Convivencia: Explorando que Somos de Dios

Esa es la invitación que los catecúmenos y familias de los grupos de la Nati y de la parroquia de Belén habían recibido para el pasado fin de semana. Una invitación arriesgada, puesto que mirar hacia dentro y además profundizar en la relación con Dios parece que no está de moda, y sin embargo, viendo el resultado de la convivencia parece que fue todo un acierto.

A las 9:30 salíamos de la parroquia en dos autocares rumbo al Albergue Nuestra Señora de África, en Galapagar. La lluvia a la salida y la nieve que nos acompañaron en el camino no parecían un buen comienzo, sin embargo, el ánimo de los participantes no se enfrió en ningún momento.

Después de los autocares, fueron llegando las familias. Casi 60 chavales, 20 catequistas y 45 adultos de las familias (algunas con sus hijos más pequeños), nos disponíamos a hacer un viaje muy especial. Antes de empezar, un desayuno caliente para entonar el cuerpo.

Tras la invitación a cambiar los prismáticos por una pequeña libreta con un espejo para explorar, comenzamos con una oración. Isa y Felipe nos invitaban a conectar con nuestro cuerpo a través de la respiración, a observarnos en el pequeño espejo y a sentirnos «creados» por Dios, que nos regala nuestro cuerpo, cara, ojos, sonrisa, pies y manos para acercarnos a los hermanos, porque estamos llamados a ser imagen de Él en el mundo. Fue muy emocionante la sensación de paz y de conexión que se creó, un silencio acogedor creado entre todos los que estábamos allí, que nos daba la primera señal de la presencia de Dios en nuestra aventura. Nos habíamos convertido en «Exploradores divinos».

Era el momento de salir a jugar, la lluvia y la nieve parecía que nos daban una tregua. Aprendimos a dar abrazos con largos suspiros, supimos quienes tenían los ojos azules, los que habían viajado fuera de Europa … un rato de muchas risas y conocernos un poco mejor.

A continuación, reunidos por grupos de reflexión (incluidas las familias), a través de una serie de actividades experimentamos multitud de sentimientos y emociones, de forma que nos pudiéramos conocer un poco mejor cada uno y así enriquecer nuestra mirada en el espejo. Para ayudarnos a recordar que no sólo somos lo que vemos, sino que dentro tenemos mucho más, añadimos a nuestros espejos teselas de colores, reflejando la diversidad de sentimientos y emociones que sentimos y que nos construyen como personas, y terminamos este rato mirándonos de nuevo al espejo expresando “Me gusta lo que veo”.

Llegaba el momento de la comida. Compartimos lo que cada uno había traído, y es que en las convivencias lo importante no es el Yo, sino el Nosotros, un momento que permitió seguir conociéndonos y a los más pequeños tener “tiempo libre” y poder correr y jugar por los alrededores de la casa, un espacio fantástico para disfrutar de la naturaleza. El tiempo definitivamente se ponía de nuestra parte.

El momento “bajón tras la comida” fue salvado gracias a una magnífica representación de diferentes pasajes de la vida de Jesús en los que se ponía de manifiesto como Jesús tuvo los mismos sentimientos que nosotros: alegría, tristeza, miedo, ira, asco … Fue una catequesis fantástica que nos acercó a la parte humana de Jesús, con la que nos podemos identificar y dejarnos iluminar. Y además, fue divertidísima.

A continuación nos volvimos a juntar por grupos de reflexión para introducir el elemento clave que nos faltaba en esta exploración, la mirada de Dios, que queda perfectamente reflejada en el vídeo Con Amor Eterno y de la canción

que compartimos. Para profundizar en esto, leímos la lectura del Bautismos de Jesús y después, como le ocurrió a él, escuchamos como Dios pronunciaba nuestro nombre (sirviéndose de los catequistas) y nos decía: «Tú, eres mi Hija, la amada, mi favorita. Tú eres mi Hijo, el amado, mi favorito».  Es la prueba inequívoca de lo especiales que somos cada uno de nosotros para Dios.

Tras la merienda (no hay que olvidar cuidar al cuerpo), tuvimos la Celebración de la Eucaristía, el momento culminante del día. En ella pusimos delante del Señor todo lo que habíamos vivido desde la mañana, con el signo que nos representó a cada grupo, la Vela que habíamos encendido durante la reflexión de la tarde. Recibimos la invitación a “nacer de nuevo” re-vistiéndonos de los mismos sentimientos de Cristo Jesús: compasión entrañable, bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, perdón… y amor, que es el vínculo de la unidad perfecta. Ésta era la clave de nuestra convivencia: mirar nuestro interior no sólo para encontrarnos con nosotros mismos, sino para Dios lo vaya transformando y que pueda ir siendo cada vez más parecido al de Jesús. Y había una segunda invitación: si nuestro interior se va transformando, que en nuestra vida seamos imagen de Dios y que las personas de nuestro mundo, al mirarnos, puedan sentir que Somos de Dios. Alguien que no ve, que no pudiera reconocernos por nuestro rostro, y que sólo recibiera nuestros gestos de amor… ¿nos confundiría alguna vez con Jesús? Este fue el mensaje de un precioso relato* que nos contó Felipe.

* el texto del cuento está al final de esta noticia

El día compartido con familias estaba llegando a su fin, nos despedimos y los que nos quedábamos nos preparamos para la cena (¡con una nueva bendición al ritmo de ¡Tenemos tanto para estar agradecidos!) y … ¡la Velada! no podíamos terminar el día sin una velada.

Al finalizar el día, reunión de catequistas con la satisfacción de la buena marcha del día, hasta se llegó a escuchar “ha sido como un día de los de campa, y no uno de los primeros, de los días en los la cosa ya va rodada”.

