el nombre de hijo del Señor; es un reproche para nuestras ideas y sólo verlo da grima; lleva una vida distinta de los demás y su conducta es diferente; nos considera de mala ley y se aparta de nuestras sendas como si fueran impuras; declara dichoso el fin de los justos y se gloría de tener por padre a Dios. Veamos si sus palabras son verdaderas, comprobando el desenlace de su vida… Si es el justo hijo de Dios, lo auxiliará y lo librará del poder de sus enemigos; lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura, para comprobar su moderación y apreciar su paciencia; lo condenaremos a muerte ignominiosa, pues dice que hay quien se ocupa de él.

Salmo 53,3-4.5.6.8.:

R./ El Señor sostiene mi vida.

¡Oh Dios!, sálvame por tu nombre,
sal por mí con tu poder.
¡Oh Dios!, escucha mi súplica,
atiende a mis palabras. R./

Porque unos insolentes se alzan contra mí,
y hombres violentos me persiguen a muerte
sin tener presente a Dios. R./

Pero Dios es mi auxilio,
el Señor sostiene mi vida.
Te ofreceré un sacrificio voluntario
dando gracias a tu nombre, que es bueno. R./

Lectura de la carta del apóstol Santiago. 3,16-4,3.

Hermanos: Donde hay envidias y peleas, hay desorden y toda clase de males. La sabiduría que viene de arriba, ante todo es pura y, además, es amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia.

¿De dónde salen las luchas y los conflictos entre vosotros? ¿No es acaso de los deseos de placer que combaten en vuestro cuerpo? Codiciáis lo que no podéis tener; y acabáis asesinando. Ambicionáis algo y no podéis alcanzarlo; así que lucháis y peleáis. No lo alcanzáis porque no lo pedís. Pedís y no recibís, porque pedís mal, para derrocharlo en placeres.

Lectura del santo Evangelio según San Marcos. 9,29-36.

En aquel tiempo instruía Jesús a sus discípulos. Les decía: –El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hambres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará.

Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaúm, y, una vez en casa, les preguntó: –¿De qué discutíais por el camino?

Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: –Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. Y acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: –El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.

El domingo pasado el evangelio de Marcos comenzó a anunciar la pasión y a instruir a los discípulos, a la par se iniciaba un desvelamiento del auténtico rostro de Jesús como Mesías. Hoy nos encontramos con el segundo anuncio de la pasión y una nueva instrucción.

Jesús comienza a hablar con mayor claridad. Ahora ya no es Pedro solo, sino todos los discípulos quienes no comprenden. Pedro ansiaba un Mesías político, los doce ocupar un puesto importante en este Reino que Jesús quería instaurar.

De nuevo, ante un malentendido de los discípulos, una instrucción de Jesús sobre quién es el mayor en este Reino inaugurado por él. Es una instrucción con un gesto en el centro. Se trata de una revelación de la dignidad eminente del pequeño y de la grandeza del servidor. Jesús que se manifiesta Mesías por los caminos del sufrimiento, la muerte y la resurrección, trae consigo una inversión de los valores.

Los discípulos “no entendían lo que quería decir” Jesús. Es curioso, que la incomprensión, lejos de ir desapareciendo, aumenta conforme se va desvelando el verdadero rostro del Mesías-Jesús. Culminará con el abandono en los días de la pasión. Cuanto más escuchan menos entienden, cuando más avanzan con Jesús menos le siguen.

Los últimos domingos hemos contemplado a los discípulos sumergidos en una crisis de fe. Jesús, dice el evangelio del domingo pasado, “les hablaba con toda claridad” (Mc 8,32). Pero a pesar de eso, no terminaban de comprender (Mc 9,32). A nosotros nos puede suceder lo mismo: el Señor nos indica un camino y nosotros nos dedicamos a discutir de otros asuntos contrarios a lo que Jesús nos dice.

ACTUALIZAR EL TEXTO:

Todos nosotros nos podemos ver reflejados en la experiencia de los discípulos. Nuestras vidas de cristianos, nuestro seguimiento, está lleno de claroscuros, luces y sombras, incomprensiones… Nos cuesta entender que la presencia y bendición de Dios pasa por la entrega y el sufrimiento.

  1. En mi vida de fe,
    ¿por qué caminos busco el rostro de Jesús?
    ¿Qué rostro de Dios y de Jesús se revelan en este evangelio?
  2. “Que sea el último de todos y el servidor de todos” Estas palabras,
    ¿a qué me comprometen concretamente en las actuales circunstancias de mi vida?
  3. “El que acoge a un niño como éste en mi nombre, a mí me acoge… y al que me ha enviado”.
    ¿Realmente espero encontrar el rostro de Dios y construir su Reino a través del camino por el que transcurre actualmente mi vida?
ORAR CON EL TEXTO:

La humildad y el servicio no son dos valores que gocen de gran aprecio en nuestra sociedad. Solo se pueden comprender desde una vida en la que la oración y la contemplación sean frecuentes.

Que ningún aire de orgullo se manifieste entre vosotros, sino que la simplicidad, la armonía y la actitud sencilla forjen la comunidad. Y que cada uno se persuada no solo de que no es superior al hermano que vive con él, sino que no es superior a ningún hombre.

Cuando hayas entendido todo esto serás en verdad discípulo de Cristo.

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