LUCES Y SOMBRAS ACOMPAÑADOS POR MARÍA

Estos días hemos vivido el final de un año y el principio del próximo. No se trata de cualquier año, son los que nos ha regalado Dios para vivir a cada uno en nuestra situación. 

El día 31, tuvimos la Eucaristía de «Las luces y las sombras», para poner en manos de Dios todo lo vivido. Y en la Oración comunitaria de final de año «Dame Niño tu luz» pudimos poner ante la imagen del niño Jesús todos nuestros interrogantes e incertidumbres.

Te entrego Señor:
Todos esos momentos en los que me he sentido solo.
Mis dudas sobre si tú me has acompañado.
Cuando he perdido el tiempo y no me he entregado a los demás.
Te entrego mis enfados al no entender lo que pasaba a mi alrededor.
Mis miedos e incertidumbres en esta pandemia.
Mis juicios y mis críticas por las decisiones de otras personas.
Mi falta de cariño hacia las personas de mi alrededor.
Te entrego cuando miro a otro lado ante las situaciones de dificultad…

No es fácil situarse ante este año pasado 2020 con tanto dolor e incertidumbre. Y al mismo tiempo, ha sido tiempo de hacer crecer nuestra esperanza, porque hemos sido creados y pensados por Dios, y por amor nos ha dado la existencia por siempre y para siempre, a pesar de la muerte porque “nuestra vida ya no tendrá fin”.  Esto ocurre en medio de la Navidad, donde hemos recibido a Jesús. La palabra es la Luz que viene a nosotros y que tanto nos cuesta reconocer, aceptar y acoger. “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. Pero al que la acoge, le hace hijo de Dios y, si creemos en ella, es lo que seguirá salvando al Mundo. 

En el año que se ha ido hemos vivido cosas buenas y malas, hemos cometido errores y hemos ayudado, algo ha crecido y algo se ha apagado, pero esa es nuestra vida siempre. Si echamos la vista atrás, este año hemos hecho posible las Bienaventuranzas en la Comunidad y en nuestra vida. Por eso queremos recordar algunos “milagros” que hemos vivido: 

  • Hemos hecho realidad las bienaventuranzas cuando hemos encontrado las ganas de renacer, de comenzar, de hacerlo todo nuevo: de amar como la primera vez, vivir viviendo, ser feliz… y si no ¿cómo el Espíritu nos movió a hacer un campamento en plena pandemia?
  • Hemos hecho realidad las bienaventuranzas este año cada vez que hemos sido libres, justos para no juzgar, tiernos para amar. … y si no ¿cómo hemos ido acogiendo las circunstancias de cada uno para que nos sintamos queridos por el Padre?
  • Hemos hecho realidad las bienaventuranzas este año cuando hemos tenido la mirada limpia, las manos abiertas y la ilusión intacta. ¿O cómo si no es posible la respuesta que han tenido las distintas iniciativas como el cocido misionero, la operación kilo …?
  • Hemos hecho realidad las bienaventuranzas este año cuando hemos mantenido la esperanza, la valentía de los que creen que es posible y la humildad de los que se necesitan. ¿A cuántas personas de la comunidad hemos acompañado física y espiritualmente en este año que termina?
  • Hemos hecho realidad las bienaventuranzas este año cuando hemos buscado por dentro la vida que nos renueva . Y si no, ¿se nos hubieran ocurrido las oraciones por zoom, la comunión al aire libre para las personas de mayor riesgo, una misa más los domingos…?

No sabemos lo que nos traerá el próximo año, y ante lo desconocido recibimos la invitación a comenzar el año haciendo silencio interior y exterior para que nos ayude a descubrir lo que hay dentro de nosotros. 

Lo nuevo inquieta pero también tiene su atractivo, está lleno de posibilidades y esperamos las novedades de este tiempo nuevo. Lo que más novedad puede traer, es nuestra manera de vivir: ¿puedo ser yo un hombre o una mujer nueva?, ¿puedo amar con nueva ternura y con corazón renovado?. No podemos volver a una normalidad llena de desigualdades e injusticias para gran parte de la humanidad, lo importante es que miremos al corazón y acojamos los que nos va a hacer crecer y ser buenos. En ese silencio interior, podemos pedirle a Dios que nos ayude a encontrar qué tenemos que cambiar y que haga que lo nuevo dé fruto. 

En el primer día del año, hemos celebrado el día de Santa María, madre de Dios y la Jornada mundial de la Paz La mejor felicitación que podemos recibir hoy es la que escuchábamos en la primera lectura “El Señor te bendiga y te proteja”. Bendecir significa que Dios hace bien en nosotros y se pone de nuestra parte para acompañarnos durante toda la vida. Con Cristo a nuestro lado, en este nuevo año tenemos que mirar la vida en positivo, lo que está bien a nuestro alrededor o lo que podemos cambiar. Es necesario que podamos sentir gozo de tener como Dios a un salvador, que seamos solidarios y sepamos compartir, que encontremos alegría en el servicio y en el amor: sentirnos amados y amar. 

“Que el Señor se fije en tí y te conceda la Paz”. En la Jornada Mundial de la Paz, necesitamos armonía interior y sentimientos buenos para que nadie ni nada nos quite la paz del corazón. Con esta paz podremos contribuir a la paz exterior. Es importante que construyamos la paz en la familia, en nuestro entorno más cercano. Dios desea la paz de nuestra sociedad y para ello debe haber voluntad de la gente que trabaje por ella. En esta crisis se ha creado mucho dolor por la falta de trabajo y mal ambiente laboral y podemos orar para pedir que esto vaya cambiando con la ayuda de todos. Queremos que también se acaben las guerras, el terrorismo, los enfrentamientos. En todo esto hemos visto personas que han puesto su vida y trabajo para que esto ocurra. Es posible que todos aportemos algo en nuestro entorno para que se haga realidad.

Se lo pedimos a María, nuestra madre. María es el mejor ejemplo de la entrega y confianza máxima en Dios. Su disponibilidad hizo posible el mayor misterio de darnos a Dios. Es madre de la Iglesia, de  cada uno de nosotros y por eso, podemos contar con ella para caminar durante toda la vida y conseguir la paz que tanto ansiamos, interior y exterior. 

AL COMENZAR EL AÑO NUEVO:
Pasa otra página en el libro de mi vida…
¿Qué traerá el año que comienza? Lo que tú quieras Señor…
Pero te pido fe para mirarte en todo,
esperanza para no desfallecer,
caridad perfecta en todo lo que haga, piense y quiera.
Dame paciencia y humildad,
dame desprendimiento y un olvido total de mí mismo,
dame, Señor, lo que tú sabes que me conviene y no sé pedir.
Que pueda yo amarte cada vez más
y hacer que los demás te amen.
Que sea yo grande en lo pequeño.
Que siempre tenga el corazón alerta,
oído atento, las manos y la mente activas,
y el pie dispuesto.
Derrama señor, tus gracias sobre todos los que quiero,
mi amor abarca al mundo, y aunque soy pequeño,
sé que todo lo colmas con tu bondad infinita. Amén.

Os dejamos la canción “Enciéndeme” para que Dios nos conceda luz y poder arder allí donde haga falta en este nuevo tiempo que se nos regala:

Enciéndeme, de Hakuna Group Music

¡FELIZ AÑO NUEVO!

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