NO ESTÁIS SOLOS

Hoy es nuestro cuarto domingo de cuaresma, Domingo de la alegría, a pesar de que también es el segundo domingo que estamos en casa, luchando cada uno como se nos ha encomendado contra este enemigo invisible. Hoy es preciso recordar lo que nos decía Juan Pablo II, “ NO ESTÁIS SOLOS”. Esta semana ha estado llena de amigos, abrazos, palabras, imágenes, oraciones, lágrimas y sonrisas, pero todas ellas por mensajes a distancia y sin embargo, ¡cómo nos acompañan!. Así Dios nos cuida, por medio de otros y nos envía también a nosotros a ser un poquito de luz del hermano que está pasando esta situación con tanto miedo, desazón, preguntas o dolor como nosotros. Dios nos hace luz hasta en los momentos más difíciles, hasta permaneciendo en casa. Esto lo saben bien nuestros mayores, los enfermos, todos aquellos que nos dan lecciones de vida desde su “dolor” estando en casa o en hospitales. 

Este fin de semana teníamos planeado estar en una convivencia juntos los niños de catequesis, catequistas y padres. El tema que habíamos elegido es “La mirada de Jesús” porque queríamos aprender a ver como lo hace Él, desde sus ojos, no como lo hacemos nosotros, si no desde el corazón. No ha podido ser en la convivencia, pero hoy el Señor nos regala esta mirada en su Palabra. 

Os dejamos la homilía preparada para hoy por Felipe:

Aunque camine por cañadas oscuras nada temo porque tú vas conmigo

Hoy más que nunca necesitamos que estas palabras del salmista se hagan realidad en nuestras vidas acosadas por esta pandemia tan excepcional. Es necesario ver más allá de lo que todo esto nos está privando, del dolor de tanta perdida, de tanto sufrimiento, de tantas inquietudes e incertidumbres, porque no olvidemos que el Señor mira el corazón, no se fija en las apariencias, y se hace presencia en lo que parece que no cuenta, en lo pequeño, como ocurre con la elección de David. 

La fe es una buena noticia porque se presenta como un camino de la mirada en el que los ojos se acostumbran a ver con mayor profundidad. Una mirada sobre todo lo que vemos, incluida la creación entera, nos dice el papa Francisco en Laudato si. Es el camino que recorre el ciego, el que antes habíamos visto en la samaritana, la fe no es inmediata, necesita un proceso, una mirada nueva, un nuevo nacimiento y una nueva creación: “me puso barro en los ojos, me lavé y veo”. Nuestra fe sólo es auténtica si se sabe mirar, porque creer en Dios no es algo abstracto, creer es confiarse a un amor misericordioso que siempre acoge y perdona y que cura nuestras cegueras. 

La mirada sobre la realidad no es indiscriminada, tiene una doble dimensión: La misericordia, que es el abrazo a la persona que está en situación de desgracia o penuria y que tiene como referencia la parábola del buen samaritano y la misericordia del que se acerca, acoge y levanta a la persona pecadora y cuyo culmen es el padre bueno de la parábola del hijo pródigo. Misericordia ante el dolor y ante el pecado, siempre misericordia, esa es la esencia de la fe, la viga maestra sobre la que se debe edificar la Iglesia y nuestras propias vidas. 

Nuestra fe nos debe llevar a saber mirar la realidad, pero fijándonos y enfocando a la penuria y el pecado, con la convicción de que hay posibilidad de cambio porque la misericordia de Dios es lo único que nos puede hacer cambiar y enderezar lo torcido de nuestra historia. Esa misericordia que en estos días se convierte en oraciones, en disponibilidad, en preocupación de los unos por los otros, en deseo de ser servidores y serviciales, en poder afrontar esta situación viendo mucho más allá y acogiendo la oportunidad de que se produzcan cambios importantes y perdurables en nuestras vidas. 

Pidamos ser iluminados por Jesús, solo de él viene la luz, para ser nosotros portadores de esa luz, recibida en el bautismo y poder iluminar al mundo y a nuestros hermanos  en esta situación que nos está tocando vivir.  Hoy se nos pregunta a cada uno de nosotros: ¿Crees tú en el Hijo del hombre?, y ¿Quién es para cada uno de nosotros, para que podamos creer en él? Si sabemos mirar, lo estaremos viendo entre la multitud que hoy necesita consuelo y esperanza. Sintamos la mirada del Señor, que prepara una mesa ante nosotros (Eucaristía) enfrente de nuestros enemigos (pandemia).

Con la comunión espiritual hagamos nuestra confesión de fe, sencilla, auténtica como la del ciego. Creo Señor y postrémonos ante él para que nos cure de nuestras cegueras

Felipe

También queremos compartir con vosotros la catequesis que este fin de semana se envió a las familias para poder hacerla con los niños. Después de escuchar la Palabra con ellos, proponíamos hacer unas gafas que nos permitieran ver con los ojos de Jesús. Os dejamos algunas fotos

Esta semana os invitamos a mirar todo lo que nos está ocurriendo con estas gafas, con la mirada de Jesús, del corazón. 

También os dejamos la canción que hoy el coro ha querido compartir con nosotros “Confío en tí” (de Ixcis) para que esta semana volvamos siempre nuestra mirada a Él, y vivamos en su confianza porque no estamos solos.

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