PALABRAS DE VIDA ETERNA

Estamos viviendo una Cuaresma distinta a las demás. Es un momento para pararnos y ver cómo está nuestra relación con Dios, de dejar de lado un poco la situación que estamos viviendo sin permitir que nos bloquee toda la vida. Dios nos regala un tiempo en el que nos está llamando intensamente a revisarnos, a no vivir sólo del miedo y tristeza que nos rodea sino de mirar hacia dentro y a escuchar: “yo tengo palabras de vida eterna”.

En la primera lectura vemos a Dios que ofrece los mandamientos al pueblo de Israel en el Monte Sinai. Es difícil hablar de mandamientos al hombre de hoy porque suenan a restricciones a la libertad. Sin embargo, los mandamientos sólo pueden entenderse desde la perspectiva del amor de Dios que nos recuerda que él quiere lo mejor para nosotros, que quiere librarnos de esclavitudes que nuestra propia naturaleza nos impone. Los mandamientos nos permiten mantener un orden en nuestra vida, en la sociedad y su objetivo es ser guía para vivir el amor al prójimo y hacernos sencillos y felices. “La ley del Señor es perfecta y reconforta el alma, es alegría para el corazón, es luz para alumbrar el camino”. 

En el Evangelio Jesús muestra su enfado en el templo “el celo de su casa, le devora”. Jesús ve que el templo y la ley se ha convertido en una “cueva de bandidos” lejos de lo que Dios quería. El templo está para adorar a Dios y mantener con él una relación estrecha, mientras que Jesús ve que es un lugar de mercadeo. ¿Cómo es nuestra relación con Dios? A veces nuestras ofrendas a Dios, nuestra oración, también es interesada, buscando algo a cambio. Jesús nos habla de que la relación con Dios tiene que ser siempre buscando la voluntad del Padre, no nuestra propia voluntad. En oración  podemos pedirle que se cumpla su voluntad y que nos de la fuerza para integrarla en su proyecto para nosotros. 

El templo es un lugar de encuentro de Dios con su humanidad, están bendecidos para ser la casa del Señor y cuando entramos en él nos sentimos acogidos, abrazados. 

Necesitamos templos y lugares para reunirnos, pero lo fundamental es que nosotros seamos piedras vivas, templos donde Dios pueda morar. Estamos llamados a permitir que Dios viva en nuestro corazón y que él sea el motor y la causa de nuestra esperanza. 

Si nuestra propia vida es como un templo, la gente que nos encuentre podrá descubrir la presencia de Dios en nosotros; allá donde se realiza el encuentro entre Dios y los hombres. ¿Se siente Dios en nuestro corazón como en su casa?. Podemos permitir que él mismo haga limpieza en nuestra alma para que sea de él y con sus mandamientos, tengamos ese hogar que merece. Dios hace limpieza en nuestro corazón con amor y construye de nuevo nuestra alma como verdadero templo. 

En esta cuaresma, nuestro ayuno es buscar de qué tenemos que prescindir para que esta unión de Dios con cada uno de nosotros sea como templo vivo y la oración es escucharle para ver qué nos está pidiendo en este tiempo. Pongámonos en manos del Señor para que podamos ser piedras vivas.  Para la oración de esta semana, os dejamos la canción de Maite López “Orad así”

Todavía sin comentarios.

Puedes escribir un comentario

NOTA: Los campos marcados con (*) son necesarios para poder escribir un comentario. Por favor, escribe datos reales, para que podamos ponernos en contacto contigo si fuera preciso. Gracias.