RESUCITÓ MI AMOR Y MI ESPERANZA

Hoy sobran las palabras porque podemos expresar nuestra alegría sólo con estas cuatro: ¡Feliz Pascua de Resurrección!. 

Es verdad que en muchos hogares y personas seguimos acompañando una cruz, un dolor, pero tenemos una nueva luz, la de la resurrección. Nada acaba en la cruz, Cristo nos ha dado lo más importante, el amor y la esperanza. Tenemos futuro con Dios y hoy Jesús nos habla desde la casa del Padre: No temáis, yo he vencido a la muerte para vosotros. Estoy con vosotros hasta el final de los tiempos.

Os dejamos la homilía de Therence: 

Hoy tenemos una gran noticia: ¡Jesucristo ha resucitado! Hoy celebramos el día más grande de la historia, porque con la resurrección de Jesús se abre una nueva historia, una nueva esperanza para todos los hombres. Durante este Triduo Pascual que hemos vivido de un modo extraño, pero intenso, hemos podido experimentar el dolor y el escándalo de la cruz abriéndonos a la solidaridad con todos los que sufren, hoy ensanchamos el corazón lleno de gozo y damos gracias a Dios que nos ha salvado del sin sentido y de la muerte.

El gran signo que hoy nos da el Evangelio es que el sepulcro de Jesús está vacío. Lo que encuentran tanto María Magdalena como los dos apóstoles, es un sepulcro vacío. Ya no tenemos que buscar entre los muertos a Aquel que vive, porque ha resucitado.

María Magdalena y el apóstol Juan fueron los primeros en creer. Sin duda, porque fueron los primeros en amar. Es tremendo el poder y la fuerza del amor. A María Magdalena se le había perdonado mucho, porque había amado mucho; Juan era el discípulo amado del Señor. Los dos eran discípulos por amor. María Magdalena corrió la primera al sepulcro, cuando aún estaba oscuro el día, y triste y oscura estaba su alma. Era el amor el que le daba luz y alas para llegar a su amado. Juan corrió más que Pedro y, en cuanto vio el sepulcro vacío, creyó en la luz y en la vida de su amado Maestro.

La lección del Evangelio es clara: sólo el amor puede hacernos ver a Jesús en su nueva dimensión.

San Pablo en la carta a los Colosenses nos invita a que amemos los bienes de arriba, antes que a los bienes de la tierra. Los bienes de la tierra los necesitamos para vivir aquí y no nos queda más remedio que buscarlos. Se trata de que tengamos una buena jerarquía de valores. Lo primero es lo primero, y lo primero es buscar el Reino de Dios y su justicia, pero sabiendo que el Reino de Dios y su justicia tienen que realizarse también aquí, en la tierra, y que en la tierra tenemos que vivir siempre con los pies en el suelo. El dinero tiene que ser sólo un medio, nunca un fin en sí mismo, un medio para conseguir los bienes superiores de la justicia, de la vida, de la verdad, del bien. 

En estos momentos que el mundo está inseguro a causa de las consecuencias económicas de esta pandemia, nosotros pongamos la confianza en Dios. Todo va a ir bien.

En medio de tantos motivos que tenemos para llorar o para el pesimismo, la vida resucitada de Cristo nos trae una nueva primavera. En este Domingo de Pascua se nos invita a renacer con Aquel que ya ha renacido. Ha resucitado el Señor.

Que todo ello sea nuestra fortaleza, infunda en nuestros caminos la alegría, aliente nuestra esperanza. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

Os dejamos la canción Gaudium de Jesús Cabellos, aunque versión Nati, que nos dice:

“ Somos alegría en el amor, testigos de algo grande que sacia el corazón y se comparte.

Somos la familia del Señor, semilla tan brillante de la resurrección”

Gaudium, versión Nati

1 respuesta a RESUCITÓ MI AMOR Y MI ESPERANZA

Puedes escribir un comentario

NOTA: Los campos marcados con (*) son necesarios para poder escribir un comentario. Por favor, escribe datos reales, para que podamos ponernos en contacto contigo si fuera preciso. Gracias.