2015/12/27. LECTIO SAGRADA FAMILIA, “C”

Lectura del libro del Eclesiástico. 3, 3-7. 14-17ª.

Lectio: composición gráfica utilizando los motivos principales de la vidriera de la parroquia de la Natividad de Nuestra Señora en Moratalaz, Madrid Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos, y cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida; al que honra a su madre el Señor lo escucha.

Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque flaquee su mente, ten indulgencia, no lo abochornes mientras seas fuerte.

La piedad para con tu padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados; el día del peligro se te recordará y se desharán tus pecados como la escarcha bajo el calor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan. 3,1-2.21-24

Queridos hermanos:

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a él.

Queridos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas. 2,41-52.

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.

Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre, y cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: –Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Él les contestó: –¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre? Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.

El bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

La familia no es una casa terminada, Hay que construirla cada día. No es un tesoro que se guarda, es una semilla que se cuida.

La paternidad no es solo biología, sino vocación. No tener hijos naturales para tener muchos espirituales, es amor inmolado y fecundo.
La familia es lo más hermoso que hay en la vida, lo más firme y constructivo, ahí se asienta la sociedad entera, ahí alienta el Espíritu creador.
Esa familia puede ser UN SACRAMENTO, puede y debe ser una Iglesia doméstica en unión a la Iglesia Comunidad.
Tener un hijo es un acto de fe en la pareja, en la humanidad, en la vida, en Dios. Por eso NAVIDAD es la fiesta del HIJO QUE NACE.
Familia = Imagen de Dios, que se entrega, gasta, da hasta el final, da la vida.
Sentido de los hijos = para Dios, en la familia cristiana.

El libro del Eclesiástico y el salmo nos presentan el modelo de relaciones y os valores que prevalecían en la familia tradicional israelita. El evangelio nos recuerda que Jesús también se educó, creció y maduró en el seno de una familia humana, pero que no se encerró en sus condicionamientos, ni se limitó a sus lazos afectivos. Más allá de ellos, su misión sólo estuvo determinada por el deseo de cumplir la voluntad del Padre. Así inauguró una familia universal, no basada en los vínculos de la carne y la sangre, sino en los de la fe. La carta a los Colosenses propone cómo han de ser las relaciones en la nueva familia de Jesús, que es la Iglesia-Comunidad.

COMPRENDER EL TEXTO:

En la fiesta de la Sagrada Familia, la liturgia nos presenta un nuevo relato de la infancia de Jesús. El niño es ya adolescente y acompaña a sus padres a Jerusalén para celebrar con ellos la fiesta de Pascua. Lucas aprovecha la ocasión para adelantarnos algunos de los rasgos que luego distinguirán su vida adulta y su ministerio público.

Estos versículos tratan de tender un puente entre la niñez y la vida adulta de Jesús. La ley de Moisés prescribía que todo varón judío debía peregrinar al templo de Jerusalén tres veces al año: Pascua, fiesta de las Tiendas y Pentecostés, este precepto empezaba a regir a partir de los 13 años, paso a la edad adulta.

Este hecho de que la familia de Jesús peregrine unida, cuando éste tiene doce años, da a entender que se trata de una familia piadosa que actúa “según la costumbre” de su pueblo. Y es en este contesto de religiosidad tradicional donde Lucas nos presenta a Jesús niño actuando de un modo sorprendentemente libre y desconcertante.

El comportamiento de Jesús es impropio de un chico de su edad que debe estar sometido a la tutela de sus padres. Pero estos evangelios de la infancia no pretenden ser una biografía en sentido estricto, sino transmitir un contenido teológico y caterético. Por eso, más que ver aquí un episodio de rebeldía adolescente, se nos invita a profundizar en el misterio de la persona de Jesús que aparece insinuado en varios detalles del texto, como en la sorprendente inteligencia del niño, pero sobre todo, en el diálogo que mantiene con su madre.

Estas palabras son las primeras que Jesús pronuncia en todo el evangelio de Lucas. Esta ocasión, cuando Jesús está a punto de entrar en la edad adulta es propicia para dejar bien claro la orientación fundamental de toda su vida. Este desmarcarse de los suyos revela que su actuación futura no va a depender de las pautas marcadas por su entorno familiar, como era lo normal en la sociedad israelita; que su padre verdadero no era José, como dice María (Lc 2,48), sino Dios, y que su misión consistirá en “ocuparse de sus asuntos”, en hacer en todo la voluntad del Padre.

Sorprende que la respuesta de Jesús no sea comprendida por José y especialmente por María, a quien fue revelado en la Anunciación que su hijo también era el “Hijo de Dios” (Lc 2,35). Lo que Lucas quiere decirnos es que el misterio de la filiación de Jesús es humanamente insondable y requiere ser asumido desde la fe, lo que supone a veces un proceso largo y doloroso. A pesar de ello, el pasaje concluye con una clara afirmación de la humanidad de Jesús. Aunque sea el Hijo de Dios, no por eso quiere ahorrarse el itinerario de crecimiento y maduración que corresponde a cualquier persona. También eso forma parte de su misterio, tantas veces incomprendido.

ACTUALIZAMOS:

La familia de Nazaret fue un espacio de crecimiento y maduración. En primer lugar para el mismo Jesús, que “iba creciendo en sabiduría, en estatura y en aprecio ante Dios y ante los hombres”. En segundo lugar, para María y José, que, sin comprenderlo todo, estaban en una situación de búsqueda e iban avanzando en su camino de fe, meditando interiormente el sentido de unos acontecimientos no siempre fáciles de interpretar. Todo esto plantea un reto a nuestras propias familias.

  1. Fe:¿No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”- ¿qué nos enseña este pasaje sobre el misterio que encierra la persona de Jesús?
    José y María “no comprendieron lo que les decía” ¿De qué modo puede ayudarnos la actitud de José y María a crecer en la fe personal y familiar?
  2. Caridad: Salvando distancias, la sagrada familia es modelo para nuestras familias:
    ¿En qué sentido nos puede ayudar para mejorar relaciones y conflictos familiares? “Jesús iba creciendo…”: ¿Qué condiciones deberían darse en nuestras familias para que sus miembros crezcamos en ellas como personas y creyentes?
  3. Esperanza: Hoy la familia está en crisis. También familia de Jesús vivió momentos difíciles: A pesar de ello:
    ¿qué signos de esperanza descubro en la realidad familiar de hoy día?

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