LAS MATEMÁTICAS DE DIOS

En la liturgia de este fin de semana seguimos escuchando parábolas que nos preparan para la llegada del Adviento. En la parábola de los talentos que se entregan a tres siervos, cada uno de ellos es diferente, pero todos han recibido algo. Del mismo modo, sabemos que Dios nos ha entregado a cada uno de nosotros unos talentos, el primero de ellos y más importante, la vida, pero no solo eso, sino muchos otros dones que estamos invitados a compartir.

En muchas lecturas se habla del “temor de Dios”, que no es tener miedo a Dios, sino miedo a perderlo, a llegar a estar lejos de él. Por eso, estamos invitados a cuidar nuestra relación con él y a invertir en Dios, nuestra vida, nuestros talentos y capacidades. En la medida que invirtamos, más tendremos; no perdemos, porque las matemáticas de Dios son diferentes a las nuestras: cuánto más damos, más recibimos y ganamos en riqueza espiritual. 

Durante la pandemia hemos visto muchas manos tendidas, mucha entrega de vida de tantas personas, por eso el Papa Francisco nos dice que no podemos volver a un mundo injusto y materialista, tenemos que cambiar e invertir en el banco de la solidaridad, del amor, de la entrega; es lo único que nos hace plenamente felices. Esto ocurre cuando nos damos, cuando invertimos nuestros talentos sin buscar nada a cambio, con la gratuidad que nos da sentir que Dios nos ha dado la vida y los talentos gratis. Tiende la mano al prójimo y en cada uno de los hermanos y hermanas, podrás ver a Cristo. 

En las celebraciones hemos tenido un signo de ese “tiende la mano” con nuestra querida mano verde de Dios. Él también nos la tiende continuamente, acompañándonos e invirtiendo durante toda la vida en nosotros, confiando y esperando. A los lados de esa mano teníamos mensajes y cada uno hemos podido coger uno para escuchar qué nos quiere regalar hoy a cada uno de nosotros en particular. Comparto el que me ha tocado como mensaje central para guiar toda una vida: “ Sobre todo, ámense los unos a los otros fervientemente, ya que el amor cubre multitud de pecados” (Pedro 4:8). 

Hoy Dios nos pregunta: ¿qué puedo dar?, ¿con quién puedo compartir mis dones y darle todo lo que he recibido?, en definita, ¿qué estoy haciendo con mi vida?. No valen excusas de que no hemos recibido bastante o que tenemos miedo a emplearlo, porque el que entierra su talento, entierra su capacidad para amar, para entregarse, para poner en marcha lo que Dios quiere de cada uno. 

Para seguir dándonos, en la celebración también hemos recibido otro mensaje importante sobre nuestro IX cocido de Embarrados. Este año no puede ser en directo, será virtual, haciendo lo que hemos ido aprendiendo en esta pandemia: estar unidos aunque tengamos que estar separados. Así, podremos unirnos a nuestros hermanos de Bolivia y Burundi que sufren especialmente en esta pandemia. En la web de Embarrados podréis ver todos los detalles de cómo se puede aportar y qué actividades habrá. Será el sábado 28 de noviembre, ¡ya quedan solo 2 semanas!. 

Os dejamos la canción “Yo creo en las promesas de Dios” para que os pueda acompañar durante la semana y saborear el regalo de lo que nos ocurre cuando “somos fieles en lo poco”

Yo creo en las promesas (de Daniel Poli), cantada por el Coro de la Nati

Todavía sin comentarios.

Puedes escribir un comentario

NOTA: Los campos marcados con (*) son necesarios para poder escribir un comentario. Por favor, escribe datos reales, para que podamos ponernos en contacto contigo si fuera preciso. Gracias.