PENTECOSTÉS: EMPIEZA EL TIEMPO DEL ESPÍRITU SANTO

Después de cincuenta días, concluimos el tiempo de Pascua de este año 2019. Ese tiempo que comenzó en Jueves Santo y termina este fin de semana con Pentecostés, con la venida del Espíritu Santo. Así lo celebramos ayer y con el regalo de hacerlo más visible gracias al sacramento del Bautismo de un nuevo miembro de la comunidad, con el regalo del curso recién terminado y metidos en la preparación de nuestro campamento de verano.

Antes de proclamar el Evangelio, escuchamos y cantamos la secuencia del Espíritu con el coro.  Ven Espíritu: ven y haz nueva nuestra vida, así lo hemos pedido como comunidad en ese momento de oración compartida y cantada que nos ha preparado el corazón para escuchar el Evangelio.

Los discípulos vuelven a recibir el Espíritu, esta vez estando juntos y encerrados. Llega y se queda para habitar en cada uno de ellos y capacitarlos y acompañarlos en su nueva vida de anunciar lo que han vivido con el Resucitado.

Así empezó Felipe la homilía. Haciéndonos conscientes de que la buena noticia del amor de Dios empezó así: unos hombres y mujeres que anunciaron al mundo lo que habían visto y oído, y los que lo escucharon hicieron lo mismo y así a lo largo de los años hasta que a cada uno nos ha llegado el anuncio a través de nuestras familias, comunidades, amigos, colegio y personas que nos hemos ido encontrando en nuestra vida que nos han acercado a la experiencia de Dios.

Siete dones dicen las lecturas que son los dones del Espíritu. Siete como sentido de plenitud, porque son todos los dones que el Espíritu encuentra en nosotros cuando habita dentro de nuestro corazón y allí va trabajando silenciosamente ya que es comunicación de Dios con lo más íntimo de lo que somos. Unas veces lo hará con brisa suave, otras como viento que nos despierta, como fuego que unas veces abrasa y otras calienta… él sabe como comunicarse con cada nosotros.

Ayer recibimos dos invitaciones importantes relacionadas con estos dones. La primera, situarnos desde el profundo agradecimiento por todo aquello que Dios ha depositado en nuestro corazón y que el Espíritu nos ayuda a identificar, y que es lo que Dios necesita para seguir haciéndose presente en nuestro mundo. Sin nosotros, Él no se puede anunciar ni amar ni regalar su amor a los hombres y mujeres de nuestro mundo. Y la segunda, a vivir desde la humildad de saber que nosotros solos poco podemos hacer con esos dones, que no son mérito nuestro, y que la forma de cuidarlos y cultivarlos es pedir que el Espíritu los fortalezca, los haga constantes y nos lleve a entregarlos donde son más necesarios, sobre todo en los lugares más doloridos de nuestro mundo. Y como los discípulos, hablaremos “las lenguas” que hagan posible acercar a Dios a los demás, ya no hablaremos solo nuestra lengua, hablaremos la “lenguas del Espíritu” que saben de amor, ternura y justicia.

Al final de la celebración, apagamos el cirio pascual que nos ha acompañado desde la noche de la Vigilia Pascual. Esa luz ya está dentro de cada uno de nosotros, el Espíritu nos la ha regalado para que el Tiempo Ordinario que hoy comienza, sea su tiempo, sea el tiempo en el que el Espíritu siga habitando en nosotros para capacitarnos para ser testigos del Resucitado en lo Ordinario. ¡Empieza el Tiempo del Espíritu!

Os dejamos con la secuencia del Espíritu. Que os pueda acompañar todos los días de este precioso tiempo que hoy comienza.

Ven Espíritu. De Tierra de Bendición, Religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza.

Avisos:

  • Sábado 15 a las 19,00 Clausura del año Jubilar Mariano en la catedral de la Almudena

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