CELEBRACIÓN RECONCILIACIÓN COMUNITARIA DE ADVIENTO: 11.12. 2019

Comenzamos la celebración de la Reconciliación tomando conciencia de que cada uno de nosotros somos pesebre en el que nacerá el hijo de Dios y por tanto nos tenemos que preparar. De ahí la importancia del sacramento de la Reconciliación y que hemos celebrado de forma comunitaria.

Tras la lectura de la parábola del Fariseo y el Publicano (Lucas 18:9-14) y la revisión del examen de conciencia, Felipe hizo una pequeña para ayudarnos a tomar conciencia del momento.

¿Por qué estamos aquí? De alguna manera hemos respondido a la llamada del Señor como dice la lectura del libro del apocalipsis: “Mira, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré con él y cenare con él y él conmigo”.

Es necesario tomar conciencia de nuestros pecados y limitaciones, como le pasó a Pedro antes la pesca milagrosa: “apártate de mí, Señor, que soy un pecador”, o a Pablo cuando sabe el bien que debe obrar, pero se empeña en hacer el mal, o en nuestros días cuando el mismo Papa Francisco se refiere a sí mismo con un “un hombre pecador”.

Es verdad que no somos dignos de que el Señor entre en nuestras casas, en nuestros corazones, como afirma el centurión Romano, pero lo hace una y mil veces, porque no ha venido a condenar, sino salvar y a dar la vida en rescate por todos. Porque Él nos desborda con su cercanía y ternura, como nos muestra san Lucas en las parábolas de la misericordia: la oveja perdida, la moneda perdida, el hijo prodigo, o la mujer pecadora…

Él no nos ama por nuestros méritos, sino a pesar de nuestros pecados, como expresa Santa Teresa: “antes me cansaré yo de ofender al Señor, que él de perdonarme”.

¿Pero cómo ser conscientes de la presencia de Dios, de su amor, perdón y acogida?

Es indispensable el silencio, la escucha, la fe, mirarnos por dentro y tomar conciencia de que somos criaturas, creados, salidos de las manos y del corazón de Dios. Que muchas veces hemos hecho mal uso de nuestra libertad, de los dones y regalos con los que el Señor nos ha bendecido. Sólo así, ante la grandeza de Dios y nuestra pequeñez podemos hacer nuestra la actitud del publicano y decir desde lo más profundo de nuestro corazón: “Señor, ten misericordia de este pobre pecador” y alejarnos del fariseo que todos llevamos dentro. No podemos ganar nuestra salvación con obras y compromisos porque es un don, un regalo de nuestro padre Dios. Es por ello utilizamos esta imagen:

Nos recuerda la importancia de ser humildes como el publicano y no altivo como el fariseo, y centrar nuestra mirada en el hijo de Dios, que además en este caso acaba de nacer.

Y la última invitación es que, como María y ¡los santos, dejemos que sea su Espíritu quien actúe en nosotros, quien nos reconstruya y nos capacite para decir desde el corazón ¡“Hágase en mí según tu Palabra”! Tras recibir el sacramento, todos dejamos la imagen que habíamos recibido al principio en “manos de Dios” en este caso representada por la mano que nos acompañó en el campamento de La Vecilla de 2017.

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