EL CIRIO PASCUAL

En la celebración de la noche santa de la resurrección del Señor, se enciende –del fuego nuevo en torno al cual estamos congregados– el Cirio Pascual.

Al bendecirlo, el sacerdote traza sobre él el signo de la Cruz, diciendo: “Cristo ayer y hoy, principio y fin”. Traza luego dos letras griegas: el alfa (A), la primera letra del alfabeto griego, y la omega (W), la última; y dice: “alfa y omega”. Y traza luego los números del año en que estamos, diciendo: “Suyo es el tiempo / y la eternidad. / A él la gloria y el poder / por los siglos de los siglos. Amén”.

Con esta preciosa bendición, reconocemos el misterio de Jesús resucitado: se ha levantado sobre la cruz en que fue clavado y vive hoy y para siempre. Vino de Dios y nos lleva a Dios: es principio y fin de todo, nuestro origen y nuestra meta. Jesús, el Hijo de Dios que ha querido compartir nuestra existencia frágil y mortal, descendió hasta nuestros abismos y noches más profundas al inclinar su cabeza en la cruz. Y, resucitado de la muerte, se levanta lleno de vida, siendo Él la Vida misma. Por eso le reconocemos dueño del tiempo y de la eternidad. Vale la pena pensar en esto: en nuestro tiempo, en nuestros días y noches…, cuya duración no conocemos, pero sí sabemos limitada…, nuestro tiempo dentro del suyo, desembocando en su eternidad….

Al encender el Cirio, se proclama: “Luz de Cristo”. Y el pueblo responde: “Demos gracias a Dios”. Y a partir de esa hoguera, de ese fuego nuevo, una luz nueva resplandece en la noche. Ya todas nuestras miradas se dirigen a esa luz: pequeña comparada con el fuego, pero elevada hacia el cielo, viva y entregada a nosotros. Durante los cincuenta días de la Pascua podremos contemplar esta luz, signo de Cristo, que nos dijo:

“Yo soy la luz del mundo;

el que me siga no caminará en la oscuridad,

sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8,12)

Y en la noche, con nuestras pequeñas luces encendidas del Cirio, realizamos un pequeño camino que es, en su sencillez, símbolo de toda nuestra vida: esta luz nos guía en la noche y, siempre detrás de él, pasamos de la intemperie al hogar de Dios; de la dispersión a la comunidad y a la comunión. Caminamos detrás de esta luz porque sólo Él pudo abrirnos este camino hasta la presencia misma de Dios, pues con su resurrección penetró en un santuario “no hecho por mano de hombre”, sino en el mismo cielo, ante Dios (Hb 9,24).

Podemos posar nuestra mirada sobre la luz del Cirio, brillando en la oscuridad de la noche, y dejarnos envolver por su calidez y su fuerza, dejarnos seducir por su misterio, mientras recibimos el gran anuncio de esta noche santa:

Exulten los coros de los ángeles….

Alégrese la tierra

inundada por la nueva luz.

El esplendor del Rey

destruyó las tinieblas, destruyó las tinieblas,

las tinieblas del mundo.

Esta es la noche

en que Cristo ha vencido a la muerte

y del infierno retorna victorioso.

Hay que escuchar este canto como el gran anuncio que nuestro corazón ha de recibir, siempre nuevo, siempre resucitador.

Hay que posar la mirada sobre este Cirio muchas veces, buscando alcanzar su misterio. Hay que contemplarlo en medio de los hermanos, presidiendo la comunidad. Hay que contemplarlo ahí, alto y fuerte, luminoso y humilde, desde nuestro bautismo hasta nuestras exequias, y alimentar en él la esperanza. Y hay que encender de él nuestras pequeñas luces, y pasar nuestra mirada del Cirio Pascual a nuestras pequeñas velas, de su llama a las nuestras: ¡es el mismo fuego!

El Cirio Pascual es presencia de este Cristo que es luz y vida. Contemplarlo así, larga y sosegadamente, nos ayuda a recibir a Cristo en nuestro corazón como luz y como vida. Una llama que habla del fuego del amor divino…, una luz que rompe las tinieblas…, una presencia que nos lleva a otra Presencia…. Tras él caminamos, como discípulos…, y es su luz la que llevamos al mundo, si esa llama de amor prende en nuestro corazón y nos resucita para la vida y para el amor.

Y sólo con su luz podremos iluminar nuestro mundo, dolorido y sediento de amor. Desde este grito del mundo empezaremos nuestra celebración esta noche y con la luz de Cristo, la Tierra cantará… ¡Aleluya!

Canción “Aleluya de la Tierra” (Brotes de Olivo) y en vídeo aquí

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