Año 2012

A LA MEMORIA DE ALICIA, LA DAMA DE LA TORRE.

El aislamiento, rutina diaria…

composición gráfica sobre CUBA, logotipo del proyecto CUBA y faro del Malecón en La Habana

Por fin logró alcanzar el pequeño paquete que había rodado hacia atrás de las almohadas. Su escuálido cuerpo volvió a curvarse acomodándose al agujero del colchón, quedando casi sentada, su cabeza sostenida acrobáticamente por el delgado cuello se reclinó sobre las pelotas de las viejas almohadas; estaba cansada por el esfuerzo de encontrar el paquete con el último rollo de papel higiénico. Sus delgadas manos lo acariciaban, tendría que comprar otros antes de que se le acabara, esperaría a que viniera alguien para encargárselo.

Ella no podía salir de su pequeño mundo, en aquella pequeña casa pasaban los días, entre bultos, cajas vacías, el teléfono, una pequeña palangana de peltre con el jabón, al lado de un jarrón verde metálico con el cepillo, la pasta y la pequeña cuchara, otros bultos con la ropa limpia, el algodón y otros caprichos…. Al lado de la cama una mesa rústica le servía de auxiliar, con pomos de agua y vasijas plásticas con restos de comida del día anterior, en un extremo había más pomos vacíos y una jabita para la basura… debajo de la cama una palangana grande con un orinal dentro, esperando por alguien que lo desocupara; cada vez las esperas eran mas largas…

Cada día la soledad se hacía más densa, el silencio sólo era roto por el pequeño radio donde oía novelas, noticias y la incansable radio reloj que le macaba el ritmo de otra vida que seguía indetenible a su alrededor y ella allí… detrás de aquellas hermosas ventanas de cristal por donde entraba el sol por las mañanas hasta su cama dándole un poco de calor a sus viejos huesos, y por las noches la oscuridad… ya no entraban los ruidos de la ciudad en movimiento, todo el tiempo permanecían cerradas desde el día que tuvo la extraña visita de aquella ave. Estaba dormida cuando sintió algo sobre la cama caminando, pensó que era una rata, pero al oír su grito el ave batió sus alas abanicándole el rostro, se dio cuenta de que había entrado por las ventanas nuevas, las habían cambiado hacía poco, cuando remozaron el edificio, las antiguas eran persianas de cristal, que con el paso del tiempo se habían roto; pero las de ahora eran de unos paños de corredera, ahora podían entrar las grandes aves que sobrevolaban alrededor del edificio.

Sintió que el ave seguía ahí, quizá esperando que dejara de moverse, sólo eso la diferenciaba del alimento de aquella ave carroñera. Con voz débil por el miedo le suplicó que se marchara, casi no podía moverse, por lo que siguió hablándole por espacio de no se sabe qué tiempo, quizás el ave sintió curiosidad y le dio un picotazo en un dedo del pie, esto la hizo reaccionar y entre gritos y patadas el ave salió volando. Después de esto ya nunca más se quedó sola con las ventanas abiertas. Cuando el aire era fuerte su aullido golpeaba el cristal queriendo entrar, estremeciéndola; del otro lado estaba toda la vida que a ella le faltaba. Estaba allí, sola, dentro de aquella torre frente al mar…