NUESTRO DIOS ES DE LOS HUMILDES

Ayer comenzamos la Celebración respirando paz y con la invitación a escuchar en el silencio lo que Dios quería decirnos, a orar y escuchar en los cantos y en la Palabra, y encontrarnos con  “El Dios que desciende y se hace pequeño, y sólo es encontrado por los humildes” como nos muestra la imagen de Fano que nos acompañó.

Así, nos dispusimos a cantar y orar con “Vine a alabar a Dios” y después en el “Gloria a Ti” dando gracias por lo que nos regala:

“Tú me has regalado tu amistad, confío en ti, me llenas de tu paz. Tú me haces sentir tu gran bondad. Yo cantaré por siempre tu fidelidad.”

Y es que este fin de semana en la Palabra hemos escuchado dos actitudes muy diferentes de entender nuestra relación con Dios y de acercarnos a Él.

Terence nos ha ayudado a entrar en el mensaje del Evangelio con esta reflexión.

La primera es la del fariseo, soberbio y con el empeño puesto en el cumplimiento de la ley, hacer oraciones y ayunos. Así se sentía satisfecho de lo que era. Pensaba que así obtenía el favor de Dios. Sin embargo, estaba lejos de Él porque le faltaba lo más esencial, el Amor.  “Si no tengo Amor, no soy nada”.  El fariseo da gracias por los pecados que no comete, pero su pecado está en su soberbia, en su desprecio a los demás. Esto nos puede hace pensar en el sacramento de la reconciliación, al que no tenemos a menudo en cuenta, porque quizás pensamos que no somos ladrones, ni hacemos daño a los demás ¿de qué me voy a confesar? Pero olvidamos la peor de las faltas, la falta de amor.

El publicano, sin embargo, pide perdón por sus pecados y se avergüenza, y Dios está cerca de él porque se mira a sí mismo y reconoce su miseria, confiando en la misericordia de Dios. No puede curarse el que no es capaz de descubrir sus heridas.

La diferencia en todo lo que hacemos está en el AMOR, en buscar la misericordia de Dios. Me doy cuenta de que mi disposición a veces tiene mezcla de los dos, reconociendo mis fallos pero quizás prejuzgando los de los demás. ¡Qué diferente es cuando puedo ponerme humilde ante Dios”. Como decíamos en el salmo: “Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha”.

Si experimento que mis fallos son lavados por Dios, estaré en disposición de ver en los fallos de mis hermanos esa misericordia que necesitan que se derrame también en ellos. Tendré amor suficiente para perdonar mis fallos y los de los demás contando con su misericordia.

El Señor nos invita a reconocer nuestra miseria y pedir perdón con sincero arrepentimiento. A ser humildes, porque la humildad ante Dios nos hace posible acercarnos más a Él, así se lo pedimos durante la oración de fieles, y  así lo cantamos tras la Comunión en el canto que os dejamos hoy (versión Nati):

“En mi debilidad”

En mi debilidad, me haces fuerte (bis)

Sólo en tu amor, me haces fuerte.

Sólo en tu vida, me haces fuerte.

En mi debilidad,  te haces fuerte en mí.

Avisos:

  • Miércoles 30: 19,30 Presentación del libro sobre la vida de Bakhita. Parroquia de los Carmelitas de la calle Ayala, 35
  • Celebración de los Santos 1 de noviembre: 12,30 y 19,30
  • Celebración de los fieles difuntos 2 de noviembre: 12,30 y 19,30
  • Se necesitan mantas para Sant’ Egidio: se pueden dejar en la sacristía antes de la oración

Todavía sin comentarios.

Puedes escribir un comentario

NOTA: Los campos marcados con (*) son necesarios para poder escribir un comentario. Por favor, escribe datos reales, para que podamos ponernos en contacto contigo si fuera preciso. Gracias.