HUMILDES Y GENEROSOS, COMO LOS MAGOS

El pasado 5 de enero, tuvimos la suerte de ver un Auto de Reyes preparado por los catequistas y jóvenes de nuestra Comunidad. ¡Qué gran regalo!

Pudimos descubrir cómo unos reyes sabios y poderosos decidieron hacer caso a una señal del cielo para ir a buscar…no sabían qué, pero se fiaron. Quizás buscaban lo que nosotros también buscamos insistentemente. Esta fué la reflexión que hicimos juntos después de ver el Auto:

Amanecemos todos los días y desde que abrimos los ojos solo nos mueve un deseo: ser felices. Cada día elegimos lo que hacemos, dónde vamos, con quién estamos, qué comemos, qué compramos…con el único fin de colmar este deseo. Pero van pasando los días, va pasando la vida y nuestro corazón se llena de ruido, de gente, de luces, de regalos, de conversaciones, de experiencias…que más que llenarnos nos vacían. Y nos encontramos con un hueco enorme que nada ni nadie es capaz de llenar.  Ahora tenemos la oportunidad de ser conscientes de que Dios viene a nosotros en forma de niño para hacerse uno de nosotros, accesible y cercano, para llenar ese hueco que tenemos en nuestra alma.

Durante el Adviento hemos vivido un tiempo de espera para recibir al Niño Dios pero también ha sido Su tiempo de espera impasible para volver a decirnos: te quiero con locura, estoy a la puerta de tu corazón y llamo de día y de noche, porque quiero que me dejes nacer en ti. 

En medio de nuestra vida caótica, de nuestros sufrimientos, de nuestros pecados, de nuestra miseria, en nuestro pesebre sucio y sencillo ahí es justo donde esta Navidad quiere nacer el Rey de Reyes. Y tú puedes hacer dos cosas: decirle que mejor el año que viene te preparas mejor porque este te ha pillado despistado o abrirle las puertas de par en par. No solo una rendija con miedo, sino de verdad de par en par.

Y con esta preparación llegamos a la fiesta de Reyes. El camino que hicieron los sabios de oriente es una catequesis preciosa y una invitación para cada uno para hacer su mismo recorrido. Ellos, sabios y conocedores de las estrellas, vieron una que no conocían y tuvieron la humildad de abrir los ojos y el corazón para ver qué escondía y dónde podía conducirles. Se fiaron y dejaron la seguridad de sus tierras y las certezas de sus conocimientos para seguirla. Generosos, entregaron lo mejor que tenían al niño que encontraron. Y después de encontrarse con Dios, volvieron a su vida por otro camino, su vida había cambiado tras aquel encuentro y no podía ser como antes. Volvieron a sus tierras por un camino nuevo y con un corazón nuevo lleno de la luz del Dios hecho niño.

A punto de terminar este tiempo de Navidad, estamos invitados como los sabios de Oriente, a volver a nuestras vidas por un camino nuevo y con un corazón nuevo lleno de la luz y la ternura del niño Dios que, este año también, ha nacido para ti y para mí. Para toda la humanidad. Esa luz y ternura podrán llenar de esperanza este tiempo que vivimos.

Todavía sin comentarios.

Puedes escribir un comentario

NOTA: Los campos marcados con (*) son necesarios para poder escribir un comentario. Por favor, escribe datos reales, para que podamos ponernos en contacto contigo si fuera preciso. Gracias.