FIESTA DEL ENCUENTRO Y LA ESPERANZA

Hoy, cuarto domingo del tiempo ordinario, hemos celebrado el día de la Presentación del Señor y la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. 

En el evangelio de hoy, hemos escuchado cómo José y María, siguiendo la tradición y cumpliendo con la ley, presentan a Jesús en el templo. Éste es el primer encuentro de Jesús con su pueblo, es la gran Fiesta del encuentro. Es una nueva epifanía, una nueva manifestación de Dios a su pueblo, y ocurre gracias al encuentro de dos jóvenes (José y María con su hijo Jesús) y dos ancianos (Simeón y Ana, los dos pobres de espíritu que esperaban en Dios). Simeón y Ana reconocen en el niño al Dios que estaban esperando, sus ojos ven la Luz en ese niño y sus vidas se llenan de Alegría y Esperanza para siempre. Se repiten de nuevo dos claves fundamentales de Navidad: Dios es reconocido por los más sencillos y sus vidas se transforman. 

Jesús hoy también viene al encuentro de cada uno de nosotros y nos hace el regalo de su luz. ¿Lo reconocemos como Simeón y Ana?

El grupo de postcomunión, que ha preparado la celebración de hoy, nos ha acercado a la Jornada Mundial de la Vida Consagrada propuesta por el Papa, que lleva el lema “La vida consagrada con María, esperanza de un mundo sufriente”.

Este grupo no ha ayudado a entender que la vida consagrada no es solo la vida religiosa, sino que hay más formas de vida consagrada. Y así, han invitado a Mª Jesús, laica consagrada de nuestra comunidad, para que pudiéramos escuchar su testimonio.

Mª Jesús ha compartido con nosotros el origen de su vocación en medio de nuestra comunidad, cuando, en un momento concreto de su vida, surgen en ella las preguntas esenciales del ser humano: ¿quién soy yo?, ¿para quién vivo yo?, ¿qué sentido tiene mi vida?, ¿qué es el amor y qué amor busco?, ¿existe un amor eterno y que perdona? Mientras esas preguntas iban naciendo en su corazón, empieza un itinerario que transformará su vida y en él, Dios le regala encontrarse con la comunidad de la Natividad y la experiencia de sentir que le habla a través de la Palabra, en la que ella fue escuchando, de esa forma tan suave que tiene Dios de hablarnos: “Yo soy, yo soy, yo soy…” En ese itinerario descubrió que no había nada más importante que Dios, ni trabajo, ni estudios, ni relaciones. Y dos versículos le han acompañado este tiempo: “Buscad el Reino de Dios y su justicia, y lo demás se te dará por añadidura” y “El que quiera guardar su vida, la perderá; el que entregue su vida por mí, la ganará”.  Así fue creciendo su relación con el Señor, sin saber concretar dónde vivir ésto, porque la vida consagrada religiosa no permitía dar respuesta a algo que para ella era fundamental: vivir con su familia. Se fió y esperó sin respuestas concretas (como Simeón y Ana), se formó estudiando Teología como forma de servir a la Iglesia y siguió compartiendo su vida en la comunidad de la Natividad. Y poco a poco, se fue clarificando su carisma sacerdotal en un Instituto secular, que son laicos y laicas consagradas que viven en medio del mundo. Ahora es profesora en la Facultad de Teología la Universidad Pontificia Comillas, vive en su familia a la que nunca ha dejado, sí la ha entregado al Señor y es también lugar de misión.

Los laicos consagrados son una presencia en medio del mundo que dicen que Dios es Dios y que estamos hechos para Él. Sus vidas son signos que anuncian que podemos ser liberados de las esclavitudes del mundo y que estamos llamados a vivir de una forma libre y plena. Como dice el lema, son signo de esperanza para tantas personas que sufren, porque anuncian a Dios que libera, sana y salva.

Ha terminado su testimonio dando gracias a Dios por su familia, por su paciencia, generosidad y por haberse fiado y entregado a su hija, cuando las preocupaciones del mundo también les hacían dudar. Ha animado a las familias a que cuidemos las vocaciones que puedan surgir en nuestros hijos o hijas, que no las ahoguemos por las esclavitudes del mundo y que sepamos confiar en Dios. Lo más importante que podemos regalar a nuestros hijos e hijas es ayudarles a crecer en su relación con Dios.

En el ofertorio, el grupo de postcomunión ha presentado dos signos que resumen lo que hemos vivido: 

  • Un imagen de la Virgen María, como el mayor ejemplo de vida consagrada y entregada a Jesús, para que nos inspire a seguirle cada día. 
  • la Paloma de Noé que representa la esperanza, como signo de que la vida consagrada necesita confianza y esperanza en la palabra de Dios.

En la oración de fieles hemos pedido por todas la personas consagradas que anuncian esperanza en el mundo.

En la comunión hemos cantado con el coro “Bienaventuranzas” de Kairoi. Todos estamos llamados a ser esperanza en el mundo viviendo lo que dice la canción: “aquel que da su vida para los demás, tendrá siempre al Señor”.

Avisos para la semana: 

  • Martes 4 de febrero: Oración comunitaria
  • Viernes 7 de febrero: Cena del hambre». de la campaña de MANOS UNIDAS CONTRA EL HAMBRE. En la Parroquia de la Presentación 
  • Domingo 9 de febrero: Celebración Campaña contra el Hambre. Estará con nosotros Germán, padre blanco.

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