LA SAL Y LUZ DE NUESTRA TIERRA

Este domingo nos han recibido en el templo un montón de niños, muchos de ellos vestidos con prendas blancas. Y es que celebrábamos muchas cosas y entre ellas, el bautizo de una de las niñas de Catequesis y la renovación del bautismo de los niños que este año harán la Primera Comunión.

Además, era el día de Manos Unidas, con el lema QUIEN MÁS SUFRE EL MALTRATO DEL PLANETA NO ERES TÚ. ¡Qué difícil es ponerse en el otro lado del cambio climático, desertización, desgaste de los recursos naturales y de energía…! Desde nuestra vida supone un posible motivo de preocupación, pero en zonas como África subsahariana, supone una falta grave de alimento y agua, además de otros recursos básicos.

Manos Unidas lucha contra el hambre y promueve el desarrollo humano integral de todas las personas. Este 2020 es momento de luchar por un planeta sostenible y contra la pobreza y el cuidado del medio ambiente, nuestra «casa común».

Os dejamos el vídeo de presentación de la campaña:

Las lecturas de este domingo nos hablan de cómo tenemos que ser en nuestra vida, con dos signos tan sencillos como la sal, que da sabor a todo, y la luz, que nos permite ver lo que hay alrededor, iluminar a otros y guiarnos a nosotros mismos. Además, tuvimos la suerte de ver cómo la luz, en el bautismo encendida en el cirio pascual, recuerda la noche de pascua y todo el misterio de Cristo que, muerto y resucitado, es luz para nuestras vidas. Una luz que ha de brillar en nuestra sociedad.

La alegría que Mar nos ha trasmitido en su bautismo cuando ha recibido el agua, la vestidura blanca, el crisma y la luz, se ha unido a la de todos sus compañeros que también renovaban el bautismo y han recibido, ya conscientes, la luz de Cristo y el agua bendecida.

Felipe nos recordaba que las lecturas nos aclaran qué significa alabar a Dios. Alabamos al Señor siendo sal y luz. Somos sal y luz cuando partes tu pan con el hambriento, cuando vistes al desnudo, cuando acoges al peregrino, al emigrante; cuando das cabida en tu casa a los que no tiene techo, entonces, tu oscuridad se volverá luz de medio día.

Esto parece muy complicado, pero podemos seguir el modelo de Jesús. Él se daba a sí mismo y daba todo lo que había recibido de Dios. Esto sólo podemos hacerlo si antes hemos estado con Jesús, si lo conocemos.

En la oración de los fieles hemos pedido porque seamos capaces de cuidar más nuestro mundo.

Un signo que han hecho los niños es sembrar unas semillas de tomate y pimiento en unas pequeñas jardineras que van a cuidar para que crezcan. Ellos nos decían que quieren participar, como cristianos e hijos de Dios, en el cuidado de nuestro planeta para que la vida en él sea más justa, se acaben las desigualdades y el mundo sea un reflejo del amor de Dios. Van a cuidar las plantas observando sus necesidades de tierra, agua, sol y aire y sobretodo, de cuidado y mimo.

Para finalizar, hemos leído todos juntos la oración final que os dejamos:

Estoy creciendo, Señor, y eso me hace feliz.

Ayúdame a crecer también en el corazón.

Que me preocupe del mundo que me rodea y de la naturaleza que has creado.

Quiero parecerme a Ti, trabajar con amor, sin buscar premios ni recompensas, cuidar a los demás y al planeta en el que vivo.

Cuídame, Padre, como cuidaste a tu hijo Jesús cuando crecía.

Hazme como Él, con sus mismos sentimientos y actitudes. Que crezca como buen hijo tuyo en armonía con el planeta. Amén.

Esta semana somos enviados a dar gusto y sabor a la vida y a ser pequeñas luces que animen a otros a seguir a Jesús y a hacer felices a los demás. Os dejamos la canción Enciéndeme (Hakuna Group Music)

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