CONVIVENCIA CATEQUESIS 30-31 MARZO 2019. NO TENGÁIS MIEDO

Así podríamos resumir la convivencia de catequesis del pasado fin de semana

El regalo del encuentro Taizé en Madrid y la invitación a vivir la vida de Dios desde la acogida y la confianza que se nos hizo al terminar, han sido los motores para la convivencia de este año.

El sábado 30 salimos de la parroquia hacia el Albergue Nuestra Señora de África (Galapagar) y allí nos juntamos casi 200 personas, entre chicos y chicas de los grupos, familias y catequistas de la Parroquia de la Natividad y de Belén. Nos acompañaba un día espléndido y todos recordamos el día de nieve que pasamos el año anterior.

Empezamos con un desayuno caliente que se convirtió en espacio para salir al encuentro de los que no conocíamos mucho. Y conocimos a un personaje que nos acompañó durante todo el día: San Agustín. Con sus ganas de buscar a Dios, nos acercó a personas cuyas vidas se habían transformado al   confiar en Dios.

En el “Buenos días”, San Agustín preguntó a Marta y María donde podría buscar a Dios. Ellas, con su experiencia de acogida a los demás con el servicio y al Señor escuchando sus palabras, le indicaron donde buscar a personas que habían confiado en Dios.

Nosotros, que también queríamos vivir esa acogida y confianza, nos pusimos a jugar por la mañana. Juegos que nos hacían abrirnos a acoger a los otros. Juegos que nos acercaban a confiar en nosotros mismos haciendo unos “autoretrastos”, retratos de nosotros mismos con trastos y que nos hacían pensar en nuestros dones o superpoderes.

Juegos que nos acercaban a confiar en los demás porque nosotros no veíamos nada.

Y un taller de canto en el que todos, grandes y pequeños, con los  dones musicales que cada uno tuviera, aprendimos a cantar Nada de turbe con dos voces, ¡espectacular!

La comida, como siempre un derroche de generosidad y cosas muy ricas.

En el Buenas tardes, San Agustín se encontró con Santa Teresa, el ciego Bartimeo, Martin Luther King y San Francisco, ¡menudas experiencias de confianza en Dios!

Después nos reunimos por grupos y estuvimos compartiendo que significaba para nosotros vivir desde la acogida y la confianza. Hicimos una dinámica que inquietaba a todos al explicarla y que luego fue muy enriquecedora: por parejas, nos mirábamos a los ojos durante 3 minutos, sin hablar, sólo mirando y dejándonos mirar, y contemplando en esa mirada lo qué había de Dios. Y luego, cada pareja compartía lo que había sentido… sólo el que teníamos enfrente sabe lo que sentimos y lo que nos transmitió de Dios.

Y como no podía ser de otra manera y partiendo nuestra convivencia de Taize, tuvimos una oración al estilo de Taize todos juntos. Oramos con el texto del Evangelio en el que Jesús camina sobre el lago para ir junto a sus discípulos durante la tormenta y les dice «No tengáis miedo, estoy aquí», la meditación del hermano Alois sobre la confianza y con cantos de Taize. Fue un momento de comunidad orante muy especial.

Las familias se marcharon a casa por la tarde. El resto nos quedamos cantando, luego cenamos, un juego nocturno y a la cama. Todos no, el grupo de confirmación y los catequistas tuvimos nuestra oración de Adoración a la cruz, como en Taize, sintiéndonos en comunión no sólo con el Crucificado sino también con todos los que sufren. Apoyando la frente en ella o tocándola o desde el lugar donde estábamos sentado, depositamos en la Cruz de Cristo nuestras cargas y las de los demás.

El domingo, después de una noche un poco más corta por el cambio de hora, arrancamos el día con un desayuno y de ahí, nos fuimos al desierto. Tuvimos la catequesis de la Gran Familia, la historia de Abraham y Dios, que empieza trayendo un poco del desierto a la sala donde estábamos para narrar, según el método Godly Play, no sólo con la palabra sino también con símbolos y objetos que permiten que Dios resuene de otra forma en los niños, los jóvenes y los más mayores. Abraham confiaba en Dios y acogía la promesa de formar una gran familia, la que formamos todos los cristianos y cristianas del mundo.

También nos pusimos en camino y después de una marcha, llegamos a la ermita del cerrillo (Navalquejigo) y celebramos la Eucaristía al aire libre, con las montañas en el horizonte. Escuchamos como el Padre siempre espera al hijo pequeño en la parábola del hijo pródigo y como celebra con alegría inmensa su regreso. En esa celebración, el grupo de Confirmación compartió con el resto de la comunidad su compromiso a hacer el itinerario final de su proceso de catequesis que culminará con la venida del Espíritu Santo en su confirmación en unos meses.

Después de comer, llegaba el final de este fin de semana lleno de regalos y sentíamos un profundo agradecimiento. Damos gracias a Dios por todos los que hicisteis posible la experiencia de estos días (los que lo prepararon y los que acogisteis la invitación a esta aventura) que nos hizo saborear que somos parte de esta Gran Familia que ora, se quiere, ríe, se divierte, celebra y quiere seguir haciendo posible una comunidad que acoge y confía.

El domingo, después de la celebración de familias de las 11.00h, estáis todos invitados a ver el montaje con las fotos de estos dos días. ¡Os esperamos!

Os dejamos con esta canción de Taize que cantamos en la oración: Despierta tú que duermes.

Y aquí, nuestro resumen final

 

 

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