JESÚS EN LA CRUZ

Seguimos compartiendo la vida y el camino de Jesús hacia la Cruz, contemplando las cruces de nuestra vida y nuestro mundo.Hoy es día de pocas palabras. En el silencio del Viernes Santo, os dejamos el mensaje de Dios para cada uno, que nos habla con la homilía de Cele.

En la primera lectura, Isaías, quinientos años antes de Jesús, nos describe con un realismo trágico la suerte del Siervo de Yhavhé, que se aplica a Jesús en su camino de la Cruz: «le vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres, varón de dolores, ante el cual se oculta el rostro…soportó nuestros sufrimientos… sus heridas nos curaron…le arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo…’

La peor cruz que estamos viviendo ahora es la Pandemia del Coronavirus. Nos ha sorprendido a todos de una forma inesperada e invisible. Y nos hemos dado cuenta de que todo el mundo estamos sintiéndonos frágiles, desorientados y amenazados. Pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios para remar juntos en el mismo barco

Miremos a Cristo Crucificado, como los hebreos, en el desierto, miraban a la serpiente de bronce y quedaban curados. Contemplemos sus golpes y cardenales, sus heridas y sus llagas que fueron abiertas por nuestros pecados. Él quiso triturarlos con el sufrimiento. Fue azotado, clavado en la Cruz, lanceado. Pero sus cicatrices nos curaron. Sus heridas se convirtieron en fuentes de salvación. Su sacrificio, de expiación y comunión, salvó al mundo, porque era santo e inocente.

Seguidores del Padre Pío, siguiendo la vocación del mismo, fundaron el instituto llamado «Siervos del sufrimiento», cuya misión consiste en extender por el mundo el gran valor del sufrimiento corporal y espiritual de cada uno por la conversión de los no creyentes y por los pecados de todos. Personas abnegadas que ofrecen diariamente sus sufrimientos, grandes y pequeños por la conversión y pecados de los demás. Asociándose así, a la pasión salvadora de Cristo, siendo corredentores con Él. Cosa, que, con la ayuda de Dios y nuestra voluntad, podemos hacerlo todos. El P. Pio dirá » son muchos los que vienen a que les quite la cruz, los sufrimientos, pero pocos le que me piden que les ayude a llevarlos».

En la Pasión, según Juan, se nos presenta a un Jesús sereno, dueño de la situación en cada momento, aún sabiendo lo que le espera hasta el final.

Jesús inicia el diálogo con los que le van a entregar. «¿A quién buscáis?.A Jesús Nazareno… Soy yo, y la patrulla asaltante, cayó en tierra». Pilato siente miedo ante Jesús, intenta varias veces dejarle en libertad. Detrás de esta forma de actuar de Jesús está el amor con el que ama y se siente amado por el Padre.

Volvemos al amor más grande de ayer. San Juan ve a Jesús crucificado, a la luz de la Pascua, Jesús no es el derrotado sino, el que es exaltado, el que ha de atraer a todos hacia sí mismo.

La última parte del evangelio tiene una muy rica simbología. Destaca la presencia de María que con el apelativo de «mujer, ahí tienes a tu hijo», pasa a ser madre de la nueva humanidad, madre de la Iglesia, representada en el discípulo amado, en Juan, que nos representa a todos con las palabras; «ahí tienes a tu madre». Jesús no sólo se nos da él, sino que nos entrega a su madre.

«Tengo sed» no es una petición de agua, sino el deseo de consumar su obra, de que se tenga sed de Él, que se extiende a todas las épocas de la historia y cuya consumación debemos realizar la Iglesia. «Entregó su Espíritu», no se refiere sólo al hecho de expirar, sino al don del Espíritu Santo, prometido en la sobremesa de la Cena pascual.

El Crucificado se convertirá también en el traspasado. A partir de entonces la cruz se convertirá en fuente perenne de gracia. De su costado brotó sangre y agua, alusión a los dos sacramentos fundamentales:Bautismo y Eucaristía.Esta mirada de fe llena nuestro corazón de esperanza. Realmente, la Cruz de Cristo es, el amor de Dios hecho certeza victoriosa. No podemos dudar que Dios nos quiere, nos perdona, nos salva. La Cruz es vida para todos. En la Cruz se manifestó la gloria de Dios por medio de un amor que lo da todo, un amor que se vacía y anonada, pero que está enriqueciendo y elevando al mundo. «La gloria de Dios es que el hombre viva», aunque él tenga que morir. Este amor que muere para dar la vida es la verdadera luz del mundo.

Jesús se abandonó en el Padre en este momento en que debía de ser realmente difícil fiarse, y el Padre estuvo con él. Que la canción “Padre me pongo en tus manos” de Luis Guitarra, nos ayude a crecer en esta experiencia de abandono en sus manos.

Padre me pongo en tus manos

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