LECTIO DIVINA – CICLO A – TIEMPO ORDINARIO DOMINGO XXVIII

Lectura del libro de Isaías 25, 6-10a

Lectio: composición gráfica utilizando los motivos principales de la vidriera de la parroquia de la Natividad de Nuestra Señora en Moratalaz, Madrid

Preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares exquisitos, vinos refinados.
Y arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el lienzo extendido sobre todas las naciones.
Aniquilará la muerte para siempre.
Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros, y alejará del país el oprobio de su pueblo – lo ha dicho el Señor -.
Aquel día se dirá: «Aquí está nuestro Dios.
Esperábamos en él y nos ha salvado.
Este es el Señor en quien esperamos.
Celebremos y gocemos con su salvación, porque reposará sobre este monte la mano del Señor».

Salmo 22, 1b-3a. 3b-4. 5. 6

R./ Habitaré en la casa del Señor por años sin término.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas. R./

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R./

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R./

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 12-14. 19-20

Hermanos:
Sé vivir en pobreza y abundancia. Estoy avezado en todo y para todo: a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mis tribulaciones.
En pago, mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza en Cristo Jesús.
A Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:

“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.

Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego dijo a sus criados:

“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:

“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”.

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores:

“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

La Parábola es una explicación de la entrada de los paganos en la Iglesia y una llamada a la comunidad para que confirme con obras su vocación cristiana. El mensaje es que Dios ha llamado y llama a todos a participar del banquete de su Reino, pero sólo serán admitidos aquellos que hayan respondido a la invitación, cambiando su estilo de vida según las enseñanzas de Jesús: Revestíos de Cristo (Gal. 3,27).

COMPRENDER EL TEXTO:
LAS BODAS DEL MESÍAS:
El evangelio presenta el proyecto de Dios para con la humanidad bajo la imagen de un banquete de bodas (importancia de las comidas de Jesús con los pecadores y publicanos, última cena…). Esto fue motivo de escándalo para los representantes del sistema: fariseos y publicanos, creadores de desigualdad y exclusión.

El rey hace entrar en el banquete no a la élite, sino a los marginados. La comunidad cristiana ha de ser abierta e inclusiva, no cerrada ni excluyente. En ella y en torno a su mesa se han de congregar gentes de procedencia social muy diferentes y eso, sin duda, crea dificultades y conflictos, ya que supone invertir los valores que más predominan en nuestra sociedad.

DÓNDE ESTÁN LOS POBRES:
La iglesia respecto a los pobres es ambigua, los pobres han perdido el lugar de honor que les otorgaba el evangelio y la iglesia primitiva. Los pobres son objeto de ayuda asistencial, pero no son los sujetos de decisiones, ni los destinatarios del anuncio del Reino. ¿Cómo anunciar y comunicar a los excluidos, marginados y oprimidos, que son hijos de Dios y hermanos? Responder a esto nos da miedo y por eso nos refugiamos en asistir a los pobres, necesario pero evangélicamente insuficiente.
RECHAZAR LA INVITACIÓN:
La parábola responde a la actitud de rechazo por parte de los sumos sacerdotes y fariseos a la invitación de Jesús a acoger el Reino y la respuesta de Dios al rechazo de su pueblo y lo hace mediante la segunda parábola. No es suficiente haber aceptado la invitación, es preciso la verdadera conversión al Reino. Existe un rechazo de la cruz y de los crucificados por parte de un mundo dominado por la cultura de la satisfacción. Los mismos discípulos se escandalizan ante los anuncios de Jesús de tomar la cruz. Debemos cuestionarnos si se ha extinguido el Espíritu de Jesús, o si estamos abandonando el traje de bodas del Reino. Es necesario revestirse de Cristo para irradiar su luz y su verdad.
SITUACIÓN:
Hay dos formas de encarar la responsabilidad: desde el deber a cumplir o desde el DON.

Uno cumple con sus obligaciones de ciudadano, trabajador, padre o madre de familia… pero cuando se trata del REINO, solo cabe la RESPONSABILIDAD QUE NACE DEL DON. ¡Es muy distinto ir a misa por obligación o sentirse llamado a participar del banquete del Reino!

¿Cómo vivimos nuestra fe? ¿Como un sistema de normas que hay que creer y cumplir, o como el don mayor de nuestra vida, que en consecuencia nos empuja a compartirlo?

CONTEMPLACIÓN:
Todo en la palabra de hoy, nos invita a la responsabilidad agradecida.

El anuncio gozoso del profeta acerca del futuro definitivo de la humanidad: abundancia de bienes que colman la indigencia humana (situación actual de miseria, pobreza, paro, inmigrantes…), entre esos bienes, nada menos que la inmortalidad feliz.

El Salmo traduce las promesas del futuro en una experiencia anticipada (sobre todo la intimidad con Dios como signo fundamental).

El Evangelio nos dice que se nos ha dado gratis el Reino. Por eso el PECADO consiste en haber “pasado” de Él, en creer que tenemos obligaciones mayores que recibirlo y disfrutarlo. Y aunque nos abramos a Él, porque asistimos al banquete, lo debemos tomar muy en serio, como la primera y más importante responsabilidad. La advertencia de Jesús vale para los judíos de entonces y para los cristianos de ahora: “si no lo tomáis en serio, será para otros”.

REFLEXIÓN:
Cuando somos adultos, las responsabilidades más urgentes (El evangelio dice: “uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios…”) absorben el interés y la dedicación.

La solución pasa por fundamentar los compromisos en la experiencia del DON. Pero ese es nuestro drama, que no conocemos la verdad de nuestra fundamentación hasta que no somos puestos a prueba.

Son las responsabilidades más evidentes las que nos impiden, con frecuencia, el compromiso por el Reino. Siempre tenemos razones para aplazar la conversión, para no tomar en serio el amor de Dios, para mejorar económicamente sin preocuparnos de los demás. Llega un momento que la maraña de intereses y preocupaciones es tal que resulta imposible VIVIR DEL REINO.

PRÁCTICA:

¿Desde dónde vivimos nuestro compromiso cristiano, desde una obligación a cumplir o desde la responsabilidad agradecida?

El banquete sigue abierto. Porque en la sala “se reúnen todos, malos y buenos”. Volver a tomar en serio a Dios traerá consecuencias.  Debemos pedir luz para ver qué intereses creados nos impiden optar y vivir el REINO.

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