ESTOY CON VOSOTROS TODOS LOS DÍAS

Hoy es un día importante, es la Ascensión del Señor, el momento en el que Jesús vuelve a ver a sus amigos, les envía al mundo, pero sin despedirse porque continuará junto a ellos por medio del Espíritu, todos los días de su vida. Nosotros también somos sus amigos y estamos en su compañía, en esta espera confiada en él.

Hoy también, junto con el domingo que viene, es un día importante porque era la fecha de las primeras Comuniones de grupo de tercero de catequesis. La Comunidad entera se ha sumado para enviarles un video de ánimo, para decirles que Jesús les espera todos los días y cuando podamos, celebraremos el momento de Jesús con ellos en familia y comunidad. 

Os dejamos la homilía de Felipe y su grabación:

La alegría del encuentro

Por fin, este domingo, después de muchos días sin poder vernos ni juntarnos, hemos podido celebrar de nuevo la Eucaristía en el templo. Creo que muchos de los que estábamos allí, hemos sentido una gran alegría, lo mismo que los discípulos cuando se encontraron con Jesús Resucitado, porque sin duda, ha sido Él como en el Evangelio de hoy, el que nos ha convocado en el monte santo que es nuestra Iglesia, no por ser un edificio, o estar en lo alto, sino por estar formada por las piedras vivas que intentamos ser cada uno de nosotros y por querer ser tierra buena que acoge la semilla de la Palabra de Dios para dar fruto. Todos hemos manifestado nuestra ilusión por el encuentro, incluso a alguien se le han escapado unas lagrimitas de emoción, de recuerdo, de añoranza, de acción de gracias, de tanta vida compartida como llevamos en nuestros corazones y en nuestra historia y que, hasta ahora, al haberla interrumpido bruscamente, hemos aprendido a valorar y agradecer. Hemos compartido como hemos vivido estos días, hemos tenido conocimiento de personas que partieron a la casa del Padre y hemos vuelto a sentir el auténtico espíritu comunitario que se había quedado congelado aquel segundo domingo del tiempo de cuaresma cuando iniciamos un camino que nos conduciría a la Pascua, y que como un reloj parado, nos señalaba el panel que estábamos confeccionando con las palabras de J E S Ú S, y del que solo pudimos poner las dos primeras letras.

Cristo nuestra meta

Cristo, no sólo es y será siempre nuestro camino, sino que también es nuestra meta. Y la meta está ahí, junto al Padre y en el Padre. Cristo ha cumplido su misión, aquella que ya anunciara el ángel en su nacimiento, que sería el que salvaría a su pueblo de los pecados y el Emmanuel, el Dios con nosotros, aquella misión que le llevó a rebajarse hasta la muerte en cruz y de la que fue levantado por el Padre, aquella misión donde manifestó al Dios ternura, al Dios misericordia y consuelo, al Dios que perdona y no guarda rencor, al Dios Abba (papaíto) que estaba cerca de todos, pero especialmente de los que sufren y de los que no cuentan y que tanto escandalizó a la religión oficial de Israel. Pero Jesús, en su ascensión y glorificación, no se olvida de nosotros, intercede, nos espera y nos muestra el camino que él inaugura para que todos nosotros también podamos llegar a la casa del Padre donde hay una morada especialmente acondicionada para cada uno. La ascensión es otra dimensión de la Resurrección, lo de subir, es una forma de hablar, porque Dios no está arriba ni abajo, está dentro, está en todos, y en Dios somos todos uno.

Nuestro compromiso

La ascensión del Señor es mucho más que un retorno a casa. No vuelve a ella de la misma manera, viene del Padre como Dios y vuelve a ella habiendo asumido nuestra naturaleza humana, nuestra fragilidad y dependencia. Ahora Cristo nos envía al mundo a bautizar y proclamar la buena noticia del evangelio transmitiendo todo lo que él nos ha enseñado. Comienza nuestra tarea, comienza el tiempo de la Iglesia. Somos ungidos y enviados como Cristo, para dar la buena noticia a los pobres, devolver la vista a los ciegos, liberar a los oprimidos y proclamar el año de gracias del Señor. No estamos solos en esta misión, el espíritu de Jesús nos acompaña y tenemos que tener los pies y el corazón dispuestos para acudir a las llamadas de dolor o del amor. Tenemos que transformar el mundo. Tenemos que rezar, predicar y propiciar el Reino de Dios que Cristo anunciaba y comunicaba con su vida, porque no queremos ser Galileos cruzados de brazos mirando al cielo.

Iluminar los ojos del corazón

En la segunda lectura, Pablo pedía para los cristianos de Éfeso, que el Dios de Jesucristo les diera espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo y les  iluminara los ojos de corazón para comprender la esperanza a la que son llamados. Durante este tiempo muchos de nosotros, en algunos momentos, hemos perdido precisamente esa esperanza en la que se fundamenta nuestra fe, la esperanza cierta de que Jesús no se desentiende de nosotros, de que nunca nos abandona, de que comparte con nosotros la historia y la vida de nuestra existencia. No podemos olvidarlo, basta un segundo de certeza ante muchos momentos de duda para convencernos y experimentar que Cristo está y estará siempre en nosotros y con nosotros hasta el fin del mundo.
Desde el envío que hace Jesús a sus discípulos, seguimos caminando junto a Jesús y en espera de las Primeras Comuniones, os dejamos la canción ¡Hágase!, que la comunidad ha regalado a los niños y familias de tercero de catequesis.

¡Hágase! (versión especial para las Comuniones)

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