Domingo por la mañana: nueva oportunidad para explorar. En lugar de comenzar con el desayuno, lo hicimos con la oración de los globos; al inflarlos, se nos invitaba a ser conscientes de cómo queremos “llenar” nuestra vida y como nos relacionamos con los demás.

Una vez cargadas las pilas, nos preparamos para hacer una marcha. La naturaleza es un ingrediente esencial para descubrir nuestro interior y ser conscientes que Somos de Dios. Antes de salir leímos el texto:

“En la naturaleza encontramos silencio, y nos ayuda a relajarnos,

a escuchar,

a aprender a interpretar los sonidos,

a disfrutar de la belleza natural,

a llevar encima solo lo indispensable,

a apañarnos con lo que tengamos,

… a sentirme más cerca de Dios,

Y también a esforzarme al subir las cuestas,

a disfrutar del esfuerzo realizado,

a tener claro que lo importante no es solo subir, sino también bajar,

a tener claro que amanece todos los días,

a estar pendiente de los compañeros y del entorno (a cuidarlos),

a no molestar a los animales ni a las plantas”

La marcha fueron 10,8 Km en total, hasta el embalse de Valmayor, al llegar allí, tuvimos tiempo de recuperar fuerzas (compartiendo el agua que habíamos llevado sabiendo que no la podíamos desperdiciar) y compartir un hermoso cuento que nos regalaron Carmen Sara y Luis Guitarra (http://www.luisguitarra.com/02_discos/07_CuentoElSauce/index.html).

Hasta allí nos llegó el impulso del resto de la comunidad, que se reunía a celebrar la eucaristía por la mañana.

La convivencia tocaba a su fin, ya solo había tiempo de comer, recoger la casa, meter las cosas en los autobuses y volver a casa, aunque antes tuvimos tiempo de dar gracias por lo que habíamos vivido con la oración:

Querido Jesús

“Querido Jesús:

Gracias por ayudarme a descubrir

Que tú eres mi mejor tesoro.

Gracias por todos los dones

que me regalaste.

Gracias por mi familia,

por mis parientes,

por mis amigos,

por las posibilidades que me ofreces

por conocerte y amarte.

Gracias, Jesús,

porque me muestras tu amor

en el cariño de los demás.

Te quiero pedir que me ayudes

a ser generoso

y a compartir toda mi vida

con los demás.

Que no me guarde nada

de lo bueno que hay en mí.

Quiero multiplicar

lo que recibí de tus manos

y brindar lo mejor de mi persona

a todos los que me rodean.

Ayúdame a dar muchos frutos,

a ser un tesoro para los demás.

Jesús quiero ser cada día

un poco más parecido a ti”

Y la canción “Eres Todopoderoso”, canción que el grupo de Confirmación nos trajo este verano desde Taizé, y que nos acompaña en los momentos importantes. Así terminó nuestra convivencia, una forma inmejorable de entrar en la recta final de la Cuaresma y prepararnos para la gran Fiesta de la Pascua.

Seguiremos explorando y viviendo que Somos De Dios, un viaje que hacemos cada uno y en comunidad.

 

LA VENDEDORA DE MANZANAS

Un grupo de vendedores fue a una Convención fuera de su ciudad. Todos habían prometido  a sus esposas que llegarían a tiempo para cenar el viernes por la noche. Sin embargo, la convención terminó un poco tarde y llegaron retrasados al aeropuerto. Entraron todos corriendo por los pasillos con sus boletos y portafolios.

De repente, y sin quererlo, al girar una esquina, tropezaron con un puesto de manzanas. Al chocar con la mesa,  las manzanas cayeron y salieron rodando por todas partes.

 

Todos, sin detenerse ni mirar atrás, siguieron corriendo hacia la sala de espera de su avión, excepto UNO de ellos que, experimentando un sentimiento de compasión por la dueña  del puesto de manzanas, se detuvo, gritando a sus compañeros que siguieran sin él y pidiendo a uno de ellos que, al aterrizar, llamara su esposa y le explicara que llegaría más tarde.

A mirar al lugar del accidente, se encontró con que casi todas las manzanas seguían aún tiradas por el suelo. Su sorpresa fue enorme, al darse cuenta que la dueña del puesto era una niña ciega. Estaba gateando, tanteando el piso, tratando en vano de encontrar sus manzanas, mientras la multitud pasaba vertiginosa, sin detenerse, pateando o esquivando las manzanas; por sus mejillas corrían lágrimas.

El hombre se arrodilló junto a la niña, la tranquilizó y fue recogiendo poco a poco las manzanas caídas, las metió en la canasta y le ayudó a montar el puesto nuevamente. Se dio cuenta que muchas manzanas estaban magulladas, así que las tomó y las puso a aparte.

Cuando terminaron, sacó su cartera y le dijo a la niña:

-Toma, por favor, estos cien euros por el daño que hicimos. ¿Te encuentras bien?

Ella asintió con la cabeza, aun un poco asustada. Cuando el vendedor empezó a alejarse, la niña le gritó.

-“¡Señor…!”

El  se detuvo y miró esos ciegos. Ella preguntó:

-“¿Es usted Jesús?

Él se quedó de piedra y, mientras se dirigía a abordar otro vuelo, estuvo dando vueltas por el aeropuerto, con esa pregunta quemándole y vibrando en su alma: ¿ES USTED JESUS?

Y a nosotros, ¿la gente, nos confundiría con  Jesús?

 Porque ese es nuestro destino: parecernos a Jesús, que nuestras obras recuerden a las suyas.  Jesús dijo: “Aprended de mí que soy bueno y humilde corazón”. Y también: “Amaos unos a otros como yo os he amado”. Ojalá nuestras obras recuerden a las de Jesús. “Hay señales, ¡síguelas!” “Hay palabras, ¡escúchalas!” 

 

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