LECTIO DIVINA – CICLO C – NAVIDAD – EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Lectura del libro de Isaías. 40,1-5.9-11

Lectio: composición gráfica utilizando los motivos principales de la vidriera de la parroquia de la Natividad de Nuestra Señora en Moratalaz, Madrid «Consolad, consolad a mi pueblo,
-dice vuestro Dios-;
hablad al corazón de Jerusalén,
gritadle que se ha cumplido su servicio,
y está pagado su crimen,
pues de la mano del Señor ha recibido
doble paga por sus pecados.»
Una voz grita:
«En el desierto preparadle
un camino al Señor;
allanad en la estepa
una calzada para nuestro Dios;
que los valles se levanten,
que montes y colinas se abajen,
que lo torcido se enderece
y lo escabroso se iguale.
Se revelará la gloria del Señor,
y la verán todos los hombres juntos
-ha hablado la boca del Señor-.»
Súbete a un monte elevado,
heraldo de Sión;
alza fuerte la voz,
heraldo de Jerusalén; álzala, no temas,
di a las ciudades de Judá:
«Aquí está vuestro Dios.
Mirad, el Señor Dios llega con poder,
y su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario,
y su recompensa lo precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño,
su brazo lo reúne,
toma en brazos los corderos
y hace recostar a las madres.»

Salmo 28

R./ El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado. R./

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica. R./

El Dios de la gloria ha tronado.
El Señor descorteza las selvas.
En su templo un grito unánime: ¡Gloria!
El Señor se sienta por encima del aguacero,
el Señor se sienta como rey eterno. R./

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito. 2,11-14;3,4-7

Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y a llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro, Jesucristo.

Él se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y para prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras.

Mas, cuando ha aparecido la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hayamos hecho nosotros, sino que según su propia misericordia nos ha salvado, con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo; Dios lo derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador.

Así, justificados por su gracia, somos, en esperanza, herederos de la vida eterna.

Lectura del santo Evangelio según San Lucas. 3,15-16.21-22.

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: –Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: –Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.

Las lecturas del ciclo C nos ofrecen como idea central el hecho de la manifestación de la gloria y la gracia del Señor. Isaías habla de una voz que grita indicando que «se revelará la gloria del Señor y la verán todos los hombres juntos…» y que «el Señor, Dios, llega con poder…» Es la constatación de que Dios no abandona nunca a su pueblo: «Consolad, consolad a mi pueblo». San Pablo, por su parte, habla de que «ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres…» Esta segunda lectura de san Pablo es la que leímos el día de Navidad y en ella se nos dice que «esa salvación nos ha de servir para renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos, y para llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa». Es nuestra tarea como bautizados. Y el evangelio, finalmente, nos muestra el descenso del Espíritu Santo sobre Jesús y la confirmación de su condición de Hijo amado y predilecto de Dios.

COMPRENDER EL TEXTO:
La liturgia de hoy da un salto en el tiempo –de la infancia a la edad adulta– y nos presenta el Bautismo de Jesús, un acontecimiento en el que llega a la plenitud la epifanía, o manifestación del Mesías: «vino una voz del cielo: “tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto».

Esta fiesta puede resultar un poco extraña, ya que se supone que el bautismo tuvo lugar en edad adulta, mientras que el próximo 2 de febrero celebraremos la presentación de Jesús en el templo, cuarenta días después de haber nacido. Pero la liturgia no sigue siempre una sucesión cronológica de los hechos.

Hoy podemos hablar de la segunda epifanía: La primera fue el domingo pasado, y la tercera epifanía, en el sentido de manifestación inicial de Dios a los hombres, es el próximo domingo con la lectura evangélica del signo de la boda en Caná.

Con el bautismo en el Jordán se termina la vida oculta de Jesús y se inaugura su misión evangelizadora. Entre el bautismo de Jesús (3,15-16) y la teofanía que le sigue (3,21-22), Lucas introduce unos versículos sobre Jesús como juez (v. 17) y la reacción de Herodes ante la predicación del Bautista (vv. 18-20), que el leccionario omite. La primera parte del relato (vv. 15-16) está dominada por la voz del Precursor que, mediante una comparación, precisa la cualidad del bautismo cristiano respecto al rito de purificación que él practicaba. El bautismo de Cristo será «con Espíritu y fuego». Se funden así dos aspectos esenciales del sacramento cristiano simbolizados también por el agua. Fuego que purifica y espíritu que vivifica. El agua, de hecho, no es solo principio de purificación sino también fuente de fecundidad y vida. En la segunda parte (vv. 21-22), mientras Jesús oraba, es bautizado por Juan.

Cabe destacar que la actitud orante de Jesús solo aparece en el relato lucano. Se trata de una característica de Lucas, para quien Jesús es «el hombre de la oración» sobre todo en los momentos decisivos de su misión. El relato concluye con una visión interpretativa que revela la experiencia interior de Jesús mediante una teofanía: se abren los cielos con la voz divina y desciende el Espíritu Santo. Los cielos se abren como respuesta a la oración de Jesús y proclaman que él es Hijo de Dios: «Tú eres mi hijo, yo hoy te he engendrado» (cf. Sl 2,7). En el leccionario se lee la variante «Tú eres mi hijo, el amado, el predilecto» (cf. Is 42) que parece una armonización con Mt y Mc. La cita del salmo confiere al texto una dimensión mesiánica: manifiesta la filiación divina de Jesús.

ACTUALIZAMOS:
La fiesta de hoy es también una buena ocasión para reflexionar sobre nuestra condición de bautizados. Es una fiesta para agradecer a Dios el don y la gracia de la fe; para agradecer a nuestros padres que fuesen instrumentos de este don; y un día para pensar cómo vivimos hoy nosotros nuestro bautismo.

Siempre se ha dicho que hay bautizados sociológicos o de número, y bautizados que hacen trabajar el Espíritu que vive y actúa en sus vidas. Nuestro bautismo no fue solamente un acto de piedad, sino el comienzo de una vida nueva. Y la Iglesia, pueblo de bautizados y bautizadas, con su acción y su compromiso, se pone al servicio de los más débiles, defiende la vida, denuncia la injusticia, y anuncia la buena nueva a los más pobres. Esta es la identidad de la Iglesia, porque esta es la misión y la identidad de todos los que formamos parte de ella.

  1. Él os bautizará con Espíritu Santo…
    ¿Cómo te ayuda este pasaje a entender mejor tu condición de bautizado?
    ¿Cómo influye en tu relación cotidiana con el Padre saber que eres su “hijo amado”?
  2. Hemos sido bautizados con el mismo Espíritu Santo que consagró a Jesús para la misión.
    ¿Eres consciente del compromiso que eso implica?
  3. ¿Cómo manifiestas en tu vida concreta que has recibido este sacramento?

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