Retiro de Adviento 2017.

Estimados lectores:
Tras el documento que publiqué recientemente sobre el inicio del Adviento, llegó el retiro.
Fue ayer en la parroquia de 10.30 h. a 13.h.
D. Antonio Bravo fue en esta ocasión el sacerdote invitado.
Nos habló de La Esperanza en el Cristiano.
Considero el documento que os dejo más completo que lo que yo mismo os pueda decir.
No obstante, contribuiré con mi propia forma de “mirar”.
Aparte de la esperanza, el cristiano ha de ser fiel.
La fidelidad no es repetición nos decía D. Antonio.
Os dejo mi breve reflexión:

Si bien es cierto, en lo que se refiere a la repetición, no hay que hacer lo mismo siempre para ser fiel pero hay una parte que sí se repite y que es importante en mi opinión: repetirse también es decirle al otro: estoy aquí. Cuando queremos conservar o hacer crecer una relación, esto que comento es importante para no desaparecer en las profundidades de la memoria o incluso para no ser olvidado.
Lo que sí ha de variar, es cómo nos repetimos y es a esto a lo que se refería el sacerdote.
Dios es más sencillo que el ser humano. Repetirse con él es buscarle en los momentos de oración, incluso sin palabras, solo con decir o pensar: Aquí estoy Señor, o Jesús , o hermano, o como lo queramos nombrar en nuestro interior profundo.
Él es el amigo que llena todos nuestos vacíos, me decía hace mucho alguien.
Hay que sentirlo. Humanamente es poco fácil creérselo.
Y, ahora, podréis leer el documento que viene a continuación.

EL CRISTIANO, DISCÍPULO Y TESTIGO DE LA ESPERANZA

Introducción ¡No os dejéis robar la esperanza! (Papa Francisco) La crisis de la esperanza en nuestro tiempo

L- DE LA ESPERA A LA ESPERANZA

• La esperanza del pueblo del Dios como deseo y oración

Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad… ¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses! (Is 63, 17.19)

• Jesucristo el cumplimiento de las promesas

¡Dios me es testigo! La palabra que os dirigimos no es sí y no. Pues el Hijo de Dios, Jesucristo, que fue anunciado entre vosotros por mí, por Silvano y por Timoteo, no fue sí y no, sino que en él sólo hubo sí. Pues todas las promesas de Dios han alcanzado su sí en él. Así, por medio de él, decimos nuestro Amén a Dios, para gloria suya a través de nosotros. Es Dios quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros; y además nos ungió, nos selló y ha puesto su Espíritu como prenda en nuestros corazones. (2Cor 1, 1822)

• El Dios fiel es el Dios de la esperanza

Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor. (1Cor 1, 8-9)

Que el Dios de la esperanza os colme de alegría y de paz viviendo vuestra fe, para que desbordéis de esperanza por la fuerza del Espíritu Santo. (Rom 15, 13)

• Jesucristo es nuestra esperanza

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por mandato de Dios, Salvador nuestro, y de Cristo Jesús, esperanza nuestra, (1Tim 1, 1)

Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado servidor, conforme al encargo que me ha sido encomendado en orden a vosotros: llevar a plenitud la palabra de Dios, el misterio escondido desde siglos y generaciones y revelado ahora a sus santos, a quienes Dios ha querido dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria. (Col 1, 24-27)

II.- EL CRISTIANO PERSONA DE ESPERANZA

 

• Los ojos de la esperanza cristiana • La esperanza fuente de vida y compromiso en la historia

En ese sentido, podemos volver a escuchar las palabras del beato Juan XXIII en aquella admirable jornada del 11 de octubre de 1962: «Llegan, a veces, a uestros oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas personas que, aun en su celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida. Ellas no ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina […] Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente. En el presente momento histórico, la Providencia nos está llevando a un nuevo orden de relaciones humanas que, por obra misma de los hombres pero más aún por encima de sus mismas intenciones, se encaminan al cumplimiento de planes superiores e inesperados; pues todo, aun las humanas adversidades, aquélla lo dispone para mayor bien de la Iglesia». (EG 84)

® Testigos y servidores de la esperanza en el mundo, el apostolado cristiano,

La alegría del Evangelio es esa que nada ni nadie nos podrá quitar (cf. Jn 16,22). Los males de nuestro mundoy los de la Iglesia— no deberían ser excusas para reducir nuestra entrega y nuestro fervor. Mirémoslos como desafíos para crecer. Además, la mirada creyente es capaz de reconocer la luz que siempre derrama el Espíritu Santo en medio de la oscuridad, sin olvidar que «donde abundó el pecado sobreabundó la gracia» (Rom 5,20). Nuestra fe es desafiada a vislumbrar el vino en que puede convertirse el agua y a descubrir el trigo que crece en medio de la cizaña. A cincuenta años del Concilio Vaticano II, aunque nos duelan las miserias de nuestra época y estemos lejos de optimismos ingenuos, el mayor realismo no debe significar menor confianza en el Espíritu ni menor generosidad. (EG 84)

• La crisis como posibilidad: «No dejemos las cosas como están» (Papa Francisco)

”No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis, es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta mes’ alos problemas —cirse-alas—solucioneg.—La verdadera-crisis, esla-ctisis dela incompetencia-E1- inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.” (Albert Einstein.1879-1955).

• La oración de la Iglesia en el Espíritu Santo

El Espíritu y la esposa dicen: ¡Ven! Y quien lo oiga, diga: «¡Ven!». Y quien tenga sed, que venga. Y quien quiera, que tome el agua de la vida gratuitamente. Yo declaro a todo el que oye las palabras proféticas de este libro: Si alguien añade algo a estas cosas, Dios añadirá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguien quita algo de las palabras de este libro profético, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritas en este libro. Dice el que da testimonio de estas cosas: «Sí, vengo pronto». Amén, ¡Ven, Señor Jesús! (Ap 22, 17-20)

Al término de estas reflexiones, he aquí algunos interrogantes para nuestra oración y meditación:

1. ¿Esperamos algo, al estilo de los discípulos de Emaús, o más bien esperamos a Alguien? El Señor viene sin tardar.

2. ¿Aceptamos lanzarnos mar adentro en medio de las crisis?

3. ¿Cómo renovarnos en la esperanza personal y comunitaria?

No siempre la crisis ha de ser mala. Lo tenemos muy asociado.
La palabra viene del griego y significa cambio.
Aunque es muy fácil de decir, se puede hacer.
Así pues, abordemos nuestras crisis con la esperanza de los cambios que puedan darse y si éstas son malas, las herramientas que en mi opinión funcionan son: la oración profunda, Dios no la quiere perfecta sino sincera y la ayuda de los hermanos.

publicado para la web parroquial por carlos canalejas

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