Caminando hacia la Pascua 2018

Con el miércoles de ceniza empezamos la Cuaresma, nuestro camino hacia la Pascua, del que ya hemos recorrido casi dos semanas. En la meta nos espera Cristo resucitado. Pero no sólo nos espera, Él también nos atrae, nos alienta y nos acompaña.

La Cuaresma es un tiempo litúrgicamente intenso, «fuerte», tiempo de más gracia. Queremos seguir recorriéndolo con el corazón encendido y con una apertura total. Abiertos los ojos para contemplar a Cristo, en sus diversas presencias. Abiertos los oídos para escuchar la Palabra. Abiertos los labios para alabar a Dios y para dar buenas noticias. Abierta el alma para acoger al que nos pide posada.

Hay una palabra especialmente cargada de sentido en este tiempo. Así como en Adviento era ¡Vigilad!, ahora es ¡Convertíos!, como escuchamos el primer domingo.  Sentimos la necesidad permanente de renovarnos, de estar al día, de buscar la forma necesaria. A lo largo de la Cuaresma se nos van ofreciendo ejercicios adecuados hacer ese camino de conversión.

¡CONVERTIOS!

El cambio que se nos pide no es solamente de imagen, ni de hacer algún que otro retoque en nuestra vida, ni dejar algo que nos sobra, ni recuperar algo que nos hace falta. Tampoco va en la línea de hacer algún que otro sacrificio o añadir alguna práctica devocional. El Señor nos invita a un cambio de nuestro corazón, de lo más íntimo de cada uno de nosotros.

Podemos hablar de dar un giro a nuestra vida, un cambio de rumbo para volverse a Dios, en línea con el significado de la palabra conversión. Jesús nos ofrece su «hoja de ruta», las Bienaventuranzas. Son los caminos de la humildad y la solidaridad, la mejor ascesis cuaresmal. Caminos que podremos recorrer, como Jesús en el desierto, empujados por el Espíritu Santo, y no tanto valiéndonos de nuestras fuerzas. Caminos que sólo podemos recorrer si escuchamos su voz; como los discípulos en el Tabor, que sigamos recibiendo cada día el mensaje del Padre: “¡Escuchadlo, es mi hijo amado!”

Actitudes para el camino que estamos recorriendo:

  • Ayuno: que nos siga llevando a reconocer que nuestra vida no está garantizada por la comida ni la bebida, sino por Dios. Él provee para que no nos falte nada de cuanto necesitamos, y, sobre todo, busca que tengamos hambre y sed de su Palabra, de que llegue su  Reino y de que se cumplamos su voluntad.
  • Limosna: que nos siga abriendo a compartir con los hermanos, conscientes de que todos somos necesitados del amor de Dios y de nuestro prójimo. No somos autosuficientes, por eso Dios nos ha querido hacer a cada uno miembros de los otros, y que, entre todos, formemos un solo cuerpo, en el que cada uno dé y reciba según su condición y necesidad.
  • Oración: que requiere una actitud penitencial. Jesús lo expresa muy bien cuando dice: “a quien pide se le dará, a quien llama se le abrirá, quien busca encontrará” (Cfr. Mt 7,7; Lc 11,9).  Sólo pide quien se ve necesitado, quien se siente pobre de espíritu. Quien piensa que se vale por sí mismo, no acudirá a nadie para que le ayude. Siempre que nos ponemos en oración estamos saliendo de nosotros mismos, de nuestras seguridades, para decirle a Dios, y también a nuestro prójimo, que le necesitamos, que solos, aislados, no somos nada. También, cuando oramos, estamos confesando que nos situamos en búsqueda, que somos como los Magos a quienes nos les basta la luz de la estrella: queremos contemplar cara a cara el Sol que nace de lo alto. Seamos como el anciano Simeón, qua la perseverancia y la espera en oración, permitan a nuestros ojos contemplar al Salvador.

 

Y para finalizar … una propuesta musical del coro de la Nati (atención a la versión … grabada en directo)

1 respuesta a Caminando hacia la Pascua 2018

  1. Para mí este año la cuaresma tiene dos novedades: la vida que hay en la web con las publicaciones de este tiempo y la ayuda de las tecnologías que voy pudiendo tener a mi servicio. Muchas veces queremos una conversión y queremos ahondar tanto tanto tanto que no nos damos cuenta que no podemos cambiar solamente en 40 días. En estos días de oración más consciente, precisamente gracias a las tecnologías disfruto de la oración dirigida con la aplicación Rezandovoy, recuerdo lo que una amiga muy querida de la parroquia me dijo: dios quiere tu oración sincera y no perfecta. Rescato de esa aplicación un recuerdo que me quedó en el cual la persona que dirigía la oración cierto día nos preguntaba: ¿cómo le hablas a Dios? Le abras con palabras grandilocuente? Hablémosle tal como somos. El sabe más que nosotros, nos conoce desde el vientre de nuestra madre y sin embargo o misterio, quiere que nosotros mismos le contemos lo que llevamos dentro como buenos amigos o de padre a hijo según si hablamos con Cristo o con Jesús quiero decir con Dios padre o con Dios hijo. Este año me voy centrando más en el estar. Tras escuchar la oración en la aplicación y pensar, me quedo ahí, con él, a veces sin decir nada o a veces dejando fluir mis pensamientos. Así espero celebrar este año la Pascua. Para finalizar, recordemos que igual que navidad queremos que sea todo el año, la conversión es día a día, lenta y progresivamente. Miramos la además.

Puedes escribir un comentario

NOTA: Los campos marcados con (*) son necesarios para poder escribir un comentario. Por favor, escribe datos reales, para que podamos ponernos en contacto contigo si fuera preciso. Gracias.