LECTIO DIVINA – CICLO B – DOMINGO DE RAMOS

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 11, 1-10

(Para la bendición de ramos)

Lectio: composición gráfica utilizando los motivos principales de la vidriera de la parroquia de la Natividad de Nuestra Señora en Moratalaz, MadridCuando se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó a dos de sus discípulos, diciéndoles:
«Id a la aldea de enfrente y, en cuanto entréis, encontraréis un pollino atado, que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: “El Señor lo necesita, y lo devolverá pronto”».
Fueron y encontraron el pollino en la calle atado a una puerta; y lo soltaron. Algunos de los presentes les preguntaron:
«¿Qué hacéis desatando el pollino?»
Ellos les contestaron como había dicho Jesús; y se lo permitieron.
Llevaron el pollino. le echaron encima los mantos, y Jesús se montó. Muchos alfombraron el camino con sus mantos, otros con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante y detrás, gritaban:
«¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!».

EUCARISTÍA

Lectura del libro de Isaías 50, 4-7

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo; para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los discípulos.
El Señor Dios me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.
El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Salmo 21, 8-9. 17-18a. 19-20. 23-24

R./ Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere.» R./

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R./

Se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R./

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
«Los que teméis al Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel». R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11

Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.
Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 14,1-15,47

[La división por secciones en letra roja es para facilitar la oración, por pasajes; es división litúrgica]

Andaban buscando cómo prender a Jesús a traición y darle muerte

C. Faltaban dos días para la Pascua y los Ácimos. Los sumos sacerdotes y los escribas andaban buscando cómo prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían:
S.— «No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo».

Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura

C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y se lo derramó sobre la cabeza. Algunos comentaban indignados:
S.— «¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de trescientos denarios para dárselo a los pobres».
C. Y reprendían a la mujer. Pero Jesús replicó:
+ — «Dejadla, ¿por qué la molestáis? Una obra buena ha hecho conmigo. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura. En verdad os digo que, en cualquier parte del mundo donde se proclame el Evangelio, se hablará de lo que esta ha hecho, para memoria suya».

Prometieron a Judas Iscariote darle dinero

C. Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús. Al oírlo, se alegraron y le prometieron darle dinero. Él andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

¿Cuál es la habitación dónde voy a comer la Pascua con mis discípulos?

C. El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
S.— «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?».
C. Él envió a dos discípulos diciéndoles:
+ — «Id a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y en la casa adonde entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?”.
Os enseñará una habitación grande en el piso de arriba, acondicionada y dispuesta. Preparádnosla allí».
C. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la Pascua.

Uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo

C. Al atardecer fue él con los Doce. Mientras estaban a la mesa comiendo dijo Jesús:
+ — «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo».
C. Ellos comenzaron a entristecerse y a preguntarle uno tras otro:
S.— «¿Seré yo?».
C. Respondió:
+ — «Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre será entregado!; ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».

Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre de la alianza

C. Mientras comían, Jesús tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo;
+ — «Tomad, esto es mi cuerpo».
C. Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron.
Y les dijo:
+ — «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios».

Antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres

C. Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos. Jesús les dijo:
+ — «Todos os escandalizaréis, como está escrito: “Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”.
Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea».
C. Pedro le replicó:
S.— «Aunque todos caigan, yo no».
C. Jesús le dice:
+ — «En verdad te digo que hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres».
C. Pero él insistía:
S.— «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».
C. Y los demás decían lo mismo.

Empezó a sentir espanto y angustia

C. Llegan a un huerto, que llaman Getsemaní, y dice a sus discípulos:
+ — «Sentaos aquí mientras voy a orar».
C. Se lleva consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir espanto y angustia, y les dice:
+ — «Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad».
C. Y, adelantándose un poco, cayó en tierra y rogaba que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y decía:
+ — «¡Abba!, Padre: tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz.
Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres».
C. Vuelve y, al encontrarlos dormidos, dice a Pedro:
+ — «Simón ¿duermes?, ¿no has podido velar una hora? Velad y orad, para no caer en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil».
C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió y los encontró otra vez dormidos, porque sus ojos se les cerraban. Y no sabían qué contestarle. Vuelve por tercera vez y les dice:
+ «Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega».

Prendedlo y conducidlo bien sujeto

C. Todavía estaba hablando, cuando se presenta Judas, uno de los Doce, y con él gente con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:
S.— «Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto».
C. Y en cuanto llegó, acercándosele le dice:
S. — «¡Rabbí!»
C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes, desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús tomó la palabra y les dijo:
+ — «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como si fuera un bandido? A diario os estaba enseñando en el templo y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras».
C. Y todos lo abandonaron y huyeron.
Lo iba siguiendo un muchacho envuelto solo en una sábana; y le echaron mano, pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo.

¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?

C. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos sacerdotes y los escribas y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior del patio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse.
Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose de pie, daban falso testimonio contra él diciendo:
S.— «Nosotros le hemos oído decir: “Yo destruiré este templo, edificado por manos humanas, y en tres días construiré otro no edificado por manos humanas”».
C. Pero ni siquiera en esto concordaban los testimonios.
El sumo sacerdote, levantándose y poniéndose en el centro, preguntó a Jesús:
S.— «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?».
C. Pero él callaba, sin dar respuesta. De nuevo le preguntó el sumo sacerdote:
S.— «¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?».
C. Jesús contestó:
+ — «Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre las nubes del cielo».
C. El sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras, dice:
S.— «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?».
C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirlo y, tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían:
S.— «Profetiza».
C. Y los criados le daban bofetadas.

No conozco a ese hombre del que habláis

C. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llega una criada del sumo sacerdote, ve a Pedro calentándose, lo mira fijamente y dice:
S.— «También tú estabas con el Nazareno, con Jesús».
C. Él lo negó diciendo:
S.— «Ni sé ni entiendo lo que dices».
C. Salió fuera al zaguán y un gallo cantó. La criada, al verlo, volvió a decir a los presentes:
S.— «Este es uno de ellos».
C. Pero él de nuevo lo negaba. Al poco rato, también los presentes decían a Pedro:
S.— «Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo».
C. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:
S.— «No conozco a ese hombre del que habláis».
C. Y enseguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le había dicho Jesús:
«Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.

¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?

C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, hicieron una reunión. Llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato.
Pilato le preguntó:
S.— «¿Eres tú el rey de los judíos?».
C. Él respondió:
+ — «Tú lo dices».
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:
S.— «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan».
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba extrañado. Por la fiesta solía soltarles un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los rebeldes que habían cometido un homicidio en la revuelta. La muchedumbre que se había reunido comenzó a pedirle lo que era costumbre.
Pilato les preguntó:
S.— «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.
Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás.
Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S.— «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?».
C. Ellos gritaron de nuevo:
S.— «Crucifícalo».
C. Pilato les dijo:
S.— «Pues ¿qué mal ha hecho?».
C. Ellos gritaron más fuerte:
S.— «Crucifícalo».
C. Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Le ponen una corona de espinas, que habían trenzado

C. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio -al pretorio- y convocaron a toda la compañía. Lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
S.— «¡Salve, rey de los judíos!».
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él.
Terminaban la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacan para crucificarlo.

Conducen a Jesús al Gólgota

C. Pasaba uno que volvía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo; y lo obligan a llevar la cruz.
Y conducen a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»),

«Fue contado entre los enemigos»

C. y le ofrecían vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucifican y se reparten sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.
Era la hora tercia cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda.

A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar

C. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S.— «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz».
C. De igual modo, también los sumos sacerdotes comentaban entre ellos, burlándose:
S.— «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos».
C. También los otros crucificados lo insultaban.

Jesús, dando un fuerte grito, expiró

C. Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona. Y a la hora nona, Jesús clamó con voz potente:
+ — «Eloí Eloí, lemá sabaqtaní?».
C. (Que significa:
+ — «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S.— «Mira, llama a Elías».
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber diciendo:
S.— «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

C. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S.— «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».
C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas María la Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de Joset, y Salomé, las cuales, cuando estaba en Galilea, lo seguían y servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

José rodó una piedra a la entrada del sepulcro

C. Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de Arimatea, miembro noble del Sanedrín, que también aguardaba el reino de Dios; se presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.
Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si hacía mucho tiempo que había muerto.
Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y, bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro.
María Magdalena y María, la madre de Joset, observaban dónde lo ponían.

Con el Domingo de Ramos iniciamos el recorrido pascual con la entrada de Jesús en Jerusalén. Fue un triunfo relativo, al estilo de Jesús, vestido de humildad, paz y mansedumbre. Pero podemos verlo como proclamación de su mesianismo.
En la Eucaristía escucharemos ya el primer relato de la Pasión del Señor.

