CON CRISTO, TENEMOS FUTURO

Este domingo ha sido el segundo domingo de cuaresma y vamos añadiendo un paso más descubriendo cómo Jesús llega a nuestra Semana Santa. El domingo pasado colocamos la letra J, que representa a Jesús hombre como nosotros. Este domingo hemos añadido la letra E, que presenta a Jesús como HIJO amado, al que tenemos que escuchar. Jesús es “Dios con nosotros” .

En el Evangelio (este domingo leído a cuatro voces),

Jesús decide alejarse un poco con algunos de sus discípulos más queridos para mostrarles que, a pesar del duro camino, de los miedos y dolores, nos espera la luz, la Resurrección; para decirnos que con Cristo, tenemos futuro siempre.

La Cuaresma es un camino en el que expresamos que estamos convencidos de que nos hemos puesto en camino y queremos seguir a Jesús. 

Durante la homilía, Felipe nos explicó que en versículos anteriores de este Evangelio, Jesús se pone en camino con sus discípulos y les enseña quién es Él y que en su persona se cumple todo lo que Dios había prometido en las Escrituras anteriores. Por eso, en el monte de la Transfiguración, con Pedro, Santiago y Juan, también aparecen Moisés y Elías, que significan la tradición y la promesa

Ante sus discípulos más cercanos, Jesús se transforma en luz. Ellos se sienten asustados y Jesús, como en tantas ocasiones, les dice “no tengáis miedo”. Tras recuperar la confianza, sienten ganas de quedarse allí para siempre. Pero Jesús no quiere eso, les dice que hay que bajar al mundo y asumir las dificultades, problemas y compromisos y ahí, Él seguirá a su lado y será su referencia para siempre

Jesús anuncia su pasión y su muerte y rompe los esquemas de los discípulos sobre lo que es un mesías, un salvador. Empiezan a pensar en lo distinto que es Jesús como Mesías y las dificultades que les generará si lo siguen. Pedro no quiere asumir este proceso de entrega y dolor, y Jesús le replica porque está decidido a vivir lo que Dios quiere para Él, ser mesías donando su vida, no un mesías de gloria. 

El acoger el camino con todas sus dificultades cuando a veces no se ve el final luminoso, no es fácil, nos cuesta la vida como a Jesús, pero escuchándole, todo cobra sentido. Es Dios mismo el que nos lo dice, “es mi hijo amado, ESCUCHADLE”. Tenemos que escuchar a Jesús porque es nuestra referencia; entregado, muerto y resucitado. 

Jesús tuvo miedo de que le abandonaran sus discípulos y por eso les llevó al monte para enseñarles como anticipo lo que les esperaba, ¡la Resurrección!. Jesús nos da siempre un anticipo para que sepamos que, aunque vamos a sufrir, podemos esperar algo mucho más grande, podemos fiarnos de Él. Todo se cumple en Él. No nos podemos quedar en la muerte, hay que ver más allá: La Resurrección.

Esta semana estamos invitados a pedir a Jesús que podamos escucharle, porque cuando acogemos su palabra, si la meditamos y “rumiamos”, se vuelve vida en nosotros y al compartirla como Iglesia, nos vuelve a enriquecer y nos podemos ayudar unos a otros a concretar esa palabra en nuestra vida. La palabra de Dios está dirigida a cada uno de nosotros y en cada momento de nuestra vida. 

Os dejamos con la canción “Vengo aquí mi Señor” que nos ha acompañado en el Ofertorio. Que tengamos algún hueco cada día en el que podamos decir “ahora sólo importas tú”.

Todavía sin comentarios.

Puedes escribir un comentario

NOTA: Los campos marcados con (*) son necesarios para poder escribir un comentario. Por favor, escribe datos reales, para que podamos ponernos en contacto contigo si fuera preciso. Gracias.