CON JESÚS, ¡EN MARCHA!

Ayer fue un domingo especial. La celebración del Domingo de la Palabra de Dios y la Jornada de la Infancia Misionera, nos ha recordado, a niños y mayores, que ser cristiano es aprender a vivir con los demás, compartiendo con ellos las alegrías, las preocupaciones, los dolores y las necesidades. Cada uno en solitario, no se puede vivir la fe; la fe, tal como Jesús nos enseña desde el inicio de su vida, es para vivirla en familia, en comunidad.

Seguimos haciendo camino como pueblo y con Jesús, nuestro amigo y hermano que se hace presente en cada persona, y sobre todo en los más frágiles y pobres. Hoy la palabra nos anuncia un mensaje de esperanza; hemos escuchado que el pueblo que caminaba en tinieblas, en oscuridad, vio una luz grande. La Palabra es signo de la presencia de Jesús y nos anuncia un mundo de justicia, de amor y de paz si lo iluminamos con su luz. Ayer se nos invitó a hacer un signo que nos ayudara a tomar conciencia de esto: tocar el leccionario en el momento de ir a comulgar, porque la Comunión y la Palabra son su presencia entre nosotros.

Tuvimos el testimonio de Juli y Jorge, dos voluntarios de la Mesa por la Hospitalidad, que compartieron con nosotros una experiencia de LUZ y ENCUENTRO. Esta mesa de nuestra Archidiócesis, fue creada en septiembre de 2015 por el arzobispo don Carlos Osoro, para animar y coordinar el servicio de las parroquias que pudieran tener espacios y recursos para acoger temporalmente a las personas desplazados, dejando sus países por causa del hambre, la guerra, la violencia, la pobreza… La acogida y servicio se lleva a cabo con voluntarios y familias de las parroquias y de Madrid, que preparan los espacios, se organizan para hacer las comidas y para acompañarlos en este momento tan duro en que llegan a nuestra ciudad.

Jorge compartió que muchas veces, aún estando en tinieblas, también damos luz a otros. Las familias que ellos acogen están dando también luz a los que trabajan por ellos. Lo que recibes es el doble de lo que tú crees dar. Escuchar la realidad que viven las personas que vienen cambia las ideas y prejuicios sobre las personas que han tenido que desplazarse. Las familias acogidas podrían ser como la familia de Jesús, María y José que han huido de su país en unas circunstancias terribles y que lo que encuentran aquí es todo extraño y ajeno, por eso necesitan calidez y acogida.

Juli nos recordó que todas las noches de este invierno hay una media de 25 personas que se quedan en la calle pasando frío … “y no encontraron posada” como les ocurrió a María y José. Para ella, se trata de una experiencia de encuentro. El trabajo es difícil y duro porque las realidades son muy dolorosas, pero es tremendamente gratificante y enriquecedor. El corazón se llena de nombres y rostros y se crean lazos de verdadera amistad con los que acogen, con los voluntarios, con las parroquias y centros que prestan lo que tienen. El momento de la cena compartida es una gran riqueza y a pesar del cansancio, siguen en la tarea porque merece la pena, porque es cosa de nuestro Dios. Jesús vino a decirnos a todos que llevemos la gran noticia de ese Dios maravilloso y misericordioso y que quiere a todos, sin distinción de raza, condición o religión. Nos contaron que hay personas acogidas de todas las religiones y dan gracias a Dios en la cena entre todos, y ése es uno de los momentos privilegiados donde se nota la presencia de Dios.

Todas estas personas son signo y presencia de ese Dios que hemos celebrado en la Navidad, porque la Navidad no es una fecha en el calendario, es una actitud del corazón, un deseo de encontrarnos con Cristo que se hace palabra y Eucaristía, pero sobretodo, presencia en los más pobres y necesitados. Como Comunidad estamos llamados a dar una respuesta a estas situaciones de emergencia dolorosas. Ellos nos enriquecen porque nos aportan una dimensión y una presencia de Cristo que muchas veces no vemos ni experimentamos.

Damos gracias a Dios por tener la oportunidad de escuchar a Jorge y Juli y lo que Dios hace a través de ellos. Gracias por sus testimonios, trabajo, entrega y fe y porque con su ejemplo, nos mueven a ponernos en marcha con Jesús.

En las peticiones, pedimos por todas aquellas personas desplazadas sin recursos y por los países de los que salen.

También hemos celebrado la semana de la unidad por los cristianos. Cristo es quien nos une y nos da fuerza, tal y como dice la última frase del Evangelio: “espera en el Señor, se valiente, confía”.

Después de la celebración, los grupos de confirmación y las familias pudieron seguir compartiendo con Juli y Jorge, mientras los más pequeños jugaban a ser familias, que como la de Jesús, tenían que huir de Egipto y han podido imaginar las dificultades que deben pasar las personas que huyen.

La mañana terminó juntos en el templo.

Ante el Santísimo, siendo conscientes de que Dios ama a todos y vino al mundo siendo un bebé que nació para todos sin hacer distinción entre personas, lugar de nacimiento o recursos, y somos enviados a ser misioneros y a mirar la realidad de las personas que llegan a nuestra ciudad, a descubrir la luz  que hay en esas vidas y vivir siempre desde el encuentro con los otros.

Os dejamos la canción “Alma misionera” versión Nati

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