EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA DEL AMOR

Este domingo y el próximo escuchamos los “discursos de despedida” de Jesús a sus amigos. Sabe que en breve tendrá que separarse de ellos y antes quiere ayudarles a interpretar el verdadero sentido de su muerte y las nuevas posibilidades que se abren para los creyentes después de su partida. En este tiempo de dolor e incertidumbres que nos toca vivir, Jesús se acerca a cada uno y nos dice: “No temas, yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Abramos el corazón para entender qué hay detrás de estas palabras.

Hoy nos habla a través de Felipe, a quién también podemos escuchar aquí:

Estamos en Pascua

¡Por favor! que no se nos olvide, a pesar de las contrariedades y limitaciones, a pesar de las incertidumbres que pueden invadir nuestro corazón en estos días, Cristo Resucitado se nos hace presente para enseñarnos y confortarnos, quiere hacernos partícipes de su Resurrección. Nos enseña a amar y compartir, porque sin caridad no hay Iglesia y lo estamos viendo de forma especial en esta crisis humanitaria que nos golpea y nos hiere. Queremos aprender de Cristo cuál es el camino que conduce a la verdadera vida y pondremos nuestra confianza en el Señor, que nunca, nunca nos abandona.

Los discípulos y Jesús

Cuántas veces hemos idealizado a los discípulos pensando que ellos al estar cerca del Señor, se llenarían de todo lo que Jesús representaba y era. Pero impresiona la distancia entre ellos y el maestro, por eso tuvieron que recorrer un largo camino -así se conocía a los primeros cristianos, “los del camino”- acompañando a Jesús que les instruía hasta llegar a Jerusalén. Cuántas enseñanzas, cuántos signos, cuántos ejemplos, discursos, aclaraciones y parábolas… Cuánta paciencia y misericordia del Señor, hasta que el Espíritu le revelara todo, cuánto amor y amistad les manifestó y nos manifiesta hoy a nosotros. ¡Cómo se preocupa de los suyos y cuánto le cuesta la separación! Se va, pero vela por ellos. Se va, pero volverá a por ellos. Se va, pero antes les enseña a dónde va y por dónde.

Tomás de nuevo, no sabe a dónde va, ni sabe por qué camino. Felipe, le pide que le muestre al Padre y eso bastará. Cuánto nos parecemos a ellos. También nosotros llevamos mucho tiempo con Jesús, pero qué lejos estamos de él y qué poco le entendemos. Reconocer esta realidad será el primer paso para acercarnos más a él, conocerle mejor, aunque nunca lleguemos a entenderle del todo.

Cristo y el Padre

Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. “Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Mt 11,27). Este misterio trinitario era inalcanzable para los discípulos, hasta que el paráclito se lo revelara.

Dios se ha manifestado en Jesucristo de manera total y definitiva. “Y la Palabra era Dios (…) y la palabra se hizo carne” (Jn 1,1-14). Las palabras de Señor son las palabras del Padre. Sus signos y obras son los del Padre. Cristo es la imagen perfecta del Padre (Col 1,15). Todo lo que Dios nos ha querido manifestar, revelar, comunicar… lo ha hecho por medio de su Hijo Amado y esta comunión entre ellos tiende a prolongarse en todos los creyentes, en todos los hijos de Dios, porque el Padre está en Cristo y Cristo en nosotros. “Yo en ellos y Tú en mí para que sean perfectamente uno” (Jn 17,23). Por eso Cristo es la Puerta, en su carne, tocamos a Dios, por eso ver a Jesús es ver al Padre.

Yo soy el camino, la verdad y la vida

El camino de Cristo es su estilo de vida, sus ideas y compromisos, sus pasos, su manera de hacer y de sentir, su amor y su ternura. No son normas y leyes, es un programa vivo y de acompañamiento personalizado, es su persona mismo. Santa Teresa decía: “He visto claro que por esta puerta hemos de entrar, si queremos nos muestre la soberana majestad grandes secretos. Así que no queramos otro camino. (V.22,6-7).

Muchos queremos encontrar la Verdad. Y hay muchas semillas del Verbo de las que habla S. Justino. En todas las religiones y culturas se encuentran reflejos de la verdad. Pero la Verdad plena sólo la encontramos en Cristo, no semillas del Verbo, sino el Verbo, la Palabra plena, que llega a la mente y al corazón, la que tiene que ver con la belleza y la autenticidad, la que no solo es amor, sino Ágape. Por eso, para nosotros, la verdad consiste en amar, en hacer el bien, en no buscarnos a nosotros mismos y vivir siempre con humildad.

Dios envió a su Hijo para que tengamos Vida, y la vida es regalo de Dios, y en Jesús tenemos el pan de vida y vida en abundancia porque él es la Resurrección y la Vida. Y la vida como la verdad, consiste en amar, porque el que no ama y guarda su vida para sí, está muerto y vivimos en la medida que nos desvivimos.

Iglesia servidora

La diaconía es la dimensión servidora de la caridad. Cristo es el Siervo, el que no ha venido a ser servido, sino a servir (Mt 20,28). Lo manifiesta en el lavatorio: “Yo el Señor y el Maestro, os he lavado los pies” (Jn 13,14); y en el buen Samaritano: “Tuvo compasión, y acercándose vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino” (Lc 10,33). Cristo es el mejor samaritano. Por eso la Iglesia no se construye sólo con la palabra y el culto, sino también y, sobre todo, con la caridad. Sin diaconía no seríamos cristianos y en la Iglesia, los pobres deben ser los preferidos, sólo así seremos piedras vivas, sacerdocio real construyendo el Cuerpo de Cristo y proclamando su Reino.

Y desde el coro nos proponen Venid Conmigo de Ain Karem

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