EL REGALO DE NUESTRA PROPIA HISTORIA DE SALVACIÓN

La liturgia de ayer nos lleva a mirar nuestra propia historia de salvación. Una historia que no se centra en nuestros méritos, sino en nuestro Dios que quiere hospedarse en mi casa y en la tuya. Después de la parábola del fariseo y el publicano del domingo pasado, la celebración de este fin de semana nos lleva a seguir profundizando en lo que a Dios verdaderamente le importa de cada uno de nosotros.

Todo empieza en la primera lectura, que nos muestra a Dios “amigo de la vida” que está cerca en la tribulación y que es Señor de nuestras vidas por amor y fidelidad, como hemos proclamado en el Salmo.

Y Dios-amigo del hombre, encarnado en Jesús, hoy nos muestra de quién exactamente quiere ser amigo. Se fija en Zaqueo, un hombre pecador, esclavo del dinero, corrupto y despreciado por la gente de Jericó. “Una joya” podríamos decir, que no parece que hiciera muchos méritos. Su único mérito fue querer acercarse a Jesús. Y eso fue lo que Jesús necesitaba para que ocurriera su historia de salvación.

Es verdad que tenemos que superar las dificultades que nos impiden acercarnos y ver a Jesús por nuestra pequeña estatura (nuestro pecado o nuestra falta de fe). Zaqueo, empequeñecido por ser esclavo del dinero y consciente de su altura, sólo quiere acercarse a Jesús.

Hoy, como tantas veces, en nuestro camino y deseo por conocer más a Jesús, él se para delante de nosotros, pronuncia nuestro nombre y nos dice como a Zaqueo: “Baja, porque hoy quiero hospedarme en tu casa, quedarme en tu corazón, compartir tu vida”. La propuesta de Jesús es increíble. Y lo hace sin ponernos condiciones, sin juzgarnos, sin exigirnos nada… tan solo porque nos quiere tal y como somos. Es precisamente la ausencia de exigencias, de juicios, de condena, lo que hace posible la alegría, la acogida y la conversión de Zaqueo, y la que hace posible la nuestra.

Tampoco hoy faltan, como en tiempos de Jesús, los que murmuran y critican porque no han sabido descubrir y valorar la misericordia de Dios que se hace presente en Jesús, cuando quiere hospedarse en casa de un pecador.

Zaqueo ha comprendido la dinámica del Reino, recobrando su verdadera estatura, su dignidad, se puso en pie y manifestó su decisión de cambio. Ha conocido verdaderamente al Señor y ha dejado de adorar al dinero. No sabemos qué ocurrió en su casa, sólo que el encuentro transformó su vida y la justicia y el amor por los pobres y aquellos que habían sufrido sus abusos, se ponen el centro de su corazón y desplazan al dinero. Y es que el “Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido”. La verdadera búsqueda no es la de Zaqueo o la nuestra, sino la de Dios que no para hasta dar con nosotros. Cuanto más pequeños de estatura, mayor será su búsqueda y su amor derrochado.

Todos llevamos un Zaqueo en nuestro interior, al igual que un publicano como el del domingo pasado. Somos esas personas que Dios busca sin descanso. Hoy, Jesús sale a nuestro encuentro, nos llama por nuestro nombre y expresa su deseo de alojarse en nuestra casa para llenarla de salvación por su misericordia, no por los méritos que hayamos podido acumular. Eso es lo que celebramos en cada Eucaristía, el don y el regalo de nuestra salvación.

Os dejamos la canción que el coro nos ha propuesto para la comunión, que refleja muy bien el encuentro de Jesús con Zaqueo: Nadie te ama como yo, de Martín Valverde. Que os pueda acompañar durante la semana.

Avisos:

  • Martes 5 a las 21,00h: Oración comunitaria (todos los primeros martes de mes)
  • Jueves 7 a las 18,30h: Hora Santa
  • Jueves 7 a las 20,00h: Compartir plan diocesano misionero
  • Sábado 9 Festividad de la Almudena. Celebración en la parroquia a las 12,30h y 19,30h. Celebración en la plaza mayor: 11,00h
  • Domingo 10:  Día de la Iglesia diocesana

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