COMPRENDER EL TEXTO:
Evangelio de la procesión de los ramos: Marcos 11, 1-10
Antes de la procesión de Ramos, el fragmento evangélico de san Marcos nos hace asistir a los preparativos de la entrada de Jesús en Jerusalén. No se tratará de una entrada triunfal, sino de una entrada mesiánica llena de humildad, en la cual el Mesías entrará montado sobre un borrico (Zacarías 9,9). Jesús encarga a los discípulos ir a buscar a la aldea de enfrente a este animal, y los discípulos lo recogen y lo llevan al maestro.
Una vez Jesús en su montura, la gente le alfombraba el camino por donde pasaba, el mismo camino que lo llevará a la pasión. Con una doble aclamación la gente le gritaba «Hosanna», y después ¡Hosanna en el cielo!, es decir, cerca de Dios, de quien viene Jesús, «el que viene en nombre del Señor» (salmo 117,26). Como «hijo de David», Jesús es aclamado como rey pacífico que se encamina al Templo.
Isaías 50,4-7: No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado
Se trata de una escena vivida por uno de los discípulos del Segundo Isaías o bien por el mismo Siervo del Señor, que sabe escuchar como un discípulo la Palabra de Dios y que, con su propia palabra, sabe «decir al abatido una palabra de aliento» (v. 4), inicialmente durante el exilio en Babilonia. Pero él mismo ha de soportar maltratos de sus propios compañeros, como tantos otros profetas.
En tanto que «discípulo» el profeta ha de escuchar y experimentar las mismas palabras y enseñanzas que él mismo buscará transmitir a los demás. «El Señor Dios me abrió el oído; y yo no resistí ni me eché atrás» (v. 5), y esto le ha comportado azotes, ofensas y salivazos. Pero, «el Señor Dios me ayuda… por eso endurecí el rostro como pedernal» (v. 7), como confiesan también otros profetas, a quien el Señor les dice: «Mira, hago tu rostro tan duro como el de ellos, y tu cabeza terca como la de ellos; como el diamante, más dura que el pedernal hago tu cabeza» (Ezequiel 3, 8-9).
Filipenses 2,6-11. Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo
El conocido himno de la carta a los Filipenses presenta el fuerte contraste entre la humillación hasta la muerte a que se ve sometido Jesús y la exaltación por encima de cualquier otro nombre que le da Dios. Su «condición divina» Cristo no quiso guardársela para él solo, sino que se hizo igual a todos los hombres e incluso se rebajó más que ninguno hasta «la condición de esclavo», como un servidor de sus hermanos, abnegado hasta el extremo, hasta una muerte injusta en la cruz.
La respuesta de Dios toma una forma positiva, hasta dar al Siervo sufriente el nombre más grande, el nombre de «Kyrios» o «Señor», nombre que merece inclinación y reconocimiento, y que es la más grande expresión de alabanza «para gloria de Dios Padre».
No nos cansamos de meditar este himno cristológico, recogido por Pablo. Cristo el Hijo de Dios que no quiso presentarse como Dios, sino como Hijo de hombre. Se despojó de lo divino y se vistió de lo humano. Parece locura, pero es misterio.
No sólo aceptó la dramática condición humana, sino la insoportable crueldad humana, sometiéndose a la muerte más indigna e injusta.
Dios lo ensalzó y lo constituyó Señor y Salvador del mundo.
Marcos 14,1-15.47. Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos
En el evangelio de Marcos, el relato de la pasión de Jesús está construido con mucha atención. Incluso es probable que se base en un texto anterior. De hecho, es un relato del camino de Jesús hacia la muerte y quiere ayudar a integrar el ministerio del Mesías con la paradoja de la cruz.
Para dar un pleno sentido a la fe cristiana, la predicación y la catequesis necesitaban un relato de los últimos acontecimientos del camino del Hijo del hombre, un camino que pasa por la crucifixión pero llega hasta la resurrección. En este acontecimiento está condensado el núcleo de la fe cristiana.
El relato de Marcos es el más cercano a los hechos. Lo hace con sobriedad y respeto a los sufrimientos de Jesús en su cuerpo y en su alma. No mitiga la crueldad de los acontecimientos. Al final, después del velo rasgado, recoge la confesión de fe del centurión. Difícil creer en un Mesías y un Hijo de Dios que muere en cruz, dando un fuerte grito.
Desde el episodio de la unción de Betania (vv. 1-11) el lector y el oyente son conducidos hasta el ágape pascual (vv. 12-25), momento del anuncio profético del sentido de la muerte del Maestro, que le ha de llevar a participar en el Reino de su Padre.
La plegaria de Getsemaní, el arresto, la comparecencia ante el sanedrín, las negaciones de Pedro, la presentación de Jesús ante Pilato, los maltratos, la crucifixión, la muerte y el entierro son las etapas de este camino del Señor en solidaridad redentora con el camino de toda la humanidad. En el horizonte hay, sin embargo, una esperanza que no será defraudada.
ENTRADA TRIUNFAL:
La entrada de Jesús en Jerusalén se presenta como triunfal. Es un reconocimiento público, popular, de Jesús como el Mesías, el Ungido de Dios. Fueron gente sencilla, los discípulos, quizá los niños, quienes, en una reacción espontánea, levantaron sus voces y sus ramos dando vivas a Jesús. Fue un entusiasmo popular. Jesús iba montado en un borrico. Como nada estaba preparado, utilizaron ramas cortadas en el campo y sus propios mantos para alfombrar el camino, la gente iba detrás y delante de Jesús y del borrico. Los discípulos, inicialmente sorprendidos, se convirtieron después en protagonistas de la procesión.
ENTRADA MESIÁNICA:
La entrada de Jesús en Jerusalén, montado en un pollino, no es un triunfo que pudiera ser reseñado en los libros de historia, tampoco aparecería hoy en las portadas de nuestros medios de comunicación. Su importancia fue más bien teológica. No hay epifanías ni voces del cielo, pero sí se recoge la voz del pueblo, de ese pueblo pobre y humilde, pueblo mesiánico de Dios. El salmo 117 y el profeta Zacarías anuncian este acontecimiento:

