¡CRISTO HA RESUCITADO!

Y de repente el Amor se hace eterno, se enfrenta a la muerte y vence. ¡Aleluya, Feliz Pascua de Resurrección! Con esta explosión de Alegría, llegamos a la gran celebración de la RESURRECCIÓN.

Si todas las celebraciones son especiales porque son una invitación a revivir la Resurrección de Cristo, la de ayer en la Vigilia Pascual y la de hoy Domingo de Resurrección, lo son de forma especial. Son las dos celebraciones más importantes para los cristianos y que dan sentido al resto del año. La Vigilia Pascual es una celebración llena de signos y gestos que nos acercan al misterio que celebramos: que Cristo ha resucitado.

Para poner de manifiesto ese “acento” especial, la Vigilia empieza fuera del templo: se nos invita a salir de la oscuridad que nos había sumido el Viernes Santo y nos coloca alrededor del fuego que representa la luz que sólo Cristo nos puede dar.

En la hoguera fueron “quemados” los pecados que los catecúmenos que este año van a hacer su primera comunión habían compartido en la Celebración de la Reconciliación y desde ese fuego, encendimos el cirio Pascual que nos acompañará todo el año.

Desde el cirio, toman la Luz en primer lugar los “amigos” de Jesús y la van transmitiendo al resto de la comunidad, y con nuestras velas encendidas y cantando “Sois la sal”, entramos en el templo a oscuras y poco a poco se va iluminando con la luz que cada uno hemos recibido.

Ya dentro escuchamos el Pregón Pascual que nos anuncia la gran noticia: ES CRISTO, TU HIJO RESUCITADO, RESUCITADO DE LA MUERTE. Este año lo proclama uno de los catecúmenos que recibirá la Confirmación próximamente, mostrándonos la importancia de poner nuestros dones al servicio de los demás. Sigue siendo sobrecogedor escuchar de nuevo este anuncio en el silencio del templo y a toda la comunidad uniéndose en el canto. Y la luz y la alegría renacen.

La riqueza de la Palabra en esta celebración, leída por diferentes miembros de la Comunidad de todas las edades, nos permite mirar  la historia de salvación y de amor de Dios por los hombres y somos invitados a recordar que todo lo ha hecho por cada uno de nosotros.

Y así se seguían desgranando los elementos que hacen que esta celebración sea tan especial, después vienen las letanías, la oración que nos pone en manos de los Santos.

Fuego, Palabra, Santos … toca el turno al agua, la atención se centra en la pila bautismal de donde saldrá el agua que todos recibiremos para recordar nuestro bautismo.

Y el último elemento clave, Cristo en forma de Pan y Vino, del que todos participamos en sus dos formas y que alimenta nuestra esperanza de que, como nos decía Terence durante la homilía, nos da fuerza para luchar por la verdad y la justicia, desde la confianza y el perdón y para estar al servicio.

Hemos pasado por todos los elementos, y nos falta uno que para la Nati es fundamental, y es la música; canciones elegidas con mucho cariño por el coro que nos impulsa a cantar el Gloria, “Cantad a Dios” a dos voces, las respuestas de ese maravilloso pregón y así una sucesión de canciones, que nos ayudaron a manifestar la Alegría de creer en el resucitado.

Así nos despedía Cristo el Templo

Y del mismo modo, la celebración del domingo recoge toda la fuerza de estos signos y reúne a quienes no pudimos asistir la noche anterior, en torno al mismo anuncio de la Resurrección.

Así nos recibía Cristo el Templo

Después del regalo de estos días intensos, estamos llamados a vivir como personas resucitadas. Cristo no murió para irse, murió y el Padre lo resucitó y queda con cada uno de nosotros. El mundo está lleno de gente creyendo en una vida desde la Resurrección, desde el amor y la justicia eterna que hacen posible que los que mueren en la cruz sean resucitados como Cristo. María Magdalena, cuando llegó al sepulcro, ya no se encontró con los signos de la muerte. Se encontró con una piedra movida, las vendas en el suelo y supo que tenía que salir al jardín primero y luego al mundo, para anunciar que había resucitado, que estaría entre los vivos y en la Vida, no entre los muertos.  Estamos invitados a dejar las vendas de la muerte, de nuestras propias muertes y ataduras, salir al mundo y vivir con la Alegría y el Amor de quién amó, murió y fue resucitado. ¡Verdaderamente ha resucitado, Aleluya!

Así cerramos estos días y damos paso al tiempo de Pascua, para seguir viviendo con Cristo Resucitado, que se queda con nosotros para siempre, todos los días de nuestra vida y nos impulsa a vivir de una Vida nueva.

Cantemos con fuerza ALELUYA, desde la esperanza de poder dejar nuestras vendas y que RESUCITARÁN quienes mueren en la cruz en nuestro mundo.

Canto: Aleluya de la Tierra.

¡FELIZ TIEMPO DE PASCUA QUE HOY COMIENZA!

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