Año 2012

A LA MEMORIA DE ALICIA, LA DAMA DE LA TORRE.

La atención diaria…

composición gráfica sobre CUBA, logotipo del proyecto CUBA y faro del Malecón en La Habana

Antes, por la mañana venía Luisa, su vecina, ciega como ella pero que recorría todo el edificio al son de los golpes de su bastón. La ayudaba a botar el orinal lleno de la noche anterior y el agua de la palangana donde se aseaba antes de que amaneciera, refrescándose con la colonia de violetas, luego se preparaba la leche en polvo en el jarro verde y comía la mitad del pan que había guardado la noche anterior, momento donde repetía la misma operación, otro vaso de leche y la otra mitad de pan. Algunas veces tenía dulce de maní que le traía su amiga Marta cuando venía a bañarla, limpiar y cambiar la ropa de cama para llevársela junto con la ropa sucia. Sólo ese día salía de la cama hasta el baño, luego se sentaba por un rato mientras Marta trajinaba con la limpieza y preparaba algo diferente para almorzar. Cuando se iba todo volvía a su sitio, ella en el agujero que el peso de su cuerpo había hecho en el colchón.

Cerca de las tres de la tarde llegaba Mercy con el almuerzo, la había conocido en el supermercado, donde compraban ambas, cuando todavía podía hacer esas interminables colas, la primera en llegar marcaba para las dos; ahora le compraba los pocos mandados que le pertenecían y otras pequeñas diligencias, cobrarle la chequera, comprarle algunos pequeños lujos como el papel higiénico, el jabón de baño y la violeta. Algunas veces tenía que sacar el dinero que le quedaba en el banco porque no le alcanzaba para pagar el teléfono, la corriente y otros gastos como la leche en polvo en el mercado negro. Mercy le hacía el almuerzo en su casa, era la única comida que hacía al día. Sobre las tres de la tarde le traía el pan que le daban por la cuota de una persona, un solo pan redondo que dividía en dos, también le traía el agua de tomar, recogía las vasijas vacías del día anterior y se marchaba. Había sido una gran artista de televisión pero ya los años la habían confinado a su pequeño espacio sin que la recordaran y menos ahora que se hacían tan pocos programas…

Cuando Mercy se iba era raro que alguien más viniera, sólo otras pequeñas visitas que recibía cada algún tiempo, momentos que disfrutaba hablando de cosas pasadas, sólo así podía salir de aquel espacio donde se encontraba guardada junto con sus recuerdos, cuando se abría la puerta era como si se abriera un gran armario con la diferencia que este era un apartamento de uno de los edificios más importantes de la ciudad y en su interior había un recuerdo con vida, encerrado en su extraña concha.