  • “Escuchad, hay cantos de victoria en las tiendas de los justos…
  • Abridme las puertas de la salvación, y entraré para dar gracias al Señor…
  • La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular…
  • Éste es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo…
  • Bendito el que viene en nombre del Señor…
  • Ordenad una procesión con ramos” (Salmo 117,15.19.22.24.26-27).

El profeta Zacarías nos describe el estilo, el perfume y las circunstancias de esta procesión:

¡Salta de gozo, Sión; alégrate, Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y triunfador, pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna. Suprimirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén; romperá el arco guerrero y proclamará la paz a los pueblos”. (Zac 9,9-10)

UN TRIUNFO, PERO AL REVÉS:
Humanamente hablamos de triunfo cuando se consigue victoria sobre el enemigo, sea militar, sea político o cultural. Se emplea la fuerza, la palabra, la riqueza, el saber. Aquí es la victoria de la no violencia, de la no fuerza, de la no riqueza, del no éxito, del no orgullo, de la no sabiduría. Un no rotundo a la soberbia y a la autosuficiencia humanas. Un sí pleno a la voluntad del Padre y a los valores del Reino de Dios.

El triunfo de la paz. El triunfo de la bendición. El triunfo de la mansedumbre. El triunfo de la humildad. El triunfo de la pobreza y la solidaridad. El triunfo de la alegría. El triunfo de Jesús, el Mesías.

El mismo Jesús encarna en plenitud estos valores:

  • “Él mismo será la paz” (Mq 5,4)
  • “nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos” (Ef 1,3)
  • “Soy manso y humilde de corazón” (Mt 11,29)
  • “El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Lc 9,58)
  • Cristo es hijo de las Bienaventuranzas, que son bendiciones y alegres noticias.
  • Cristo es el Amor, servicial y entregado hasta el fin.
  • Cristo es el Rey que no avasalla ni se impone, sino que sirve y libera; es el Rey que hace reyes.
ACTUALIZAMOS:
COMPENETRADOS CON JESÚS:
Las lecturas de este domingo nos hacen ser testigos de una situación paradójica, la de un Mesías muy alejado de lo que se esperaba de él. Así es Jesús y así es el Dios de Jesús. Estas lecturas nos ayudarán a reflexionar y profundizar sobre las ideas que tenemos de Dios y de Jesús y sobre cómo somos sus discípulos, en medio de una sociedad que promueve valores muy diferentes.

  1. Jesús entra en Jerusalén realizando un gesto profético.
    ¿Qué gestos proféticos estamos llamados a realizar durante este tiempo?
    ¿Cómo contar a otros con hondura y claridad lo que nos dicen los textos de hoy?
  2. La entrada de Jesús en Jerusalén a lomos de un borriquillo habla de un Mesías pacífico y humilde.
    ¿La paz y la humildad son valores importantes en mi vida?
    ¿Cómo puedo favorecerlos en mi ambiente?
  3. La gente de la época de Jesús esperaba un Mesías todopoderoso que instaurara su reinado, liberase a Israel y lo colocara a la cabeza de las naciones. Y yo,
    ¿Espero un Mesías que nos de poder y fama?
    ¿Cómo es el Reinado de Dios que aguardo?

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