PASTOR Y PUERTA DEL AMOR

En medio de esta situación tan diferente y difícil del confinamiento y la enfermedad, podemos sentirnos perdidos. Por eso, Dios hoy nos recuerda que tenemos un pastor atento, paciente y amoroso que nos acompaña y abre la puerta hacia la paz y la esperanza. Somos queridos y cuidados, y podemos salir y entrar con libertad, pero él seguirá ahí. Nada nos puede alejar de él.

Os dejamos la homilía de Felipe junto con su voz para que podáis escucharla también.

Pincha aquí para escuchar la Homilía de Felipe 20200503

Dios Pastor de su pueblo

A partir de este cuarto domingo ya no se nos presenta las apariciones del Resucitado a los suyos, sino que se nos habla de cómo es Jesús. S. Juan se inspira en el profeta Ezequiel, donde Dios habla como pastor que cuida de su pueblo y pide cuentas a sus dirigentes, pastores malvados que no se han preocupado de las necesidades de la gente, y aplica esta imagen al mismo Jesús. Pero también él se presenta como la puerta que conduce a la salvación y a la vida, como el verdadero camino hacia Dios. 

“Yo soy” el Buen Pastor

Y dijo Dios a Moisés: “yo soy el que soy”. Y añadió: Así dirás a los hijos de Israel: «YO SOY» me ha enviado a vosotros (Ex 3,14). Jesús en todo momento se identifica con el Padre y asume su ser. El “Yo soy” de Jesús nos ofrece una profunda confianza, porque sabemos que lo que le identifica como pastor es la entrega de su vida para darnos Vida en abundancia, nos conoce, nos llama por nuestro nombre y tiene con cada uno un contacto personal, una adhesión exclusiva y le pide al Padre que seamos uno con él, como el Padre y él son uno solo. Por eso nos dice: Yo soy… (la resurrección, la vida, la verdad, el camino…). Estamos llamados a configurar nuestra vida con Cristo, a ser uno con él, a ser otros Cristo, a ser buenos pastores los unos de los otros a ejemplo del Señor, aunque esto nos parezca impensable. 

No solo nos conoce personalmente, sino que también personalmente nos ama. “Conocer” en la Biblia significa adheridos a la persona conocida. Jesús nos busca porque nos ama y nos lleva en su corazón porque sabe que muchas veces caminamos en esta vida como “ovejas sin pastor” y se compadece de nosotros. Quién no se ha sentido alguna vez “maltrecho, herido, pecador… o ha perdido la confianza” como ahora en este tiempo y ante esta incertidumbre por la que atravesamos, y no ha experimentado que “El Buen Pastor nos acompaña en las cañadas oscuras”, sale a buscarnos dejando al resto  y nos carga sobre sus hombros sin juzgarnos, ni avergonzarnos y lleno de alegría nos reincorpora a la senda de la esperanza y de la fe, preparando la mesa de la Eucaristía y el abrazo del perdón.

La imagen del Buen Pastor y del cordero que quita el pecado del mundo, han acompañado la conciencia y la misión de la Iglesia, aunque la mayoría de nosotros no procedamos del mundo rural, son imágenes familiares y evocadoras, un ejemplo claro de cómo debemos vivir la responsabilidad dentro y fuera de la comunidad cristiana, de cómo debemos ser testigos y misioneros de Jesús resucitado en todos los ámbitos de nuestra vida. 

“Yo soy” la puerta de las ovejas

Jesús es también la puerta, la única puerta para encontrar la salvación. Cuatro veces se dice en este texto. «Yo estoy a la puerta y llamo; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” (Ap.3,20). “Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14,6). Quien se salve, se salvará por Jesucristo, aunque él no lo sepa. Quien trabaja y se compromete por hacer el bien, lo sepa o no, va por Jesucristo. Nosotros, por el don y la acogida de la fe, sí que lo sabemos y damos gracias por ello. Esforcémonos por pasar por esa puerta, que, aunque estrecha, porque exige sacrificio, lucha interior e ir contra corriente, él la tiene abierta de par en par; o pidamos desde la humildad que él nos la agrande o nos haga como niños para entrar por ella en su Reino. Así lo expresa Unamuno en su poema: “Agranda la puerta, Padre, porque no puedo pasar. La hiciste para los niños, yo he crecido, a mi pesar. Si no me agrandas la puerta, achícame, por piedad; vuélveme a la edad aquella en que vivir es soñar”. 

Mis ovejas escuchan mi voz

¿Cómo escuchar hoy la voz del Buen Pastor en medio de tanto ruido exterior e interior, aunque este confinamiento nos haya proporcionado un poco de silencio y posibilidad de reflexión?  Debemos reconocer que vivimos en medio de ruidos que nos impiden conocernos y reconocer la voz del que nos llama, el ruido nos aliena, nos llena de confusión y nos hace vivir en lo exterior. Decía Pablo VI: “Nosotros, hombres modernos, estamos demasiado extrovertidos, vivimos fuera de nuestra casa e incluso hemos perdido la llave para volver a entrar en ella”. El silencio es imprescindible si queremos vivir con hondura y escuchar la voz del Señor en medio de tantas otras voces que nos impiden reconocerle y seguirle sólo a Él.

El centro de la espiritualidad bíblica lo constituye la “escucha”, que es mucho más que prestar atención a lo que se oye, es acoger y dialogar desde el corazón con la Palabra acogida llevándola a la vida. Ojalá escuchéis hoy su voz: “No endurezcáis el corazón…” decía el salmista al pueblo de Israel. 

El resucitado sigue saliendo a nuestro encuentro, nos habla en medio de los acontecimientos de la vida y nos invita a reconocer su voz para entrar en Él y tener vida eterna.

Os invitamos a escuchar la canción El Señor es mi Pastor, de Nico Montero.

Todavía sin comentarios.

Puedes escribir un comentario

NOTA: Los campos marcados con (*) son necesarios para poder escribir un comentario. Por favor, escribe datos reales, para que podamos ponernos en contacto contigo si fuera preciso. Gracias.