FELIZ NAVIDAD PARA TODOS

Qué difícil suena nuestro alegre “Feliz Navidad” cuando estamos ante personas que sufren enfermedad, pobreza, tristeza, dificultades e incluso odio o rencor. Y es que hay muchas formas de desearnos una feliz Navidad. Quizás un abrazo, una sonrisa, escuchar o simplemente un acompañar en silencio, es nuestro modo de desearlo, de acompañar y acoger al que sufre y decirle que Dios está con ellos y les quieren tal y como son y están.

Eso es lo que hemos intentado con el signo de los claveles, bendecidos en la Eucaristía de Nochebuena: acercarnos un poco a la Navidad de los que el niño Jesús hubiera preferido ver el día que nació ante él; como los pastores, con limitaciones, miedos, frío y sin entender, pero allí delante de Él, porque son sus preferidos.

Comenzamos con esta sencilla oración que nos ha dispuesto para llevar a los destinatarios el amor de Dios y de su palabra:

La Navidad es:

ADORAR a Dios que se hizo hombre para todos los hombres

BENDECIR su nombre siempre y en cada momento de la vida.

CONTEMPLAR el gran misterio de la noche santa, la noche del nacimiento de Jesús.

DESPRENDERSE del hombre viejo y vivir según el espíritu.

ENALTECER lo bueno que hay en cada uno, imagen de Dios.

FORTALECER las actitudes del evangelio en nuestras vidas.

GENERAR nueva vida a la luz de la familia de Nazaret.

HUMILLARSE desde nuestra pequeñez ante la divinidad de Dios.

INTENSIFICAR los momentos de encuentro con quien sabemos nos ama.

JERARQUIZAR nuestras opciones, buscando lo más urgente, oportuno y eficaz.

LLENARSE de la ternura del Niño Dios y derrocharla a los demás.

MARAVILLARSE ante la pequeñez de un Dios pobre y cercano.

NARRAR la historia de la salvación en nuestra vida.

OFRECER todo lo que somos para que otros sean más felices.

POSTRARSE ante la pobreza y sencillez del Niño de Belén.

Nuestros claveles son sencillos pero llevan mucho cariño de la Comunidad a todos los destinatarios. Más aún cuando han sido un regalo generoso y emocionado de Silvosa, que no ha dudado en darnos tantos claveles como han sido necesarios, todos ellos preciosos. Desde aquí nuestro agradecimiento más sincero.

Otra oportunidad que hemos tenido de hacer posible ese “Feliz Navidad para todos” ha sido la participación en la preparación de la Comida de Navidad de Sant´Egidio. Gracias por los regalos, aperitivos y tortillas que tan generosamente habéis compartido. Más de mil personas, en cuatro lugares de Madrid, comieron y compartieron la alegría de la Navidad, la esperanza de que es posible un mundo en el que todos tienen cabida y donde la alegría se encuentra al compartir, no al consumir.

Algunas familias de nuestra comunidad con sus hijos estuvieron en la preparación de los comedores el día 21, adornando y preparando las mesas. Así resumen los más pequeños y jóvenes de nuestra comunidad qué supuso para ellos aquella mañana: “lo que más me gustó fue el buen ambiente que se respiraba y que nos dijeron que no había que hacer las cosas con prisa, sino bien y con amor”, “nos cuidaron con un aperitivo muy rico”, “lo que pasa en Sant´Egidio es un milagro”, “trabajar y decorar para hacer que las personas que viven en la calle pudieran estar felices disfrutando con las cosas que habíamos hecho y comiendo en compañía”. Una de las familias hizo luego los mismos adornos en su casa y al bendecir la mesa, una de las niñas que había estado allí, explicaba al resto de la familia que los amigos de la calle tenían el mismo derecho que ella a celebrar la Navidad y que Sant´Egidio hace que ese día se sientan acogidos y en su casa.

Algunas personas también compartieron la mesa aquel día. Así lo vivió una de ellas: “Es un regalo en mi vida de Fe y en la vida Comunitaria, que el Señor me elija para colaborar con Él en esta comida, acogiendo, escuchando, compartiendo, gozando y hasta doliendo con las situaciones de pobreza física, psíquica y social a las que la vida nos puede llevar. Este año, he compartido una mesa muy dura. Cada año, es distinto y lo mejor es siempre la presencia de Dios en las distintas formas de vida y desde mi pobre persona,  poder colaborar con el Milagro de este dia, en el que todos nos sentimos iguales, nos acompañamos mutuamente, dejo de pensar en mi y lo dedico a escuchar a Dios en esas personas que yo no elijo, sino en las que Él pone a mi lado cada año. He compartido la mesa con una familia ecuatoriana con niños que viven en habitaciones, acompañados el resto del año por la comunidad de Sant´Egidio y las Escuela de la Paz, y con tres hombres de paises del Este que vivien en la calle junto al Manzanares. Ahí estaban todos los contrastes de la vida: la humildad, sencillez, agradecimiento y ternura sentadas a la mesa con la dureza, la agresividad, la frialdad y la distancia. Y la grandeza de Dios es que viene al mundo por cada uno de ellos sea cual sea su situación. Entre nuestra vida, que a veces decimos que es pobre y sencilla, y la realidad que existe en el mundo, hay un abismo. Le pido al Señor que nos de Luz para ver el otro lado, a cada uno de nosotros y a la Comunidad de la Natividad”.

Sigamos haciendo posible que Feliz Navidad sea de verdad para todos los hombres y mujeres del mundo.

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