INICIO DE CURSO EN COMUNIDAD

Hemos vivido un fin de semana muy especial, y entre cambios e incertidumbres, hemos sentido que Dios nos regala muchos motivos para darle gracias.

El viernes por la tarde celebramos el sacramento de la reconciliación para los niños que harán la Comunión en los próximos dos fines de semana. No sabíamos si podríamos llegar a celebrarlo por las medidas que se han ido imponiendo, y finalmente tuvimos una celebración sencilla.  Nos guió el Evangelio del Padre Bueno o del Hijo pródigo que nos muestra a nuestro padre Dios siempre esperándonos con los brazos abiertos para perdonarnos porque somos sus hijos, lo más preciado para él. Después de un sencillo examen de conciencia, los niños llevaban escritas sus faltas en un papel que fueron dejando en manos de Dios (nuestra querida mano verde de los campamentos) y recibiendo uno a uno la absolución del sacerdote. Pudimos ver a los niños tranquilos y viviendo este sacramento con alegría y paz. Nos ayudó mucho el coro que nos regaló canciones alegres y que recordaban que celebrar con Jesús es una fiesta, que siempre va con nosotros y que nos envía para transmitir su palabra allá donde vayamos. 

El sábado tuvimos el encuentro de inicio de curso de los agentes de pastoral de la comunidad. Comenzamos con la oración (Oración inicio de curso 2020-2021. Ser pan partido (con canciones) ante el Santísimo y con la invitación a SER PAN PARTIDO durante este curso que comienza desde la experiencia de recibir el pan en la EUCARISTÍA. Tras un rato de silencio con el texto Jesucristo modelo, del Padre Arrupe, tuvimos un encuentro en pequeños grupos con personas de las áreas de Liturgia, Cáritas y Catequesis.

Nos situamos ante este nuevo curso con agradecimiento por la Eucaristía que nos sostiene en la pandemia, por la Comunidad que nos cuida, por el «SÍ» de los chicos y chicas recién confirmados y por los adultos que han mantenido viva la comunidad desde la Eucaristía diaria, la oración, la atención a los que más están sufriendo en este tiempo y todo tipo de servicio en lo escondido. 

Queremos poner en manos de Dios nuestra tristeza, soledad, las incertidumbres y miedos, los abrazos y besos que tanto echamos de menos. Sentimos que este tiempo nos lleva a volvernos a lo esencial: lo más sencillo, lo espiritual y al encuentro personal con Dios. 

Le pedimos a Dios que nos ayude a estar atentos, a cuidar los unos de los otros y a adaptarnos a los cambios, que nos dé fuerza para entregar nuestros dones, que nos regale su paz, alegría y esperanza para vivir este tiempo y así ser reflejo del Amor de Dios para los demás. 

En este curso que comienza, queremos ser comunidad que se alimenta en la Eucaristía, que en ella nos dejemos mirar el corazón por Jesús y vaya cambiando nuestra mirada para poder entregar la vida y luchar por su justicia. 

Solo “partiéndonos”, como el pan, llegaremos a todos. 

Y la liturgia del domingo nos regaló el Evangelio del denario prometido a los trabajadores de una viña. Tenemos la certeza de que las promesas de Dios son para todos, independientemente de que tengamos más oportunidades en la vida o lleguemos antes o después. 

Ante Dios somos iguales y a todos nos ha prometido la vida eterna. Sin embargo, no deja de ofrecernos momentos para volvernos a él y sentirnos amados durante toda nuestra vida. Su regalo ya lo tenemos concedido, solo tenemos que mirarlo y llamarlo “Padre”. 

Os dejamos una de las canciones que escuchamos en nuestro comienzo de curso:

«Envíame» de Ixcis

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