Nuestra experiencia en el encuentro de verano del Máster de Pastoral Familiar 2013

Madrid, Agosto de 2013

Querida Comunidad:

Queremos compartir brevemente con vosotros la experiencia que hemos tenido como familia en el encuentro de verano del Máster de Pastoral Familiar en el que estamos participando desde el principio de este año en el Instituto Pontificio Juan Pablo II.

Damos gracias a Dios por habernos puesto esta experiencia en nuestro camino, está siendo muy enriquecedora y renovadora de nuestra experiencia como matrimonio y como familia. Durante 6 días hemos podido recibir formación variada (4 h. todas las mañanas) sobre temática variada que está relacionada con el matrimonio y la familia (ej: fundamentos de la moral, la familia en relación con la sociedad y la escuela, la preparación al matrimonio, la pastoral familiar, psicología de la vida conyugal y el magisterio de la Iglesia, …). La verdad es que nos sentimos muy “incultos” en lo que la Iglesia plantea para cada uno de los ámbitos de la vida y con esta formación, los materiales, los libros propuestos,…, se ha despertado en nosotros el deseo de profundizar en el conocimiento y formación que la Iglesia nos propone.

Un aspecto para nosotros importante y significativo es que toda la formación está dentro de una misma espiritualidad, es como si todo partiera del mismo centro. Desde cada uno de estos prismas recibimos una invitación constante a volver al único centro del que parte toda la vida, a dejarnos unificar y alejarnos de los mensajes constantes a la división y disgregación vital que recibimos en nuestra vida diaria. Es la invitación a volver al “Amor primero”, a la experiencia de que Dios nos ama de forma íntima y personal, y esa experiencia se concreta en nosotros, los esposos, en el matrimonio. Toda la formación e incluso la organización del encuentro, te lleva a tomar conciencia de que nuestro matrimonio y familia es fundamental para nuestra felicidad, la de nuestros hijos y para poder construir en el mundo el Reino de Dios. Merece la pena cuidarla y hacerla crecer.

Otro de los regalos recibidos es la convivencia con tantas familias cristianas de lugares tan diferentes que tienen una misma sed y un mismo deseo de buscar cómo vivir con Jesús en el centro. Familias de todo tipo, sin hijos y con hijos -pocos o muchos-, maduras y más jóvenes, de distintos movimientos de la Iglesia (algunos totalmente desconocidos para nosotros). Damos gracias por cada una de estas familias, por sus testimonios y experiencias familiares; por los ponentes que nos han aportado su granito de arena; y los sacerdotes que coordinan y animan espiritualmente el encuentro, por alimentarnos desde esta espiritualidad de Juan Pablo II.

Por último, nuestros hijos también han disfrutado estos días con niños de su edad, con reuniones, celebraciones de la eucaristía y momentos lúdicos. Juan ha venido totalmente mimetizado, hablando un “andalú” muy gracioso, y los tres van entrando también en la misma espiritualidad que se nos ofrece a nosotros, y la dinámica de la familia va cambiando poco a poco.

Por último, queríamos lanzar una invitación para todos los que tengáis alguna inquietud en crecer por este camino, merece la pena, animaos. Hay también sacerdotes y religiosos/as que se están formando para poder atender y acompañar después a las familias de sus distintos puntos de misión. Como nos dijo Monseñor Fernando Sebastián en una de las charlas, la familia es la clave para la transformación de la sociedad, empezando por los miembros de la propia familia, sin familias verdaderamente arraigadas en Dios la evangelización no es posible en una sociedad como la actual.

Nada más, besos y hasta pronto.

Familia Cerrato Torrente.

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