Reconciliación Adviento

Hemos celebrado esta semana el sacramento de la Reconciliación de este tiempo de Adviento: el jueves 17 con los adultos y el sábado 19 con los grupos de catequesis. Os dejamos las lecturas y los textos con los que hemos reflexionado adultos y niños, pensando sobre todo en aquellos que no habéis podido participar.

Ya huele a Dios. Algo está pasando. El llega y espera quedarse a pesar de la incertidumbre, de la inseguridad, de nuestros miedos, o precisamente por todo ello. Queremos vivir una Navidad autentica, llena de la presencia del amor de Dios y de los hermanos. Por eso queremos celebrar y vivir el sacramento de la RECONCILIACION mediante el cual DIOS BORRA NUESTROS PECADOS para que gocemos nuevamente de Su gracia. Lo llamamos reconciliación porque mediante este acto nos estamos RECONCILIANDO CON DIOS al arrepentirnos y pedirle perdón por nuestras ofensas. Es un ACTO DE AMOR MUTUO, es decir, de nosotros con Dios (que al amarlo le pedimos perdón) y de Dios con nosotros (que por amarnos tanto nos perdona). Nos sirve para FORTALECER NUESTRA RELACION CON DIOS, ESTAR EN SINTONIA CON EL, Y PARA NO SER ESCLAVOS DEL PECADO, es decir, dejarnos conducir por Dios y no por el mal.  Ven pronto Señor, ve a visitarme con tu paz. Ven y déjame acurrucarme en tu regazo.

Isaías 41:14-16 No temas, gusanito Jacob, oruguita de Israel. El SEÑOR dice: “Yo mismo te ayudaré”. El Santo Dios de Israel te salvará. Fíjate, te convertiré en una trilladora nueva y con muchos dientes. Trillarás los montes, los aplastarás y harás que las colinas queden hechas paja. Las tirarás y el viento se las llevará lejos. La tormenta las dispersará. Entonces, te alegrarás en el SEÑOR y te sentirás orgulloso del Santo Dios de Israel.

Evangelio: Lucas:3,10-18. La gente le preguntaba a Juan Bautista: «¿qué debemos hacer?». Y él les respondía: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo». Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: «Maestro, ¿qué debemos hacer?» Él les dijo: «No exijáis más de lo que os está fijado». Le preguntaron también unos soldados: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Él les dijo: «No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra paga». Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Y con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva.

Hoy son muchas las voces que claman en medio de esta pandemia por que seamos portadores o generadores de buenas noticias. Eso es el evangelio y toda la biblia con la experiencia del “amor loco” de Dios que sale en busca de su pueblo perdido para salvarlo. Por eso es tan necesaria la celebración del perdón y la reconciliación, pero que tiene que estar lejos de ese examen inquisitorial, de ese apretar clavijas y provocar temor que, a tantos fieles, sobre todo jóvenes a espantando. Nada más lejos de la pretensión de ese Padre Madre que nos ha creado. Este sacramento (signo visible de la presencia de Dios) debe ser encuentro, momento de alegría, de liberación, de gratitud hacia aquel que todo lo puede, y del que podemos escuchar: “Tus pecados están perdonados, queda limpio, vete en paz…  porque al que mucho ama, mucho se le perdona” Lo fundamental es sentir dolor por no haber amado al Amor y tener la necesidad de la acción de gracias porque el amor de Dios es mayor que los propios pecados.

El EXAMEN DE CONCIENCIA es una parte importante, no como una búsqueda de culpas, sino como una evaluación para mejorar en nuestros diferentes ámbitos y relaciones: con Dios, con los otros y conmigo mismo.

A los adultos, nos ayudó este examen de conciencia:
En relación con Dios:
-¿Me dirijo a dios solo en caso de necesidad?
-¿Comienzo y termino mi jornada con la oración?
-¿Participo regularmente en la misa los domingos y días de fiesta?
-¿Qué hago para crecer espiritualmente, cómo lo hago, cuándo lo hago?
-¿Busco la voluntad de Dios sabiendo que es un bien para mi vida?

En relación con el prójimo
-¿Cómo vivo mi responsabilidad en las relaciones familiares: marido/mujer, hijos, padres?
-¿Perdono de corazón o guardo rencor?
-¿Juzgo “alegremente” de pensamiento y/o de palabras?
-¿Estoy dispuesto a ayudar a los otros en sus necesidades?
-¿Me preocupo de los pobres y de los enfermos?
-¿Soy misericordioso, humilde, y constructor de paz allí donde estoy?
-¿Colaboro en el cuidado de la casa común viviendo con sencillez y austeridad y reduciendo, reciclando y reutilizando?

En relación con nosotros mismos
-¿Cómo cuido mi cuerpo, mi mente, mi espíritu?
-¿Soy narcisista quedando atrapado en mi propio ego?
-¿Cómo utilizo mi tiempo, mi dinero, mis dones y talentos? ¿los malgasto o los comparto como Dios me pide?
-¿Tengo envidia de otros y esto me hace perder la paz?

Y para los grupos de catequesis, nos ayudó un examen de conciencia pensado para los niños y niñas:

  • ¿Hablo con Jesús todos los días?
  • ¿Voy a misa los domingos y fiestas para encontrarme con Jesús que me espera?
  • ¿Me esfuerzo por conocer a Jesús y en parecerme a Él?
  • ¿Me da vergüenza hablar de Jesús?
  • ¿Soy servicial o soy egoísta? ¿Estoy deseando tener lo que otros tienen, aunque no lo necesite? ¿Comparto las cosas
  • ¿Ayudo a mis padres, hermanos y compañeros o personas que lo necesiten? ¿Soy agradecido con ellos?
  • ¿Soy sincero o digo mentiras? ¿Intento ser un buen amigo?
  • ¿Hablo mal de mis amigos y compañeros? ¿Insulto a las personas o digo tacos?
  • ¿Procuro contagiar alegría a mi alrededor?
  • ¿Soy agradable con los que tengo a mi lado? ¿Rechazo a los que no me caen bien?
  • ¿Soy perezoso?
  • ¿Me doy cuenta de que muchas veces no hago lo que debo hacer? ¿Me pongo a ver la televisión o me marcho a la calle cuando tengo otras cosas que hacer?
  • ¿Gasto demasiado dinero en cosas innecesarias? ¿Me acuerdo y ayudo a las personas que no tienen dinero para comer?
  • ¿Intento superar mis defectos?
  • ¿Creo que soy mejor que los demás? ¿Acepto los consejos que me dan mis padres, profesores, catequistas…?
  • ¿Me pego con mis hermanos, amigos y compañeros?
  • ¿Tardo en pedir perdón? ¿Me cuesta perdonar?
  • ¿Cuido la naturaleza y el barrio donde vivo?

Hemos dejado nuestros pecados escritos o proyectados en un papel en la cuna vacía donde pondremos la imagen del niño Dios para que él nos ayude a transformarlo y cambiar lo que nos impide vivir en plenitud y alegría. Este cuna en la que estamos todos, nos acompañará durante la Navidad.

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