LECTIO DIVINA – CICLO C – “DOMINGO DE RAMOS”

Lectura del profeta Isaías. 50,4-7.

Lectio: composición gráfica utilizando los motivos principales de la vidriera de la parroquia de la Natividad de Nuestra Señora en Moratalaz, Madrid Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor Dios me ha abierto el oído; y yo no me he rebelado ni me he echado atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos. Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido; por eso ofrecí el rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado.

Salmo 21,8-9.17 18a.19-20.23-24.

R./ Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:

«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere». R./

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R./

Se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R./

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel. R./

Filipenses. 2,6-11.

Hermanos: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble -en el cielo, en la tierra en el abismo-, y toda lengua proclame: «¡Jesucristo es Señor!», para gloria de Dios Padre.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas. 23,1-49.

C. El senado del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y letrados, se levantaron y llevaron a Jesús a presencia de Pilato. Y se pusieron a acusarlo diciendo:
S. -Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey.
C. Pilato preguntó a Jesús:
S. -¿Eres tú el rey de los judíos?
C. El le contestó:
+ -Tú lo dices.
C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba:
S. -No encuentro ninguna culpa en este hombre.
C. Ellos insistían con más fuerza diciendo:
S. -Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí.
C Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días.
Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de él y esperaba verlo hacer algún milagro.
Le hizo un interrogatorio bastante largo; pero él no le contestó ni palabra.
Estaban allí los sumos sacerdotes y los letrados acusándolo con ahínco.
Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes se llevaban muy mal.
Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo les dijo:
S. -Me habéis traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros, y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido: ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré.
C. Por la fiesta tenía que soltarles a uno. Ellos vociferaron en masa diciendo:
S. -¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás.
C. (A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.)
Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando:
S. -¡Crucifícalo, crucifícalo!
C. El les dijo por tercera vez
S. -Pues, ¿qué mal ha hecho éste? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un escarmiento y lo soltaré.
Ellos se le echaban encima pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío, Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.
Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevase detrás de Jesús.
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él.
Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:
+ -Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: «Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado». Entonces empezarán a decirles a los montes: «Desplomaos sobre nosotros»; y a las colinas: «Sepultadnos»; porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?
C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.
Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Jesús decía:
+ -Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
C. Y se repartieron sus ropas echándolas a suerte.
El pueblo estaba mirando.
Las autoridades le hacían muecas diciendo:
S. -A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.
C. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:
S.-Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.
C. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
S. -¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.
C. Pero el otro le increpaba:
S. -¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.
C. Y decía:
S -Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.
C. Jesús le respondió:
+ -Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.
C. Era ya eso de mediodía y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. EL velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:
+ -Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
C. Y dicho esto, expiró.
El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios diciendo:
S. -Realmente, este hombre era justo.
C. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, habiendo visto lo que ocurría, se volvían dándose golpes de pecho.
Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando.

EMPIEZA LA SEMANA SANTA: Este día es el pórtico de la Semana Santa y resumen de ella. Recordamos con fe y devoción la entrada de Jesús en Jerusalén, le acompañamos con nuestros cantos para que, participando ahora de su cruz, merezcamos un día tener parte en su resurrección. Es importante hacer la bendición fuera de la Iglesia y que permita hacer una procesión al interior del templo. No debe falta la bendición de los ramos, la lectura del evangelio y una breve homilía, destacando:

El contraste entre los que recibieron a Jesús en Jerusalén aclamándolo con entusiasmo, y la condena a los pocos días. Es el contraste entre muerte y resurrección, que es lo que vamos a celebrar estos días. Es el contraste y la contradicción de nosotros mismos, que decimos que somos seguidores de Jesucristo y después lo negamos en nuestra vida de cada día. Una llamada a vivir con intensidad nuestra fe en estos días santos, para que no sean solo unos días de vacaciones.

La misa de hoy es toda ella recuerdo de la pasión y muerte de Jesús. 1ª lectura es del Tercer Cántico del Siervo de Yahvé, un texto de Isaías que nos presenta a este personaje sufriente y entregado, imagen de Jesús en la cruz. Igual que el Salmo 21 que precisamente Jesús aprovechó para expresar su dolor en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Aunque en la versión de Lucas no aparece esta referencia). El color rojo, las oraciones, el prefacio propio, van también en la misma línea.

Invitar a contemplar este relato del camino de la cruz de Jesús, dejándose impresionar por este Jesús que da la vida por nosotros, fijar los ojos en la cruz de Jesús, identificarnos con alguno de los personajes para descubrir nuestra postura. Contemplación y agradecimiento por este amor tan grande, que nos disponemos a celebrar los próximos días.

Recordar que la Semana Santa no es sólo pasión, dolor y muerte. También es esperanza de gloria, vida y resurrección. 2ª Lectura es el cántico de Filipenses, que después de recordar el rebajamiento y la aniquilación de Jesús, afirma que “por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre sobre-todo-nombre”. Nos identificamos con la cruz pero, con la certeza de ganar con él la vida nueva de la resurrección.

Lucas 23,1-49

Lucas describe la muerte de Jesús en un ambiente de “tinieblas”, símbolo de la muerte y del mal.

Jesús ora al Padre para pedir el perdón de sus verdugos. Él es el Mesías que revela el rostro del Padre misericordioso, que ama a los enemigos, perdona a los pecadores y a los hombres que actúan por ignorancia. Al malhechor crucificado junto a él, que le pide se acuerde de él cuando venga su reino, Jesús le ofrece el don de paraíso.

La primera reacción humana delante de la muerte d Jesús es la del centurión romano que “da gloria a Dios”, diciendo: “realmente este hombre era justo”. Un pagano reconoce la presencia de Dios en la imagen increíble de un hombre crucificado. Este centurión representa a cada creyente que a través de su fe, como por obra de un milagro, proclama la presencia y la salvación divinas en Jesús Crucificado.

Lucas habla de un grupo de personas que habían acudido a ver la crucifixión, gente conmovida, comprendiendo con profundidad el acontecimiento, lo cual provocó que se volvieran a la ciudad “dándose golpes de pecho”, signo que representa dolor, luto y arrepentimiento verdadero.

La cruz que parece desmentir la condición mesiánica de Jesús, en realidad se transforma en instrumento para descubrir el modo nuevo en que Dios se manifiesta a los hombres. Serenidad, confianza, intimidad son los sentimientos que acompañan a Jesús en el momento de la muerte. A causa de esta actitud, el centurión pagano y la gente, reconocen en el crucificad, la plena y definitiva manifestación de Dios que salva a la humanidad.

ACTUALIZAMOS
No podemos dejar de sorprendernos ante la manifestación de Jesús. Él viene a ejercer su poder de un modo pacífico y desde la humildad. Éstas son también las actitudes que debemos meditar y hacer vida quienes seguimos sus pasos. Durante esta Semana Santa, la liturgia y las celebraciones populares nos ofrecen una ocasión singular.

  1. Jesús se manifiesta como un Mesías pacifico:
    ¿Qué actitudes concretas implica en nosotros seguir a un Mesías pacífico y crucificado?
  2. ¿Cómo puedo profundizar en esta Semana Santa en el misterio de la persona de Jesús?
  3. ¿Cómo son el rey y el reinado de Dios que espera nuestra sociedad? ¿Y los que aguardo yo?

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