¡Qué vienen los Reyes Magos!

Si ya hemos hablado de los Villancicos … ¿qué sería también de la Navidad sin los Reyes Magos? Así que el pasado jueves 4 de diciembre estábamos todos invitados a compartir roscón y chocolate caliente. Ese era el “anzuelo” ya que en realidad lo importante era juntarse para festejar que los Reyes Magos ya estaban a punto de llegar.

Antes de comenzar con el roscón, el grupo de Confirmación nos representó una adaptación del Cuento “Peluche”:

“Se estaba acercando la Navidad en nuestro pueblo. Lo que suele poner en movimiento muchos sentimientos diferentes. Desde los tiernamente familiares, hasta aquellos religiosos más profundos.

Una de las grandes jugueterías se había surtido generosamente a fin de satisfacer todos los requerimientos de sus clientes. Su dueño había viajado para ello durante varias horas y había recorrido las tiendas de la zona, proveyéndose de juguetes.

En las estanterías podía verse de todo. Juguetes de todas formas y colores y muchas otras cosas bonitas y dignas de ser obsequiadas en la alegría navideña.

Entre éstas se encontraba un precioso osito de peluche, de gran tamaño. Realmente: era bonito. Parecía transmitir cariño, y sus ojitos pequeños y brillantes le daban una extraña vida que cautivaba a quienes quisieran mirarlo con interés.

Era un juguete valioso, y por tanto nada barato. Y Peluche lo sabía. Sin delirios de grandeza, él se sentía entre lo mejor que se podía conseguir en aquel lugar.

Justamente, ese era su drama. Porque los que tenían suficiente dinero como para comprarlo, no tenían niños a quienes obsequiárselo. Y los que tenían muchos niños, carecían de dinero. EI ser valioso era la causa de sus problemas. Porque a medida que se acercaba la Nochebuena, Peluche veía como las estanterías se iban vaciando de juguetes, mientras él continuaba siendo admirado, pero sin que nadie se decidiera a adquirirlo para alegría de un niño.

La ansiedad que había ido creciendo con las horas, se le transformó en angustia, cuando vio que el dueño bajaba lentamente las pesadas cortinas metálicas de la juguetería. Luego se apagaron las luces, y dentro reinó el silencio. De afuera, en cambio, llegaba todo el bullicioso festejo navideño.

En la oscuridad a Peluche le entraron ganas de llorar. Se dio cuenta que pasaría la primera Navidad de su vida, de la manera más triste que se podía imaginar. Solo, y sin nadie con quien compartir todo eso valioso que sentía poseer. Lo que más le dolía era saber que se había quedado sólo, justamente por ser valioso. Si hubiera sido barato, ya estaría en manos de alguien, compartiendo la fiesta, aunque sólo fuera por unas horas.

De repente se sobresaltó. Creyendo soñar, vio que la sala se iluminaba con una luz suave y bella. Y sus ojitos brillaron de estupor cuando vio a tres hombres vestidos con majestuosos ropajes, que habían entrado en la juguetería con una gran bolsa en la mano. Habían venido a buscar juguetes a fin de distribuirlos.

Peluche tuvo la certeza de que esta vez alguien se lo llevaría con él para ofrecérselo a Jesús.

(Hablan los reyes)

. Nosotros, los Reyes Magos, ya hemos repartido muchos regalos. Te ofrecemos a Peluche para completar tu misión.

– Acuérdate especialmente de los niños más necesitados, de los que nadie se acuerda. Ellos son los que más te necesitan.

Y así fueron visitando las casas de los niños más pobres. Peluche sacaba de la bolsa un regalo, y entrando sigilosamente por la ventana abierta, lo dejaba al lado de los niños dormidos. Y todavía se quedaba un ratito para mirarlos sonreír en sueños. Como sucede en Navidad, así se fue pasando la noche. Cuando iba a amanecer Jesús le dijo a Peluche:

Mira, ahora vamos a ver a Doña Matilde. El mejor de los regalos tiene que ser para su nieto, que está enfermo. Peluche miró sorprendido, porque había repartido ya todos los regalos y miró a Jesús para buscar una solución.

¡Haz como yo! Regálate a ti mismo!!!

Y así en aquella noche de Reyes todo el mundo recibió un regalo de amor e ilusión”

Al finalizar, el grupo de Confirmación también compartió con nosotros un villancico que no podía ser de otra forma fue … ¡ya vienen los Reyes! Así que todos nos unimos al canto … aquí un pequeño testimonio.

Tras el cuento, Felipe pregunta a los más jóvenes por la moraleja del cuento y nos ayuda a darnos cuenta que nos podemos dar de muchas formas, con nuestro tiempo, con nuestro cariño, con nuestro esfuerzo y también con nuestros bienes, que podemos compartirlo con aquellos que no tienen.

Así, con la imagen de los Reyes Magos en la retina … pasamos a degustar los excelentes roscones y chocolate caliente. Una tarde en comunidad en medio de todo el ajetreo navideño.

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