Año 2014

El pasado febrero de 2014 nos comunicaron el fallecimiento de una de las personas atendidas. Éste es mi pequeño relato de despedida.

UN ADIÓS DE TRISTEZA Y ESPERANZA.

Recuerdo el primer día que te conocí… Era mi primera visita a Cuba. Llegamos a un edificio en buen estado, teniendo en cuenta lo que ya habíamos visto. Todo depende de con qué se compare.

Gritaron en el portal el nombre de tu mamá; el portal estaba cerrado, por supuesto no hay ningún interfono ni nada semejante y tienen que tirar la llave desde el balcón. Después de abrir subimos unos tramitos de escaleras y nos abrió tu mamá, una señora con gran sonrisa y extremada delgadez. Nos condujo a través de un pasillo a tu habitación, donde lo primero que me llamó la atención fue un inconfundible olor a orina. La habitación muy limpia, la nevera a la vista, y las ventanas amenazando caerse tanto de nuestro lado como del lado de la calle.

Y allí, postrada en cama te ví. Allí estabas desde hacía 23 años… por culpa de la esclerosis múltiple, que poco a poco y sin tregua fue paralizando todos tus músculos. Tu expresión era de felicidad, y tus ojillos tenían un brillo muy alegre: “¡las españolas!“, esas que representan a una Comunidad que ayuda en la compra de leche mensual y otras necesidades.

Inmediatamente descubrimos la procedencia del olor. Tenías una sonda para la orina… pero de bolsa para recogerla, ni soñarlo. La sonda desembocaba directamente a un cubo que tu mamá vaciaba regularmente.

No sólo eso, te bañaba, te vestía, te daba de comer; así un día tras otro… muchos años y sin más ayuda que el grupo de Cáritas. Ella sola contigo.

Y no es porque no existiera más familia, tú tuviste una hija cuyo padre se volatilizó. Y tu niña decidió, voluntariamente o por necesidad, dedicarse al oficio más antiguo del mundo y a otros menesteres no muy aconsejables. Una vida de la que es difícil salir bien parado. También tenías un nieto, pero al final ambos acabaron emigrando. Y mientras estuvieron en La Habana, era tu mamá quien siempre te cuidaba. Y tú, en tu cama, en tu casa, año tras año en los años que pudimos visitaros.

Siempre nos recibías con los ojos brillantes de alegría y sonriendo con esa peculiar sonrisa de quien no puede mover apenas ni los músculos de la cara.

Y tu mamá también con gran sonrisa y tremendo agradecimiento. En estos años no sólo os vimos varias veces, también tuvimos la ocasión de ver los logros que Cáritas obtiene con nuestra ayuda.

Esas ventanas amenazando desplomarse pudieron cambiarse por otras más seguras en caso de ciclones. ¡Menudo cambio el de la habitación!

También os pudimos llevar algunas bolsas para la sonda.

Esos pequeños logros son para los de aquí y los de allá los pequeños milagros que nos dan la esperanza para continuar colaborando juntos. Para nosotros fue un triunfo, para el grupo de Cáritas mucho más, y no me puedo imaginar qué supuso para vosotras.

Tu mamá vivía preocupada, sentía miedo de pensar qué pasaría contigo el día que ella faltara y no pudiera cuidarte. Pero el Señor ya nos ha dado la respuesta. Esa preocupación, compartida también por nosotros, ahora es vana, pues tú ya no necesitas que te cuiden. Este mes de febrero nos comunicaron que tú ya no estás entre nosotros. Tus ojos no nos sonreirán en más visitas y tampoco se alarga la preocupación de mamá.

No te preocupes, tu mamá seguirá siendo atendida, y tú ahora dejas espacio para que se pueda atender a otra persona que lo necesite.

Por eso te despedimos con tristeza y esperanza. Porque vuestra sonrisa siempre fue un aliento, y la tuya la echaremos de menos en la próxima visita; y porque lo conseguido en tu casa es esperanza para los casos que llegan nuevos.

Sólo me queda dar gracias. Gracias a Dios porque me permitió conocerte, gracias por lo conseguido y lo que queda por hacer.

Y, para terminar, pedirte que sigas sonriéndonos, junto a Papá Dios, desde donde estés.

Carmen Teresa.

proyecto CUBA.