ESCUCHAD A MI HIJO AMADO

Nuestra Cuaresma ya está en marcha y en este segundo domingo se nos pide pararnos, escuchar, sentir y disfrutar de Dios.

Cuántas veces hemos estado en sitios importantes para nosotros: una capilla, una habitación especial, un paisaje precioso o simplemente un lugar que nos sosiega. Y cuantas veces hemos dicho: ¡qué bien se está aquí!. Dios quiere de nosotros eso, que nos sintamos siempre en paz y bien donde estemos y con lo que nos haya tocado vivir, pero eso es muy difícil si no pedimos y sentimos su presencia, su acompañamiento.

En el Evangelio escuchamos que Jesús sube a la montaña, que sería como nuestro lugar especial, aquel en el que tenemos nuestro retiro interior y allí, los discípulos oyen: “este es mi hijo amado, el predilecto, escuchadle”

Los discípulos habían sido avisados previamente de que Jesús sufriría y moriría. Su maestro iba a sufrir, ¿qué significaba todo eso?. Por eso, ante la incertidumbre de qué pasaría con ellos, muchos abandonaron a Jesús. Nosotros también tenemos el riesgo de abandonar. Nos cuesta mucho prescindir de pequeñas cosas nuestras, sacrificarnos, darnos, pero si ponemos al Señor en el centro de nuestra vida, todo lo demás adquiere su auténtico valor. 

La llamada de hoy es: no te reserves nada, tú le perteneces a Dios y si realmente tienes esa experiencia de gratitud y gratuidad, el Señor te va a recompensar, porque nada ni nadie nos va a apartar de Dios. 

La transfiguración de Jesús en el monte supone dar ánimos a sus discípulos con un anticipo de su resurrección. Hay que llegar a ese momento por un camino de entrega y sacrificio, pero llegará. Este camino se recorre sirviendo a los demás, escuchando la necesidad de nuestros hermanos y dándonos en lo que podamos: en nuestra propia familia, con los que nos rodean, en el día a día. El Señor se hace siempre presente en nuestros hermanos. 

Los chicos y chicas del grupo de pre-confirmación, que han preparado esta celebración, nos han dejado su reflexión acerca de la Cuaresma: 

Nos hemos dado cuenta de que muchas veces la Cuaresma nos pasa desapercibida, o nos olvidamos de lo importante que es. Y queríamos hacer una invitación a que este año, más que nunca, no perdamos su significado. Para esto proponemos hacer las tres cosas que se nos piden: oración, ayuno y limosna. Pero es importante hacerlas con un sentido, y eso es lo que queríamos compartir hoy.

Como símbolo de limosna traemos un despertador, porque la limosna no solo consiste en dar de manera económica, sino también en ofrecernos a nosotros mismos, nuestra ayuda, nuestro tiempo… Y también representa que a veces tenemos que despertarnos, parar y darnos cuenta de las necesidades de los demás.

Para el ayuno es importante que prescindamos de cosas que de verdad nos cueste, y que supongan un sacrificio real, aunque no sea enorme. Así, nos damos cuenta de que estamos en una época de cambio, y que es diferente a los demás momentos del año. Y cuando termine, valoraremos mucho más las cosas de las que hemos ayunado. Por eso traemos una bolsa de chuches, para invitar a los más pequeños a participar también del ayuno prescindiendo de estas durante estos 40 días.

Y por último, la oración. Traemos el libro Felices, del Rey de los Mindundis (un libro basado en La Palabra de Dios actualizada), del que hemos cogido algunos textos que nos ayudan a pararnos y reflexionar, para poder ofrecer nuestra cuaresma a Dios y vivirla como un tiempo de entrar también nosotros en el desierto, haciendo silencio para escuchar a Dios y que se produzca en nosotros una verdadera conversión. 

Os dejamos la canción Sé fiel para que pueda acompañarnos en esta segunda semana de Cuaresma.

Sé fiel, de Brotes de Olivo (cantada por el coro de La Nati)

 

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