Con el miércoles de ceniza empezamos la Cuaresma

Desde hace siglos, los cristianos comenzamos la cuaresma con la imposición de la ceniza. De ahí, que el día que comienza la cuaresma, sea llamado miércoles de ceniza.

Este signo quiere expresar el reconocimiento de nuestra condición humana, tan limitada y corruptible. Así lo expresa una de las fórmulas con las que el sacerdote puede imponer la ceniza a los fieles: “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás“. La ceniza habla de caducidad, de lo perecedero. La ceniza es también signo de la posibilidad de resurgir. El fuego siempre puede volver a reavivarse desde las cenizas.

La ceniza simboliza el árbol quemado y calcinado. Fue precisamente en un árbol -el árbol de la cruz- donde Jesucristo fue crucificado. Evoca la cruz y anticipa también la Pascua. El árbol de la cruz es el árbol de la vida.

La ceniza nos llama asimismo a la humildad, a la austeridad. Nos alerta sobre el orgullo y la autosuficiencia. ¡Qué hay más pobre e insignificante que la ceniza!

La ceniza nos interpela a poner el fundamento de nuestra existencia en Jesucristo, Hoja y Árbol perennes. Sólo El nos puede liberar de la destrucción, de la corrupción y de la muerte. Cristo es la verdadera y única medicina de inmortalidad y eternidad.

La ceniza es símbolo de conversión. Por eso, al imponer la ceniza, la fórmula más usada (y la que se utilizó en esta ocasión en la Celebración del pasado 14 de febrero en nuestra comunidad) es la que dice: “conviértete y cree en el Evangelio”. En ese camino de conversión, surgirá la nueva vida que viene con la Pascua.

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