HACIENDO EL CAMINO HACIA EMAÚS

En este tercer domingo de Pascua, el Resucitado sale a nuestro en encuentro, camina a nuestro lado, escucha nuestras decepciones y tristezas y hace arder nuestro corazón con su Palabra y al partir el pan. Y aunque aparentemente desaparece, entra en nuestra casa para quedarse con nosotros para siempre.

Os dejamos la homilía de Felipe.

El Regalo de la Resurrección del Señor.

Una vez más la liturgia nos transmite un encuentro de Jesús Resucitado con los suyos. Los discípulos no hacen nada para provocar estos encuentros. Los relatos insisten en que es Jesús el que toma la iniciativa. Es él quien se impone lleno de vida, obligándoles a salir de su desconcierto e incredulidad, es él quien se hace presente en sus vidas desbordando todas sus expectativas y convirtiendo esos encuentros en una auténtico “Don y Gracia” de Dios.

Los discípulos son conscientes de que abandonaron a Jesús, que le dejaron solo. Esa pena que hay en su corazón no es solo tristeza por su muerte; es también un sentimiento de culpa, sin embargo, los relatos no registran ningún reproche o recuerdo de condena. El encuentro con Jesús es siempre una experiencia de perdón, una experiencia pacificadora.

Es en este marco en el que debemos situar el relato de Emaús, donde se nos describe de forma magistral la transformación que se produce en los discípulos al acoger en su vida a Jesús Resucitado. Caminaban “con aire entristecido”, y al escuchar sus Palabras, “sienten arder su corazón”; se habían derrumbado al comprobar la muerte de Jesús, pero al experimentarlo lleno de vida, descubren que sus esperanzas no eran exageradas, sino demasiado humanas y limitadas, se habían alejado del grupo de discípulos, frustrados por todo lo ocurrido, y ahora vuelven a Jerusalén a contar a todos “lo que les ha pasado en el camino” Para ellos es el comienzo de una nueva vida.

¿Pero dónde está Emaús, la aldea a la que se dirigían estos dos discípulos?

Emaús representa en realidad todos los lugares. El camino que conduce a Emaús es el camino de todo cristiano cuando consentimos que Jesús Resucitado se convierta en compañero de viaje para reavivar en nuestro corazón el calor de la fe y la esperanza perdidas, y partir el pan de la vida eterna. Este es el gran mensaje de este relato: “Y entró para quedarse con ellos”. Imagina que el Resucitado recorre hoy junto a ti todos tus caminos. Cuando no comprendas tu vida, lo que te ocurre, pregúntale cuál es el significado de todo. Muéstrale tu decepción. Quizá descubras que todo aquello que te sucede tiene un profundo significado que a simple vista no puedes comprender.

“Nosotros esperábamos”

En la conversación de los discípulos con el peregrino desconocido impresiona esta expresión que el evangelista Lucas pone en los labios de uno de ellos:” Nosotros esperábamos”. Este verbo en pasado pone ante nuestros ojos el dolor y el sentimiento de fracaso que ellos experimentaron: hemos creído, hemos seguido, hemos esperado… pero ahora todo ha terminado. También Jesús de Nazaret, que se había manifestado como un profeta poderoso en obras y palabras, ha fracasado y nosotros estamos decepcionados.

Este drama de los discípulos de Emaús es como un espejo en el que cada uno de nosotros podemos mirarnos, nosotros también esperábamos, esperábamos muchas cosas que no han sucedido como nosotros teníamos pensado, esperábamos que esta pandemia, esta situación de confinamiento no iba a llegar y no nos iba a dejar tan heridos, sin respuestas, sin certezas, sin horizontes, incluso sin fe en muchas ocasiones, porque muchas veces hemos construido una religión a nuestra medida. La fe entra en crisis por las experiencias negativas que nos llevan a sentirnos abandonados por el Señor.

Pero en toda crisis se abre una oportunidad.

Este camino hacia Emaús que todos recorremos, puede ser un camino para purificar, reforzar y afianzar nuestra frágil fe en Dios. También hoy podemos entablar un diálogo con Jesús escuchando su Palabra. También hoy, él se entrega así mismo y parte y reparte el pan para nosotros que es su cuerpo. Y así, como nos dice el papa Benedicto XVI: “el encuentro con Cristo Resucitado, que es posible también hoy, nos da una fe más profunda y auténtica; una fe sólida, porque no se alimenta de ideas humanas, sino de la Palabra de Dios y de su presencia real en la Eucaristía”, y así sentir que también nuestro corazón ardía como los de Emaús. Pero, en cada encuentro con el Resucitado, surge la necesidad de comunicarlo, anunciarlo y contagiar a otros. Encontrarse con él es sentirse llamado a anunciar la Buena Noticia de Jesús Resucitado que hemos experimentado en su Palabra, en la Eucaristía, en la comunidad, en el camino de la vida por muy duro que éste sea. Vuelve a Jerusalén, al primer amor. Jesús siempre te espera, acompaña y perdona, porque él siempre se queda y está con nosotros. 

Os dejamos la canción “Enciéndeme” del grupo Hakuna, que nos pueda acompañar esta semana y siga encendiendo nuestros corazones cada día para ser su luz en el mundo.

Hakuna-Group-Music-Enciéndeme

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