FAMILIAS DE LA NATI EN TAIZE 2019

Taizé es una comunidad monástica cristiana ecuménica donde la oración, la acogida y la comunidad son los ingredientes clave, y ha estado siempre muy ligada a la vida de nuestra Comunidad: no hay más que ver la cantidad de signos que tenemos, el toque de nuestras capillas de los campas y sus cantos nos acompañan en oraciones y celebraciones desde hace mucho tiempo.  Esta presencia y seguramente el encuentro de jóvenes de esta Navidad, hizo que este verano 5 familias de la Comunidad de la Nati fuésemos a Taizé.

Si allí la diversidad de personas es muy grande (nacionalidades, religiones, edades…), en nuestro caso la diversidad eran las distintas motivaciones y expectativas de cada familia: reencuentro, exploración, respuestas, claves …

 

El ritmo diario de oración por la mañana, desayuno, introducción bíblica, compartir en familias, oración, comida, tiempo libre, representación teatral, compartir en familias, cena y oración nos ayudó a encontrar serenidad y acallar los ruidos que el día a día nos suelen acompañar. Allí la hospitalidad se percibe desde el primer momento. En cuanto llegamos, encontramos las personas que nos asignaban el lugar donde nos íbamos a alojar, donde comer, donde encontrarnos… Además, en el caso de las familias que estuvimos en la segunda tanda tuvimos la suerte de que Raquel y David fuese la familia responsable de la Acogida en Olinda (situado a unos 600m de Taize y lugar destinado a las familias), ellos encarnan el espíritu de Taizé, donde todo es fácil y los problemas no son más que oportunidades de explorar como Dios lo puede transformar.

 

Durante la semana que pasamos allí, el texto que nos acompañó diariamente fue El Éxodo (2, 3, 4, 7-12, 14, 16 y 17) en el que se narra cómo Moisés conduce al pueblo de Dios hasta la Tierra Prometida. Cada mañana, un hermano de la comunidad nos explicaba a los adultos esta parte desconocida del Antiguo Testamento. Así vimos que La Biblia no es un libro histórico, aunque contenga hechos históricos. Está escrita por creyentes y la intención espiritual de quien lo escribe es transmitir la fe y la historia de Dios con el hombre. Lo que contiene la Biblia crece con el lector y su experiencia de fe. Se descubre el mensaje viviéndolo.

Gracias a la escucha del hermano y el compartir posterior con el resto de familias, un texto a veces difícil de entender se fue convirtiendo en palabras que nos han hablado de identidad y libertad, descubrimos como Moisés trató de poner mil excusas para no ser él quien guiase al pueblo, y como Dios aceptándonos como somos le buscó un aliado, su hermano Aarón, para que pudiera cumplir su misión, como el mar representaba el caos para los egipcios y lo difícil que fue para el Pueblo de Dios confiar en Moisés para cruzar el mar Rojo. Fue especialmente enriquecedor que nos acercaran a la conexión del Antiguo y el Nuevo testamento, porque adentrándonos estos días en la historia de Moisés, el mensaje de Jesús adquiere un significado y una plenitud nuevas que ni intuíamos antes.

Para nosotros, el mensaje escondido del Éxodo se ha convertido en un mensaje de Dios actual para cada familia que estábamos allí,  que estamos llamados a vivir nuestro proyecto en Dios, proyecto que también tiene cadenas y que, como el Pueblo de Israel, estamos llamados a ser liberados de ellas y caminar hacia Nuestra Tierra Prometida.

Además, pudimos disfrutar de la representación teatral que se llevaba a cabo durante la tarde y en la que están también los niños y niñas.

Hace 19 años cuando la primera familia de la comunidad estuvo en Olinda, fue lo que nos inspiró para preparar nuestros  “Buenos días” de los campamentos posteriores. Tuvimos la oportunidad de hablar con Orsi, mujer húngara que vive en Taize con su familia y es la responsable de esta parte de los encuentros de familias, y contarle como se había transformado nuestros campamentos gracias a la representación teatral del texto. En la representación del Éxodo de estos dos años ha sido la primera vez que se introducía la figura de Dios, y fue emocionante ver como cada día uno de los voluntarios hacía ese papel, así tuvimos a un Dios representado por una chica africana, un chico indio, una chica alemana, un chico argentino … y es que Dios no tiene una única imagen. Por la mañana un día compartía el hermano lo que significaban las palabras de Dios “Yo soy el que soy”: Dios no puede ser definido ni estar encorsetado en una imagen concreta porque sólo puede ser vivido, y en esa experiencia individual de cada uno, Dios se muestra de formas diferentes para que podamos  reconocerlo. Este mensaje quedó grabado en nosotros con esas imágenes diversas y que cambiaban cada día de Dios. Vimos como el pueblo de Dios era liberado de la tiranía de Zutopía y lograba, no sin pasar penurias y tener tentaciones para volver, llegar a la Tierra Prometida. La música también tenía una importancia grande, y cada canción estaba vinculada a un momento concreto: esclavitud, presencia de Dios…

Y mención especial a las oraciones, todos juntos, era el momento en el que los grupos de familias, se juntaban con los jóvenes y los adultos además de los hermanos y voluntarios, casi 4.000 personas cantando, compartiendo el silencio y logrando mostrar que un mundo diferente es posible en el que hay cabida para la hospitalidad, la confianza y la esperanza.

También es cierto que no todo fue un camino de rosas, el calor, el cansancio, la lluvia, las expectativas no cumplidas pusieron a prueba la experiencia y nuestra confianza… ¡Cómo en la vida! Y al revisar la semana que habíamos vivido cada uno,algunas palabras y sentimientos que resumen la experiencia y que guardamos en nuestro corazón son: colaboración, ayuda, silencio, hospitalidad, sencillez, confianza, rezo, implicación, participación, esperanza, agradecimiento…  Todo ello fruto de haber tenido un tiempo para cultivar nuestra relación con Dios gracias a la oración con los cantos y silencios que nos han traído paz interior, y gracias a la experiencia de ser parte de la familia y el plan de Dios rezando todos juntos a diario, compartiendo con otras familias y participando en el servicio comunitario.

Juan Pablo II decía: «Se pasa por Taizé como junto a una fuente. El viajero se detiene, se refresca y continúa su camino». Eso es lo que nos ha ocurrido a nosotros. Se ha renovado nuestra relación de Dios y ahora, en nuestra Tierra prometida que es nuestras familias y lugares de vida en Madrid, continuaremos nuestro camino de una forma nueva.

Os dejamos esta canción…era la que sonaba cada vez que Dios, en sus múltiples imágenes, se acercaba al pueblo de Dios, a cada uno de nosotros, en la representación del Éxodo por las tarde.

Miliamba, de Ablaye Cissoko & Volker Goetze

 

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