CON EL CORAZÓN REBOSANDO DE AMOR DE DIOS

Este viernes sábado y domingo han sido tres días en los que hemos sido invitados a llenar nuestro corazón con su Amor, y es que es lo que hicimos a través de la oración, el reencuentro Comunitario en torno a una barbacoa y muchos recuerdos y la celebración de la Palabra.

El viernes pudimos disfrutar del concierto oración de Maite López, que no solo nos llegó a lo más profundo de la sensibilidad musical con la que se ora cantando, sino que nos ayudó a repasar nuestras raíces en la fe y en el amor a Dios. Como dice en una de sus canciones:

El amor es el sentido de la vida,

el amor es un derroche de alegría,

el amor es la cruz de cada día,

el amor es darlo todo sin medida

Terminó la oración invitándonos a vivir anclados en la Palabra, en la vida compartida con los pobres y en la Eucaristía. Vivir anclados en estas “tres patas” es lo que sostiene la vida del cristiano, como las tres patas que sostienen un taburete. Sin una de esas patas la banqueta se cae; y nosotros, sólo anclándonos en las tres invitaciones podremos ir ahondando en esa relación de intimidad con Jesús a la que todos y todas estamos llamados, y especialmente en este curso que comienza.

Y El sábado disfrutamos de la barbacoa comunitaria de inicio de curso, que este año tenía el sabor especial de la celebración de los 30 campamentos de nuestra parroquia. Fue un momento de reencuentro con muchas personas que han formado parte de esta aventura de ser “comunidad de campamentos” y echamos de menos a muchas personas que, por diferentes motivos,  no estaban allí con nosotros. No podía faltar José Luis, el primero que soñó con esta locura, y fue una gran alegría que pudiera estar. Una exposición de fotos de todos los años y un vídeo nos llevaron a los lugares donde hemos sido felices de campamento, a personas, celebraciones, volantes, juegos, risas, llantos, abrazos, silencio… Como decíamos en la invitación, damos gracias a Dios porque hemos ido y hemos visto que estos 30 campamentos han sido el regalo de sentirnos familia, donde grandes y pequeños tienen su lugar, donde Dios sigue contando con cada uno de nosotros en nuestros dones y en nuestra fragilidad, sale a nuestro encuentro en el camino, en el amigo, la oración, las celebraciones… Dios ha estado y sigue estando grande con esta comunidad y por eso ¡vamos a por otros 30! Esta mirada a lo vivido hace brotar en nosotros el más profundo agradecimiento y el deseo de seguir soñando con ser comunidad que crece en la fe y camina tras el Señor, que nos llama a ser signo y presencia de su resurrección en nuestro mundo.

En el evangelio del domingo, la pregunta que se nos ha lanzado es: ¿A quién servimos nosotros, a Dios o al Dinero? El dinero sería uno de esos falsos dioses que tenemos hoy en día, pero hay muchos otros como la seguridad, prestigio, fama, belleza. Quizás seguimos fijándonos en ellos cuando sabemos que la felicidad no la encontraremos ahí.

Tenemos la suerte de contar con personas y comunidades que nos sirven como ejemplo de cómo trabajar para Dios y ahí encontrar el camino.  Acabamos de celebrar en Madrid el 33º Encuentro de Oración por la Paz Mundial que está organizado por la comunidad de Sant´ Egidio y la Archidiócesis de Madrid.

En su manifiesto nos dicen:

Hombres y mujeres de religiones diferentes hemos venido para buscar nuevos caminos por la paz. Hemos rezado y escuchado el lamento silencioso de los que están excluidos del bienestar como si no fueran hombres y mujeres como nosotros.

Nos preocupan las futuras generaciones porque se consume el planeta que está siendo destruido por unos pocos y seguimos golpeados por la violencia y el terrorismo. Parece que el sueño de la paz se ha debilitado. Se vuelve a ver que los grandes problemas se pueden solucionar estando solos, pero se necesita el diálogo y la cooperación. No se puede dejar detrás del muro de la indiferencia a los más débiles por ser diferentes, por rezar en otra lengua.

Pedimos a todos, a los responsables políticos, a los más ricos del mundo y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que proporcionen los recursos necesarios para evitar que millones de niños mueran por falta de recursos médicos y para facilitar que puedan ir a la escuela. No nos escondamos detrás de la indiferencia.

Dios no quiere la violencia, quien usa su nombre para justificar guerras y terrorismo, profanan el nombre de Dios. Quien cree en Dios, descubre el Mundo como casa común habitada por la familia de los pueblos. Las religiones se encuentran hoy ante dos caminos: trabajar para la unificación espiritual que le ha faltado a la globalización únicamente económica o dejarse utilizar por quienes sacralizan las fronteras y los conflictos.

Ante todo, nos comprometemos a rezar, pedimos para nosotros y el mundo el don de los ojos de Dios que libran de la ceguera y permiten reconocer al otro como hermano. Le pedimos a Dios la fuerza paciente del diálogo, la capacidad de un lenguaje sabio y humilde que hable a los corazones y disuelva separaciones y contraposiciones.

La paz sin fronteras es la necesidad profunda de nuestro Mundo y es posible con la ayuda de Dios y nuestra oración.

Necesitamos el compromiso firme de que cada uno de nosotros pongamos nuestros dones al servicio de los demás y no se quede para nosotros mismos. Dios los ha puesto en nosotros para que nosotros los pongamos en nuestro mundo, para buscar siempre nuevos caminos de paz.

Os dejamos con la canción “Amor” de Maite López, para que os pueda acompañar en la oración de esta semana.

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