EL AGRADECIMIENTO ES EL QUE NOS SALVA

El pasado domingo tuvimos la celebración de la Eucaristía y el comienzo del curso de catequesis. El Señor nos convocó para celebrar la vida desde el AGRADECIMIENTO por lo vivido y la historia de salvación que cada uno tenemos con Él. El agradecimiento por tanto amor derrochado en nuestra comunidad, especialmente mirando al campamento vivido este verano con el montaje de fotos que vimos después de la celebración y, sobre todo, por todo lo que viviremos este curso que comienza.

Comenzamos la celebración con el signo de la aspersión del agua, en lugar de pedir perdón, como adelanto a lo que las lecturas nos iban a regalar.

Después de haber pedido el domingo pasado a Jesús que “nos aumentara la fe”, el evangelio de este domingo nos invitó a un modelo de fe concreto fijándonos en lo que le ocurre a un leproso samaritano. La celebración comenzó con la entrada de alguien que, tocando una campana, gritaba fuerte “impuro, impuro”. Representaba a los leprosos del evangelio: personas enfermas por la lepra, enfermedad visible por las heridas en la piel, y que en la época de Jesús eran marginadas y excluidas, nadie quería estar con ellos y no podían ni entrar al templo. Según las normas de aquella época, esa persona no haber entrado en nuestra celebración.

Con la campana del leproso en la mano, Felipe durante su homilía nos trasladó tres mensajes importantes para arrancar el curso:

  • el significado de la lepra, que va más allá de la enfermedad física. Es la invitación a mirar  todo aquello que nos aleja de los demás y de Dios, y por lo que necesitamos gritar “Maestro, ten compasión de nosotros”
  • la compasión y la opción de Jesús por los leprosos, los últimos, los que no son importantes para nuestro mundo… los que en el campamento conocimos como “mindundis”.
  • la salvación que experimenta quien, desde una mirada agradecida, puede reconocer que es Jesús quien lo ha dejado limpio y convertido en una persona nueva. Porque Jesús los curó a todos, pero sólo uno quedó salvado. Quisimos aprender de la fe agradecida de ese leproso y Felipe nos invitó a tener un rato de silencio para mirar nuestra vida desde el agradecimiento por lo que tenemos, las personas que nos quieren y lo que Dios hace con cada uno de nosotros, mirando a la imagen del Crucificado que preside el templo o la imagen de Jesús Rey de los mindundis, que nos acompaña desde este verano, que lleva la corona de espinas y un corazón enorme, los dos signos que expresan su amor y su deseo de salvarnos.

Durante las peticiones, nos acordamos de aquellos que, como los leprosos, a día de hoy también se encuentran desplazados de la vida y de aquellos que parecen invisibles, os animamos a volver a realizar de forma individual estas peticiones y ponerlas en manos de Dios para que sea Él quien nos Salve.

Para terminar la celebración leímos la oración “Escojo la vida”, como muestra de la intención con que la queríamos afrontar la semana.

Y después de la Celebración, vimos juntos el montaje del campamento ¡Felices! de este verano

para calentar el corazón y afrontar el reencuentro con los grupos en los que trabajamos la pregunta: ¿en qué aspectos de Jesús necesitamos fijarnos este año para seguir aprendiendo a ser felices? Y aquí están reflejados, cerca del corazón de Jesús para que nos guíe:

Y desde el coro nos proponen como canción para profundizar en el mensaje de Dios: Pongo mi vida en tus manos, de Luis Guitarra

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