LECTIO DIVINA – CICLO B – ADVIENTO DOMINGO I

Lectura del libro de Isaías 63, 16c-17. 19c; 64, 2b-7

Lectio: composición gráfica utilizando los motivos principales de la vidriera de la parroquia de la Natividad de Nuestra Señora en Moratalaz, Madrid Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre desde siempre es «nuestro Libertador».
¿Por qué nos extravías, Señor, de tus caminos, y endureces nuestro corazón para que no te tema?
Vuélvete, por amor a tus siervos y a las tribus de tu heredad.
¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses! En tu presencia se estremecerían las montañas.
«Descendiste, y las montañas se estremecieron».
Jamás se oyó ni se escuchó, ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por quien espera en él.
Sales al encuentro de quien practica con alegría la justicia y, andando en tus caminos, se acuerda de ti.
He aquí que tú estabas airado y nosotros hemos pecado.
Pero en los caminos de antiguo seremos salvados.
Todos éramos impuros, nuestra justicia era un vestido manchado; todos nos marchitábamos como hojas, nuestras culpas nos arrebataban como el viento.
Nadie invocaba tu nombre, nadie salía del letargo para adherirse a ti; pues nos ocultabas tu rostro y nos entregabas al poder de nuestra culpa.
Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú nuestro alfarero: todos somos obra de tu mano.

Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16. 18-19

R./ Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.

Pastor de Israel, escucha;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece;
despierta tu poder y ven a salvarnos R./

Dios del universo, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
Cuida la cepa que tu diestra plantó
y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R./

Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre. R./

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 3-9

Hermanos:
A vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Doy gracias a mi Dios continuamente por vosotros, por la gracia de Dios que se os ha dado en Cristo Jesús; pues en él habéis sido enriquecidos en todo: en toda palabra y en toda ciencia; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo, de modo que no carecéis de ningún don gratuito, mientras aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.
Él os mantendrá firmes hasta el final, para que seáis irreprensibles el día de nuestro Señor Jesucristo.
Fiel es Dios, el cual os llamó a la comunión con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 13, 33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.

Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.

Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.

Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!».

Con la celebración de este primer domingo de Adviento empezamos un nuevo año litúrgico. Un año litúrgico en el que iremos acompañando los misterios de la vida de Jesucristo, preparándonos para volver a celebrar y a vivir su primera venida entre nosotros, la proclamación de su mensaje de vida y salvación en hechos y palabras, la entrega de su vida por nosotros en su pasión y muerte, y la respuesta de Dios Padre resucitándolo de entre los muertos y dando su sí al mensaje proclamado por su Hijo. En este año litúrgico iremos siguiendo fundamentalmente el relato del evangelista san Marcos.

Las lecturas de este primer domingo ponen ante nuestros ojos la venida del Señor. Esta venida se expresa en Isaías como anhelo de un pueblo que se reconoce lejos de Dios, y que clama, como leemos en el salmo, para ser restaurado por su poder. En la segunda lectura y el evangelio la perspectiva cambia: los cristianos ya han reconocido la venida de Dios en Jesús de Nazaret. Por eso se les recomienda en la primera carta a los Corintios que sean fieles mientras esperan su regreso y, en el pasaje de Marcos, que vivan vigilantes y comprometidos en la construcción del Reino. Como aquellos primeros cristianos, también nosotros vivimos entre dos certezas: que el Señor viene y que no sabemos cuándo. El evangelio nos despierta de nuestros letargos al tiempo que nos recuerda nuestra tarea en el mundo.

COMPRENDER EL TEXTO:
El pasaje del evangelio de hoy se encuentra al final del gran discurso con que se cierra, en Marcos, la actividad pública de Jesús. Se le conoce con el nombre de “discurso apocalíptico” porque en él Jesús hace a sus discípulos algunas revelaciones que ilumina algunos aspectos de su segunda venida. El tema central del discurso es el advenimiento de Jesús, al que se identifica con un personaje del Antiguo testamento y se le denomina “Hijo del hombre”.

No debemos pensar que este discurso apocalíptico se refiere al final del mundo y, por tanto, queda lejos. Aparentemente se pone la mirada en el final de la historia, pero se dirige a un grupo concreto de cristianos que viven en la segunda mitad del siglo I antes de Cristo. El mensaje de Jesús que les recuerda es sencillo porque aparece en forma de llamada repetida al inicio, en el centro y al final del pasaje que hemos leído.

En estos versículos encontramos una clara llamada a la vigilancia: “Estad atentos, vigilad”. Dicha exhortación está ilustrada con una pequeña comparación de la que se saca la consecuencia. La breve parábola que ilustra la llamada a la vigilancia es fácil de entender. El hombre que se va de viaje es Cristo resucitado y ha ascendido al cielo. Deja su casa, su Iglesia, al cuidado de sus servidores. Cada uno debe cumplir con la tarea asignada. Todos somos, en cierto modo, porteros que hemos de permanecer despiertos, vigilantes, porque ciertamente va a venir el Señor. pero no sabemos cuándo.

Esta enseñanza no pretende hacernos vivir en el temor de un futuro incierto, es para la comunidad de Marcos una invitación a la esperanza, a revitalizar la fe. No se sabe la hora porque todas las horas son buenas para abrirse al evangelio y comprometer la existencia. Mantenerse vigilantes y fieles al mensaje de Jesús en el presente es una forma de prepararse para el futuro que sin duda aguarda. No es una llamada a la angustia, sino a estar alerta.

La llamada final del pasaje amplía el grupo de los destinatarios de las palabras de Jesús: “Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!” (Mc 13,37). En Pedro, Santiago, Juan y Andrés, que fueron los primeros en recibir la llamada y que son los destinatarios directos del discurso (Mc 13,3), están representados los seguidores de Jesús de todos los tiempos. Por tanto, todo aquel que es discípulo de Cristo tiene que vivir en vigilancia constante.

Los Padres de la Iglesia hablaban de tres venidas del Señor: la primera es la que tuvo lugar cuando se encarnó; la segunda es la que tendrá lugar al final de los tiempos; y la tercera es la venida a cada uno de nosotros. En el Adviento recordamos la primera, nos preparamos para la segunda y tratamos de hacer realidad la tercera.

ACTUALIZAMOS:
El cristiano sabe que Cristo ya ha venido y vive a la espera de su vuelta definitiva. Por eso celebra anualmente la primera llegada del Señor y recuerda que toda su vida debe configurarse como una constante espera. De ahí que el eco de las palabras de Jesús, en las que nos promete su venida y nos pide que estemos vigilantes, vuelven a sonar hoy con fuerza.

  1. Los cristianos afirmamos que Jesucristo ha venido, viene y vendrá.
    ¿Hasta qué punto soy consciente de esta realidad?
    ¿Alimento mi fe con esta certeza?
  2. Desde el pasaje del evangelio de hoy:
    ¿Qué debe cambiar en nuestra vida para vivir adecuadamente el Adviento?
    ¿Por dónde podríamos empezar?
  3. “Estad atentos”.
    ¿Vivimos conscientes de que nuestra meta es el encuentro con Cristo o nos hemos instalado en este mundo?
  4. “… vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento”.
    ¿Cómo esperamos la llegada del Señor? ¿Angustiados? ¿Pasivos?
    ¿Cómo se expresa en nuestra vida esta esperanza?

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