ME QUEDO CON VOSOTROS

Seguimos haciendo el recorrido de la Pascua, que empezó con las apariciones de Jesús a los discípulos mostrándoles los signos de la cruz y hoy, 40 días después, asciende al Cielo. La  liturgia de este fin de semana nos cuenta la ascensión de Jesús en la lectura de Hechos de los Apóstoles y en el Evangelio de Marcos. El término ascender al cielo es la forma de explicarnos que Jesús vuelva al Padre, de donde viene. Como nos pasará a nosotros. El número 40 aparece varias veces en la Biblia: 40 años estuvo caminando el pueblo de Israel hasta la Tierra Prometida, 40 días estuvo Jesús en el desierto, 40 días después de la Resurrección Jesús vuelve al Padre. 40 significa un tiempo de maduración: Jesús ya ha cumplido su misión y vuelve al Padre.

Jesús nos deja y así puede permanecer para permanecer siempre con nosotros porque nos deja su Espíritu. Al volver al Padre nos acompaña de una forma diferente y somos impulsados por su Espíritu para continuar haciendo realidad su reino en el mundo. Los signos que nos acompañarán por creer están explicados con términos que eran familiares en los tiempos de Jesús. ¿¿Cuáles podrían ser los venenos en nuestro tiempo? La pereza, la comodidad, creer que los talentos son nuestros y no tenemos que compartirlos. ¿Y los demonios? Todo aquello que nos aleja del proyecto de Dios y no nos deja llegar a la plenitud del amor a la que somos llamados como hijos suyos. Cuando desde nuestra fragilidad acogemos el proyecto de Dios, es el Espíritu quien hace posible todo.

Jesús vuelve al Padre después de haberse encarnado y haber tocado nuestra naturaleza y pequeñez, se arrodilla y se quita el manto para lavar los pies. Nos muestra que el único camino de la plenitud es la humildad para sabernos pequeños y poner la mirada en los más frágiles y pequeños de nuestro mundo. Cuando estamos llenos de nuestros demonios y venenos, no podemos acoger el proyecto de Dios.

Este es el misterio que celebramos hoy: que el Señor nos deja su espíritu y se queda con nosotros para siempre, para seguirlo a él en ese movimiento de ascenso al Padre y descenso al mundo para llevar la buena noticia de su Resurrección, para luchar contra los demonios y serpientes del mundo con la alegría y la esperanza que nos da su Espíritu.

Hoy nos ha acompañado este megáfono, como signo de nuestro deseo de anunciar el Evangelio al mundo y ser parte del proyecto de Dios que lleva la alegría, la esperanza y la justicia a los confines del mundo. Así, hemos pedido hoy por los misioneros y misioneras.

Os dejamos con la canción que hoy nos ha acompañado: nos invita a dejarnos mirar por él y sentir que nos necesita para que se cumpla en el mundo el plan del Padre.

Ven, te llamo a ti (de Brotes de Olivo)

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