2016/06/05. LECTIO nº 10 Domingo del Tiempo Ordinario, “C”

Lectura del libro primero de los Reyes. 17,11-14.

Lectio: composición gráfica utilizando los motivos principales de la vidriera de la parroquia de la Natividad de Nuestra Señora en Moratalaz, Madrid En aquellos días cayó enfermo el hijo de la señora de la casa. La enfermedad era tan grave que se quedó sin respiración. Entonces la mujer dijo a Elías: –¿Qué tienes tú que ver conmigo?, ¿has venido a mi casa para avivar el recuerdo de mis culpas y hacer morir a mi hijo?

Elías respondió: –Dame a tu hijo.

Y, tomándolo de su regazo, lo subió a la habitación donde él dormía y lo acostó en su cama. Luego invocó al Señor: –Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me hospeda la vas a castigar haciendo morir a su hijo?

Después se echó tres veces sobre el niño, invocando al Señor: –Señor, Dios mío, que vuelva al niño la respiración.

El Señor escuchó la súplica de Elías: al niño le volvió la respiración y revivió. Elías tomó al niño, lo llevó al piso bajo y se lo entregó a su madre diciendo: –Mira, tu hijo está vivo.

Entonces la mujer dijo a Elías: –Ahora reconozco que eres un hombre de Dios y que la palabra del Señor en tu boca es verdad.

Salmo responsorial. Sal 29,2.4.5-6.11.12a y 13b.

R./ Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa.
R./
Tañed para el Señor, fieles suyos;
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida.
R./
Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre.
R./

Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Gálatas. 1,11-19.

Hermanos: Os notifico que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano; yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo. Habéis oído hablar de mi conducta pasada en el judaísmo: con qué saña perseguía a la Iglesia de Dios y la asolaba, y me señalaba en el judaísmo más que muchos de mi edad y de mi raza, como partidario fanático de las tradiciones de mis antepasados.

Pero cuando Aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó a su gracia, se dignó revelar a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara a los gentiles, en seguida, sin consultar con hombres, sin subir a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, y después volví a Damasco. Más tarde, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Pedro, y me quedé quince días con él. Pero no vi a ningún otro apóstol; vi solamente a Santiago, el pariente del Señor.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas. 7,11-17.

En aquel tiempo iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío. Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: –No llores.

Se acercó al ataúd (los que lo llevaban se pararon) y dijo: –¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!

El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre. Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios diciendo: –Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.

La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.

Las lecturas de este domingo insisten en la fuerza de la Palabra de Dios, realmente es palabra de vida eterna, que no encuentra ni límites ni fronteras. Elías y Jesús manifiestan que la Palabra de Dios es capaz de devolver el aliento y la esperanza donde sólo hay muerte y luto, tanto a los judíos de Naín como a los paganos de Sarepta. El Dios de la vida, cuando habla, genera vida en cualquier situación y para cualquier persona. El dios de la palabra también es el Dios de la escucha, que atiende los gritos de auxilio de quien, como el salmista, acude a él. Por todo esto, Pablo, cautivado por la llamada de Dios, no deja de anunciar a los paganos la buena noticia de la Palabra de Dios hecha carne.

COMPRENDER EL TEXTO:

La resurrección del hijo de la viuda de Naín viene a continuación del milagro de la sanción del siervo del centurión. Aún nos encontramos en el momento del ministerio de Jesús en Galilea. Se trata de unos hechos prodigiosos que confirman las enseñanzas del capítulo anterior.

El pasaje de este domingo se parece mucho al de Elías y la viuda de Sarpeta. Además, Jesús ha presentado el programa de su ministerio en Nazaret comparándose con Elías.

En el evangelio de hoy podemos distinguir tres partes diferenciadas. La primera (Lc 7,11-12) introduce la escena al presentar todos los personajes y las circunstancias en que se desarrolla la acción. Dentro del ministerio de Jesús en Galilea, ahora pasa de Cafarnaún, pueblo pescador de las orillas del lago de Galilea, a Naín, lugar del sur de Galilea, cercano a Nazaret, donde lleva a cabo un gran milagro.

Encontramos dos grupos de personas muy distintas: por un lado, Jesús acompañado por sus discípulos y mucha gente que entra en Naín; por otro, una muchedumbre que sale del pueblo siguiendo a una viuda que lleva a enterrar a su único hijo. La situación no puede ser más dramática: una viuda sin su único hijo se convierte en una persona sin porvenir, sin seguridad para la vejez. Pero llama la atención que no se diga nada de los sentimientos de estos grupos tan diversos: no se habla de la alegría de quienes van tras Jesús ni del dolor y el llanto de esa madre viuda y sola, ni de la tristeza de los que siguen al joven muerto. Ante esto contrasta la presentación que el evangelista Lucas hace de Jesús.

En la segunda parte del pasaje (Lc 7,13-15) se halla el centro del relato. Jesús toma la iniciativa: es el único que siente y actúa. Lucas describe sus sentimientos y sus acciones: miró, se le conmovieron las entrañas y habló a la viuda; luego se acercó al ataúd, lo tocó, habló al muerto… y “se lo entregó a su madre”. Ante el sufrimiento humano, Jesús actúa movido por la misericordia y la bondad. En el caso del centurión, Jesús estaba dispuesto a saltarse la ley al querer ir a casa de un pagano y quedar así contaminado. En este momento transgrede la ley y se hace impuro: toca el ataúd que contiene un cuerpo muerto para mostrar su compasión para sanar con su palabra y así comprometerse a favor de la vida. Jesús, coherente con su “sermón de llanura”, mira al mundo y su sufrimiento con los ojos de Dios.

El gesto y la palabra de Jesús, en la tercera parte (Lc 7,16-17), producen una reacción en cadena: el muerto vuelve a la vida y comienza a hablar, la gente que lo acompaña recobra también la salud y el gozo, reconoce a Jesús como un profeta y alaba a Dios, mientras la noticia del acontecimiento se va divulgando por el entrono de Naín y por toda Judea. Jesús no recibe el reconocimiento de curandero, sino el de gran profeta. Por medio de él “Dios ha visitado a su pueblo” para salvarlo. Éstas son las mismas palabras que Zacarías dice dos veces en el Benedictus (Lc 1,68.78)- nosotros también debemos aprender de las palabras y las acciones de Jesús con los que sufren, signo de la visita salvadora de Dios, compasivo y misericordioso.

ACTUALIZAMOS:

La palabra de Jesús lleva a cabo una serie de transformaciones: el joven vuelve a la vida; la madre recupera al hijo y, con él, la esperanza y la alegría; la gente se une en la alabanza… También esta palabra puede cambiar nuestra vida si la escuchamos y la meditamos en el corazón.

  1. Dios ha visitado a su pueblo”:
    ¿Cómo alienta mi fe el Dios de la compasión?
  2. El Señor, al verla, se compadeció”:
    ¿Cómo es mi fe?
    ¿Tiene apoyo en la vida o es puramente teórica?
  3. A Jesús se le conmovieron las entrañas:
    ¿Qué aspectos del pasaje de hoy me conmueven y me llevan a comprometerme?
    ¿Cómo?
  4. Jesús toma la iniciativa y no espera a que le supliquen, llena así de futuro y de esperanza la vida de la viuda:
    ¿Qué situaciones y personas de mi entorno me conmueven y me exigen tomar iniciativas?
    ¿Cómo podemos convertir la compasión en ayuda eficaz?

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